La madre del siglo XXI

Yo, Roxana, soy una madre del siglo XXI – y tengo que decirlo- de esas pocas mujeres que se atreven en estos tiempos de represión, intolerancia, falta de comunicación, malos augurios para un futuro, violencia, inseguridad, feminicidios, calentamiento global, suciedad y poca capacidad para relacionarnos, a tener no sólo una persona dependiente de nosotros, si no una personita que vivirá todas estas cuestiones de manera radical, en esencia, de diario, fría y crudamente.

Soy de esas mujeres que reflexionan y entienden lo que muchas chicas en los 20’s dicen «yo por eso no tendré hijos», pues ahí nos encontramos hace tiempo o ayer, o antier, y con grandes dudas nos convertimos en madres.

Pero también soy de esas personas que ven en esos niños un hambre de luchar por sus ideales, por su libertad, la posibilidad de generar un cambio, de actuar y no conformarse con el sistema, de ser ellos los que pongan su esfuerzo para que las próximas generaciones tengan un chance de existir. Y que fuerte se escucha, pero ya no es sobrevivir, es Existir.

Vivimos tiempos de horror, y no solo en nuestro país, también en Chile, en Nicaragua, en Honduras, en Siria, en Bolivia, en Estados Unidos, en la mayoría de los países de África, en Venezuela, y en muchos más lugares;y esto personalmente lo he vivido en línea indirecta por medio de amigos y amigas que viven en esos países.

A dónde irán? Qué sufrirán? Cuáles seran sus miedos? Es justo que sean únicos hijos o hijas?

Esas son las preguntas que como madres del siglo xxi nos hacemos constantemente.

Tendrán una niñez pervertida? Que pasará con ellos cuando no estemos aquí?

Nos atrevimos, más no tenemos la seguridad de que la pasemos bien aunque la felicidad que ellos nos entregan es inmensa e incondicional. Y tengo que decir que se que no somos la primer a generación que pasa por tiempos de guerra e incertidumbre, pero si somos la primera generación de padres que aunado a esto pasamos por una falta inmensa de valores, una tergiversación de la información por la invasión de las redes sociales, una crisis existencial y de identidad, así como tradiciones y costumbres que cada vez van perdiendo más su continuidad y no ocupan un sentido de pertenencia en nuestros descendientes.

Ser madre del siglo XXI sí que ocupa huevos, pero más importante, ocupa paciencia; paciencia para no hacerles la vida fácil y entregarles un juguete, un celular o el control de la televisión con tal de no batallar; presencia; presencia real de aquella que coincide con un tiempo de calidad, la enseñanza constante y las ganas de parar por un tiempo el mundo, el trabajo y los problemas, para estar por ellos; y esencia, la esencia que nos hace trascender en ellos, la esencia que a través de nuestros padres del siglo XX transmitiremos a nuestros hijos para que aún tengan esa identidad, esa esperanza y esos valores tan importantes para poder canalizar esas ansias de cambiar el mundo de manera positiva.

Ejemplos como Malala, Greta Thunberg, Xiuhtezcatl Martínez, Felix Finkbeiner, que luchan por los derechos humanos, por el cambio climático y algunos otros aspectos determinantes para el mundo de hoy, son el ejemplo de los niños del ahora que seguramente fueron comandados por grandes hombres y mujeres que tuvieran esa paciencia, esa entereza y esa inteligencia emocional para canalizar a sus hijos hacia una moción positiva; y de igual manera son mi esperanza como madre reciente del siglo XXI, una madre que alguna vez fue la preocupación de su madre del siglo XX que a pesar de no ser parte de un siglo que lo dictará así, siempre ha sido trabajadora, paciente y tenaz.

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