Culiacán, LeBaron y lo que sigue

Estimado lector, si lo que busca en este artículo es el golpeteo político, favor de abstenerse de leer.

Abordemos las cosas con seriedad, es cierto que México desde hace 13 años se encuentra en guerra contra el narcotráfico, pero para tocar en primera instancia este tema habremos de recordar que el narcotráfico, como cualquier tema que involucre a la seguridad de un Estado, tiene sus raíces profundas, estructurales y multifactoriales.

El problema del narcotráfico en el país data de mucho antes de que Calderón les declarara esta guerra insostenible para legitimar un gobierno que en medio de un ambiente electoral muy tenso, le era necesario para ganarse el apoyo de la gente. Como mencioné, el narcotráfico tiene causas estructurales, entre ellos, la pobreza, la marginación, la segregación, instituciones débiles, corrupción, impunidad, redes transnacionales, y una infinidad de otros temas. Durante años, desde la época de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), pasando por la Agencia Federal de Investigación (AFI), la PGR y muchas otras instituciones encargadas de la seguridad nacional y pública de este país se enquistaron como un paciente que padece una enfermedad degenerativa y crónica, y que evidentemente dejaron crecer el problema a costa de los ciudadanos y de beneficios económicos o favores políticos.

El sexenio de Calderón vino a derramar el vaso, un tema que era necesario resolver, proponiendo reformas constitucionales, transformando las entidades de seguridad y aplicando planes dictados desde Washington, pues de aquél lado ya veían el problema que les ocasionaba hipócritamente. Desafortunadamente la planeación, estrategia y ejecución no tenía pies ni cabeza, militares en las calles sin un orden constitucional y operativos donde habían “daños colaterales”. La estrategia dejó miles de muertos, otros tantos desaparecidos, ciudades abandonadas y un sector de la población enojada y con muchísimo miedo.

Con Peña Nieto la estrategia no cambió, se siguió combatiendo al narcotráfico de manera frontal, se propuso la Ley de Seguridad Interior al final de su sexenio y la realidad es que en materia de seguridad simplemente la gráfica se fue números arriba.

Abrazos, no balazos, ese fue un lema muy sonado en campaña, con la esperanza a tope y una legitimidad de 30 millones de votantes, Andrés Manuel llega al poder. Un año ha pasado y la seguridad a nivel nacional no está en números rojos, sino, negros. Desde mi opinión y eso siempre lo he comentado, ganara quien hubiese ganado (Meade, Anaya o el Bronco) los índices de inseguridad, asesinatos, extorsiones hubieran seguido a la alza por lo menos en este primer año, pues las causas estructurales, el tejido social podrido y las redes tan sofisticadas de operar del narcotráfico no han importado en absoluto, gobierne quien gobierne, adicionalmente si nos queremos sentir matemáticos y aplicar un poco de cálculo de la preparatoria, los números no mienten y la tendencia iba en aumento.

Ahora, dejando de lado lo anterior, lo que si se debía hacer durante este primer año era dejarse de politequería barata, desafortunadamente si hubiera ganado otro candidato, veo bien difícil que AMLO se hubiera quedado callado y dejara gobernar, cosa que esta ocurriendo exactamente a la inversa, AMLO en el poder y la oposición con un golpeteo político impresionante, criticando hasta su manera de vestir.

El panorama luce desalentador, hechos como los de Culiacán o la familia LeBaron, en vez de tomarlos con seriedad y generar estrategias conjuntas, coordinadas entre gobierno y oposición, estados, municipios y federación, prefieren mediatizar, utilizarlo para el golpeteo, ya sea a favor o en contra del gobierno, de esta nadie se salva. Sin embargo, quienes nos seguimos jodiendo somos nosotros, los ciudadanos. Ellos que sigan tuiteando, dando mañaneras, criticando los zapatos del presidente, mientras nosotros seguimos derramando la sangre.

Gobierno y oposición, éntrenle a un plan conjunto de política social, atiendan las causas, ni el Presidente está equivocado en dar becas y atender el tejido social (aunque habrá de mejorar los procedimientos), ni la oposición está equivocada en generar estrategias frontales en contra del narcotráfico (pero sin poner en riesgo a civiles), hoy con los sistemas de inteligencia tan desarrollados, se puede. Sólo pónganse de acuerdo y déjense de politequería barata.

TW: @alexsol26

ALEJANDRO SOLCHAGA / Contraposición / San Luis Potosí, S.L.P. / Noviembre 6 de 2019.

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