Mis vivencias en Auschwitz

Aproximadamente hace 20 años visité el que fue el mayor campo de concentración y centro de exterminio de la historia del nazismo, situado al oeste a 43 kilómetros de Cracovia, Polonia, donde fueron asesinadas mas de un millón de personas, la gran mayoría judíos (aproximadamente el 90 %) y también polacos, gitanos y prisioneros de guerra, comunistas y disidentes del régimen, desde su apertura el 20 de enero de 1940 hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético.

En 1947 se convirtió en el museo estatal Auschwitz – Birkenau, como monumento de crímenes de guerra alemanes en la Polonia ocupada y la UNESCO lo declaró patrimonio de la humanidad en 1979, como uno de los de mayor simbolismo del Holocausto.

A partir de 1940, la Alemania nazi construyó varios campos de concentración y un centro de exterminio en Auschwitz, una población cercana a Katowice, en la confluencia de los ríos Vístula y Sola.

En enero de 1945, las tropas soviéticas entraron a Auschwitz y liberaron a los prisioneros que quedaban, una gran parte de ellos estaban confinados en la enfermería y el resto no poseía ya las facultades físicas para verse envueltos en las marchas de la muerte.

Algunos de los castigos consistían, en encierros durante varios días en una celda muy pequeña para sentarse de un metro cuadrado, las cuales llegaban a ser ocupadas hasta por cinco prisioneros a la vez; otros eran ejecutados, ahorcados o se les dejaba morir de hambre.

En septiembre de 1941 se iniciaron las pruebas del gas Zyklon B, las cuales resultaron exitosas, en consecuencia se construyó una cámara de gas y un crematorio.

La cámara de gas estaba disfrazada como unos baños gigantescos, donde los prisioneros eran llevados por cientos a ducharse, pero en lugar de agua de las regaderas, salía gas Zyklon, preparado con cianuro, con el cual eran envenenados y asesinados.

Es terrible recordar esos enormes baños cubiertos de azulejo y estar ahí en medio escuchando la narración del guía, imaginando la angustia que vivieron las miles de familias que eran asesinadas de esa manera brutal e inhumana.

Los elementos fundamentales de la ideología nazi eran: El odio al comunismo, a los judíos y a la democracia, así como la convicción de la superioridad del pueblo alemán sobre los demás, con miras a crear una sociedad “racialmente pura”.

Uno de los motivos de la agresión Alemana y del inicio de la segunda guerra mundial, fue la aspiración de la Alemania nazi de conseguir nuevos territorios, en los que se pretendía asentar a población alemana.

Adolf Hitler, creador del partido nazi, nombrado en enero de 1933 canciller imperial (Reichskanzler) y un año después, a la muerte del presidente Paul von Hindenburg, se auto proclamó líder y canciller imperial (Fuhrer and Reichskanzler), asumiendo así el mando supremo del estado germano, transformando la república de Weimar en el tercer reich, gobernando con un partido único basado en el totalitarismo y la autocracia de la ideología nazi.

Hans Frank, gobernador general de la Polonia ocupada dijo, “Los Judíos son una raza que debe ser totalmente aniquilada”.

Otto Thierack, ministro de justicia del III reich mencionó, “Debemos liberar a la nación alemana de polacos, rusos, judíos y gitanos”.

Heinrich Himmler, reichsfuhrer del SS comentó que, “Todos los profesionales de origen polaco serán explotados por nuestra industria militar, y después todos los polacos desaparecerán de la faz de la tierra”.

Tal racismo convirtió a los nazis, en locos asesinos guiados por un demente que causó un daño terrible a la humanidad; en la entrada al museo de Auschwitz nos recibe la frase de George de Santayana, “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, sobre aquel infierno que debemos recordar para no olvidar nunca, donde la desolación y el horror que vivieron tantos seres humanos ahí asesinados y de como unos cuantos maniáticos fueron capaces de poner en marcha esa atrocidad mediante el mayor centro de asesinatos de la historia.

Me recuerdo con un terrible pesar recorriendo los pasillos del ahora museo, decorados con cientos de fotos de hombres, mujeres y niños que muestran su rostro al llegar a los campos y otra foto contigua de ellos mismos a unos meses de su encierro, donde se puede observar a personas horrorizadas en la primera fotografía, para ver en la siguiente rostros sin alma, totalmente perdidos al sentir su vida y la de sus seres queridos destrozadas por esos inhumanos personajes que protagonizaron una tragedia vil y fuera de toda proporción para el entendimiento humano.

Estos pasillos llevaban a grandes almacenes como gigantescos salones de clase, utilizados como vitrinas acristaladas para exhibir pertenencias de las familias que estuvieron en ese lugar, aun tengo en mi cabeza, los miles de zapatitos de pequeños niños que estuvieron en ese lugar que llenan esos enormes salones, causando terror y tristeza en los visitantes, cepillos de dientes llenaban otra de las grandes bodegas y un sin fin de objetos personales que atiborran bodegas y bodegas pertenecientes hoy al museo.

En otro lugar se encuentran los dormitorios de los prisioneros, un barrancón de madera donde se hacinaban decenas de individuos despersonalizados en condiciones infrahumanas, camas donde apenas cabían apretados y que eran apiladas como enormes literas, teniendo en su cara la cama del siguiente prisionero.

Y lo que me causo en ese momento el terror mas grande jamas vivido, fue al entrar al laboratorio y ver la mesa de operaciones de las que utilizaba el equipo del sádico doctor Josef Mengele para sus crueles experimentos, donde principalmente utilizaban mujeres, aún recuerdo la voz del guía explicándonos las torturas que vivieron esas niñas y adolescentes, que además de ser violadas eran explotadas, viviendo los castigos más sanguinarios provocados por esos enfermos sujetos, donde vivas eran echas pedazos y en donde aun puedo oír los gritos escalofriantes que escuche ese día, fabricados por mi mente ante tal ambiente.

Un solitario zapato con un calcetín dentro, de un niño al que le habían dicho que lo dejara ahí antes de desnudarse para ducharse, cuando en realidad le esperaba la cámara de gas.

Maletas abandonadas de los deportados, a los que se les despojaba de todos sus enseres; látigos que utilizaban los kapos; latas de Zyklon B, el pesticida letal con el que gaseaban a los judíos y tantos objetos mas que producen escalofríos por lo que representan.

Recuerdo con enorme tristeza, como la cabeza estaba apunto de estallarme y tuve que salir de ese lugar, al sentir como un pedazo de mi alma se rompía de sólo imaginarme el sufrimiento y el terror vivido ahí por tantas personas inocentes.

Cientos de miles de seres humanos murieron en ese lugar a causa del hambre, el trabajo extenuante, las ejecuciones, las torturas y las enfermedades.

El balance de víctimas mortales es de un millón de judíos, además de los polacos, gitanos, prisioneros de guerra, testigos de Jehová y homosexuales, considerados por los nazis como – elementos indeseables -.

El entrar en este museo es una experiencia terriblemente dura pero imprescindible y se convierte en un viaje interior sobrecogedor, que provoca un profundo choque emocional, llevándonos a reflexionar sobre como eran ahí las personas despojadas de cualquier rasgo de humanidad, donde la única regla era el terror.

En el mismo corazón de Europa, sólo hace poco menos de 80 años se construyó una moderna fábrica para asesinar seres humanos con métodos industriales.

Cuando quedan cada vez menos supervivientes que puedan dar testimonio directo del Holocausto, exposiciones como esta que dan voz y recuperan la identidad de las víctimas son fundamentales en un tiempo en el que, como señala Piotr M. A. Cywinski, director del Museo Auschwitz Birkenau, – resurgen el racismo, la xenofobia y el antisemitismo -.

Después de la segunda guerra mundial quisimos construir un mundo diferente, un mundo donde pudiéramos vivir todos, y si las cosas hoy no van tan bien como habíamos previsto, tal vez tengamos que dar un paso atrás, nos dice Robert van Pelt y añade – Auschwitz no es cosa del pasado, porque la xenofobia, el odio y el nacionalismo aún existen -.

Levi, autor de “Sí esto es un hombre”, el estremecedor relato de los diez meses que estuvo preso en Auschwitz, nos dice “Si comprender es imposible, recordar es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder”, recordar siempre para no olvidar nunca.

Elie Wiesel, escritor y premio Nobel de la Paz en 1986, declara en su libro A Jew Today, “Es cierto que todos tenemos el mal en nosotros mismos, pero aún juntando grandes cantidades de males individuales, no podríamos explicar lo que pasó en Auschwitz”.

La segunda guerra mundial, con sus más de 40 millones de víctimas, Auschwitz y los campos de la muerte, expresan el espíritu y el poder del mal que obra en éste mundo; aprendamos de las duras lecciones de la historia para evolucionar a una raza de seres humanos que se amen y sepan amar a todo ser vivo en esta tierra, sin importar su raza, color, creencia o preferencia.

Demos el paso a una civilización de vida y como mencionó alguna vez Einstein, “Las personas podemos pensar que somos mejor que otros, pero en realidad, todos formamos parte del mismo universo”.

La historia de Auschwitz nos enseña a valorar lo maravilloso de nuestras vidas, a pesar de las circunstancias que nos causan dolor, el recordar lo ocurrido en ese lugar nos da la oportunidad de valorar nuestro pasado y vivir al máximo cada día de nuestro presente.

Hasta la próxima

ALFONSO DÍAZ DE LEÓN / Factum / San Luis Potosí, S.L.P. / Noviembre 8 de 2019

Fuentes:

auschwitz.org – Memorial and museum Auschwitz-Birkenau former german nazi concentration and extermination camp

lavozdegalicia.es – El infierno de Auschwitz, recordar para no olvidar nunca

psicologiaymente.com – Frases y reflexiones

es.m.wikiquote.org – Auschwitz campo de concentración

es.wikipedia.org – Auschwitz – Adolf Hitler

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