Mujeres y Corrupción

Tal vez usted haya juzgado u opinado fuertemente y con gran molestia por los excesos que se han presentado en manifestaciones colectivas de mujeres que se han realizado recientemente. También acaso ha escuchado o pensado que solamente son algunas las manifestantes quienes se extralimitan en sus expresiones por la equidad de género y quejas contra violencia, discriminación, acoso, etc. Le comparto que quien escribe, como otros muchos ha caído en la comodidad de dar por hecho que se trata de infiltraciones de provocadoras en marchas como las últimas dos o tres en la ciudad de México.

Ciertamente hemos visto personajes masculinos que hasta agreden a quien les da la gana, al tiempo de que algunas damas pintarrajean o destruyen fachadas y monumentos, dando por hecho que son igualmente infiltradas para provocar al Gobierno de la Ciudad, para que reaccione violentamente y luego acusarlo de represivo y desgastarlo políticamente. Algunas, sobre todo agresoras de policías, pueden tener ese objetivo, pero…quizás ya debamos pensar en otras motivaciones y causas lejanas pero muy presentes en el consciente reprimido y autoreprimido de muchas féminas que ante la libertad que empiezan a experimentar, potencializada por la psicología de masas que experimenta cualquier reunión colectiva, por el poder que da la actuación en grupo y la sensibilización de rencores, miedos, ninguneo y violencias psicológicas y físicas sufridas durante siglos de cultura machista y misógina y durante años en carne propia.

Si partimos de esta premisa y aplicamos mejor sensibilidad, podemos encontrar múltiples causas que motivan comportamientos «irreverentes» o «excesivos» para manifestarse contra los estereotipos que prevalecen en nuestra sociedad, incluso en mismas mujeres a las que la fuerza de la cultura-costumbre no les permite concebir como explicables tales conductas. Sin embargo, no es necesario encontrar siempre violencias físicas o psicológicas de las que típicamente se presentan en ámbitos familiares y de pareja, sino en la propia conducta del Estado, de sus órganos, representantes y servidores. ¿Estamos en presencia de un Estado Misógino?

La Organización de las Naciones Unidas en voz de su Secretario General Koffi Annan, desde el 2003, al prologar precisamente la Convención de las N.U. Contra la corrupción (CNUCC), señala que «La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana».

El respeto debe ser igual entre todos, la no violencia debe aplica tanto a hombres, mujeres y niños. De acuerdo a la estadística de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la violencia de género en México es una pandemia ya que cada cuatro minutos ocurre un abuso sexual y al día hay siete feminicidios, la violencia de género va más allá del machismo, el feminismo y la discriminación. Ya no hay respeto hacia el ser humano, es nulo en la educación básica de los mexicanos y esto se refleja en la facilidad con la que se violenta o terceros. Patricia Olamendi experta en derechos humanos que ha formado parte de organismos como ONU Mujeres dice que “los operadores, quienes encabezan los Órganos de justicia, seguridad o derechos humanos, han olvidado y despreciado la legislación que tenemos y el resultado es la nula aplicación de las leyes para proteger a las mujeres”. Tania Reneaum Presidenta de Amnistía Internacional México añade que “el Estado mexicano se ha limitado a crea tipos legales e instituciones para combatir el delito, no para prevenir la violencia”.

Ahora bien respecto a la causalidad de la violación de Derechos Humanos, de los cuales resulta más vulnerable la parte que corresponde a las mujeres y parafraseando a la Dra. ANNE PETERS, si aceptamos que la corrupción galopante constituye un peligro estructural permanente para las personas sometidas de facto al poder de los funcionarios -en casos que involucran la inacción plena del Estado o medidas anticorrupción deficientes- el Estado es cualquier caso responsable, de acuerdo con el derecho internacional, por la omisión de cumplir con sus obligaciones de prevenir o proteger. En el plano local, recordemos la acostumbrada agresión al Edificio Central de la UASLP ¿Por qué omitir por parte de la autoridad universitaria, una revisión verdadera y profunda a lo que sucede en las aulas y en los espacios de dirección por parte de los maestros? Creo que se podrían desechar expresiones descalificatorias contra las autoras y, aunque sin justificar procedimientos, encontrar la explicación que conlleve a la solución.

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