¿En qué basas tu felicidad?

Para Nietzsche, la felicidad es un camino inventado por aquellos que mienten. En su obra Aurora, escribe que puede ser en ciertos casos, sólo una recomendación, que depende de nuestra voluntad realizar o no, pero nunca una norma, y nos explica que estas direcciones externas, van generalmente en contra de la felicidad individual, de manera que las normas que se llaman morales, están dirigidas contra los individuos y no tienden en ningún caso a su felicidad. La felicidad es posible cuando surge de las leyes propias del individuo y será proporcional a su tamaño.

El escritor alemán Eckhart Tolle, considerado como el autor espiritual más popular en Estados Unidos por el periódico New York Times, nos habla sobre los caminos de la aceptación, el gozo y el entusiasmo, que representan las formas que tiene la conciencia de fluir a través de nosotros, para llegar a expresarse y encontrar la felicidad. Así que todo lo que hagamos que no emane de ellas, será producto de nuestro ego.

El filósofo griego Aristóteles, mencionó en una de sus frases celebres, que “El fin supremo del hombre es la felicidad”. En contraparte tenemos la propuesta contemporánea de Sigmund Freud, que mencionó “El plan de la creación no incluye el propósito de que el hombre sea feliz”.

Para Aristóteles, el vivir como hombre significa elegir un objetivo y dirigir hacia él nuestra conducta, afirmando que cualquier actividad humana tiende hacia un fin y nada se hace sin un objetivo que pretenda alcanzarse, y llega a la conclusión de que debe existir un fin último, la felicidad como fin supremo, que elegimos por encima de todo, a diferencia del honor, la riqueza o el placer, ya que esos bienes atractivos, los elegimos pensando encontrar en ellos la felicidad, por lo tanto son concebidos como medios, no fines.

La felicidad en cambio, es autosuficiente y por si misma hace que la vida valga la pena; por esa razón la buscamos todos, la deseamos siempre y la pretendemos con todas nuestras acciones.

En tiempos de Aristóteles, no existía un acuerdo universal acerca de que nos hace felices, hoy en día tampoco lo hay.

Aristóteles dividió los bienes que nos aportan la felicidad en tres tipos:

  • Los bienes externos: la riqueza, la fama, el poder.
  • Los del cuerpo: la salud y el placer.
  • Los del alma: la contemplación y la sabiduría.

Entre ellos, el bien mayor será el que promueva el pleno desarrollo de la esencia humana y por esa razón consideraba que los bienes del alma son los bienes por excelencia.

Para Aristóteles era impensable que el fin supremo, al que aspiramos todos, sea simplemente una ilusión o un proyecto inalcanzable.

Freud el padre del psicoanálisis, concuerda en principio que los hombres esperan en su vida, conseguir la felicidad y mantenerla, sin embargo, para él, este ideal tiene dos metas:

  • La positiva, que experimenta intensos sentimientos de placer.
  • La negativa, que evita el dolor y el displacer.

Freud consideraba que nuestra propia constitución, hace que nos resulte más fácil experimentar la desdicha, ya que nuestra felicidad es constantemente amenazada por tres ángulos.

  • Desde el propio cuerpo, que por su naturaleza está condenado a la ruina y la disolución, y donde incluso la presencia del dolor y la angustia son señales de alarma.
  • Desde el mundo exterior, que es capaz de abatirse furiosamente sobre el ser humano, con fuerzas despiadadas y destructoras.
  • Desde las relaciones con otros seres humanos; ésta es la que resulta más dolorosa, porque es un sentimiento gratuito y de una amargura tan inevitable como las anteriores.

Ante tales posibilidades de desdicha, es entendible que el ser humano decida reducir sus pretensiones de felicidad; nos conformamos con niveles modestos y nos consideramos felices si logramos escapar del sufrimiento y evitar el dolor, dejando en segundo plano la meta positiva de la búsqueda del placer.

Cada persona tiene una constitución psíquica particular, y de ahí se convierte en un asunto individual encontrar el mejor camino; algunos la buscarán en los vínculos afectivos con otras personas, otros se bastarán a si mismos, y otros más manteniendo el contacto con la naturaleza.

Ninguna de las anteriores permite alcanzar la felicidad plena, pese a ello Freud, admite que es imposible dejar de perseguirla.

La condición humana es paradójica, gozamos intensamente el contraste entre la felicidad y el sufrimiento.

Para Freud, la felicidad se presenta como resultado de satisfacer necesidades acumuladas, que han alcanzado un nivel elevado de tensión; para Aristóteles es la máxima aspiración humana, y resulta del todo posible lograrla, conjugando los bienes externos, del cuerpo y del alma.

Por lo tanto, sólo es posible hablar de la felicidad, como un episodio instantáneo y pasajero.

Cuando era niño gané un concurso de lectura, y me correspondió leer en un acto cívico para toda la primaria; mi madre me dio un libro que le regaló mi abuelo en su niñez, su nombre era Pollyanna, una novela de Eleanor H. Porter publicada en 1913, que cuenta la historia de una niña de nombre Pollyanna, huérfana de padre y madre, que envían a vivir con su estricta tía; Pollyanna fue educada con optimismo por su padre, usando el juego de encontrar el lado bueno de cualquier situación.

Ese día en el acto cívico, hice la lectura sobre Pollyanna, una historia que marcaría mi vida y la de mi madre para siempre; aprendí al igual que la niña, a buscar el lado positivo de cualquier situación durante el transcurso de mi existencia, y aprendí también a salir adelante, a pesar de cualquier evento o situación que se cruzara frente a mí.

Uno de los eventos más difíciles de mi niñez, fue vivir el camino de mi padre durante su proceso para convertirse en alcohólico, fui testigo de como un hombre noble y en extremo cariñoso e increíble conmigo, se fue consumiendo poco a poco hasta encontrar su muerte, que significó mi momento mas doloroso, al ver partir al ser humano mas amado en mi vida.

Esos difíciles años los enfrente de la misma forma que Pollyanna, buscando comprender por lo que estaba pasando mi padre, y ante su muerte y la difícil situación económica de ese momento, emprendí junto a mi madre un negocio de tamales que nos permitiría salir adelante, vivir y continuar mis estudios.

Ahí vendiendo tamales comencé a sonreír, esa era mi manera de agradecer a nuestros clientes, a Dios y a la vida, por permitirnos continuar a pesar de las difíciles circunstancias.

Pollyanna se convirtió en mi herramienta para enfrentar la vida de una mejor manera y a disfrutar cada momento, permitiéndome encontrar la felicidad en cada pequeño evento.

He pasado por muchas situaciones difíciles, todos las hemos tenido en mayor o menor medida; y he observado que la felicidad la construimos cada uno de nosotros, de acuerdo a las circunstancias que enfrentamos en el transcurso de nuestras vidas.

La felicidad permanente existe, no sólo se basa en pequeños momentos; y es otorgada  de acuerdo al como enfrentamos las circunstancias en el proceso de vivir; hay acciones que sin duda marcan para siempre el destino de los hombres y de las mujeres, una persona que aborta a su hijo, la que asesina a otro ser humano, el que viola, y muchas otras situaciones que llevaran como una pesada carga sus autores durante el resto de sus vidas.

La paz y la tranquilidad mental, favorecen en gran medida para vivir permanentemente en felicidad, y se obtiene actuando de acuerdo al sentido lógico de la vida, creciendo cada día con valores y respetando al prójimo sin causarle daño alguno.

El Dr. Miguel Ruiz en su libro los cuatro acuerdos, entrega valiosa información para convertirnos en mejores personas, compartiendo las técnicas toltecas que encontraron la paz en la cosmovisión del ser humano.

Nos dice que “No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tu lo decides. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón valida”.

Los cuatro acuerdos no son una religión, es el misticismo que se encuentra en esta milenaria civilización y que tiene un basamento en cada uno de los acuerdos.

La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento.

El miedo y las autoexigencias son los peores enemigos de nuestro pensamiento, y de nuestra vida.

Los cuatro acuerdos son:

  • Sé impecable con la palabra
  • No te tomes nada personal
  • No hagas suposiciones
  • Haz siempre lo mejor que puedas

El primer acuerdo, nos habla sobre las palabras, que poseen una gran fuerza, con las cuales podemos salvar a alguien o también destruirlo, de la importancia de tener consciencia de esto para utilizarlas con cuidado, sabiendo que cada una de ellas está creando algo.

El segundo sobre la impaciencia o las exigencias de tu pareja, de la vecina o de la cajera del supermercado, las críticas de tu hijo o en el trabajo, de que nada de eso es personal, cada cual esta reaccionando de acuerdo a su propia película. Tomarte las cosas personalmente te convierte en una presa fácil de los depredadores y si no lo haces serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno.

El tercero sobre la tendencia que tenemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones, sobre todo y que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello, y donde la manera de evitar las suposiciones es preguntar, asegurando que las cosas sean claras.

Y el cuarto acuerdo que permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados, hacer siempre lo máximo y lo mejor que puedas.

Recuerdo hace años la oportunidad que tuve de convivir con el Dr. Miguel Ruiz, aún tengo presente su abrazo que reflejaba su paz y amor incondicional, nunca he vuelto a ver una sonrisa tan genuina como la suya, que contagiaba de luz ese lugar.

Nacimos con el brillo de un diamante, durante el transcurso de nuestra vida hemos llenado de capas nuestro interior y esto nos impide disfrutar de la plenitud, recuperemos con nuestros actos y acciones ese brillo que nos permita vivir en la mayor felicidad.

Hasta la próxima

ALFONSO DÍAZ DE LEÓN / Factum / San Luis Potosí, S.L.P. / Noviembre 1 de 2019

 

Fuentes:

La felicidad para Friedrich W. Nietzsche, julio 1, 2014 por Gilberto Santaolalla

3 consejos para ser feliz según Eckhart Tolle, julio 27, 2018 por Fatima Servián Franco

Aristóteles vs Freud: debate sobre la felicidad, octubre 11, 2018, Jesús Ayaquica Martínez

Los cuatro acuerdos – Sabiduría Tolteca – Miguel Ruiz, agosto 1, 2019, decidecambiar.over-blog.com

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