¿Por qué no hablamos más de salud mental, de lo que sentimos y de nuestras heridas?

Amigos lo que expresaré a continuación viene desde el amor al ser humano, la compasión y la empatía. Desde ahí traté de escribir, aunque tengo que confesarles que antes de hacerlo tuve que llorar y gritar…¿por qué carajos no hablamos más de salud mental, de lo que sentimos y de nuestras heridas? Entonces medité y pude escribir.

A veces siento el impulso de ponerme a estudiar psiquiatría, no sé si con el conocimiento de cómo funciona el cerebro logre entender cómo están conectados tus impulsos neurológicos con tus impulsos del cuerpo, tus instintos, tus valores, tu esencia.

La gran pregunta: ¿Naces psicópata o te vas destruyendo en el camino? Pienso que ambos, naces y tus circunstancias son los detonantes…

Pensemos en un ser bondadoso que ha hecho mucho bien a la comunidad, ayudando a tantas personas, niños y niñas, decide un día dejar de controlar sus impulsos sexuales y cometer un crimen. Esos actos bondadosos realizados a lo largo de su vida no podrán eximirlo de ese o esos crímenes, así como su delito no destruirá sus actos altruistas, ellos quedarán ahí en la memoria de los beneficiados marcando sus vidas.

El caso Maciel, por ejemplo, Eduardo Córdova y tantos y tantos miles de casos de pederastia que quedaron impunes porque fueron protegidos por las autoridades en el ámbito que fuese, eclesiástico o judicial, pero se les protegió.

Así como casos abominables de padres a hijos o hijas, que jamás en una mente sana podríamos imaginar que exista, pero existe señoras y señores y casi no se habla del tema en redes o en medios de comunicación, solo cuando detona un escándalo o una noticia, por ser un personaje público, pero es más común de lo que se podrían imaginar. Tan común, según las estadísticas, que seguro alguien de tu familia lejano o cercano sufrió algún tipo de abuso sexual, pero nadie se entera y no provocan un escándalo mediático.

Y comienza el canibalismo.

Nos escandalizamos, juzgamos, señalamos, creemos saberlo todo y lo cierto es que no sabemos nada. Dejamos de pensar en las víctimas, en esos niños y niñas dañados en sus vidas para siempre, en sus heridas, sus llantos, sus soledades y angustias, su espanto!

Desde hace cuatro años tengo la fortuna de ver de cerca, muy de cerca, vivirlo y agradecerlo, todo el trabajo excepcional que realiza el DIF estatal con todos estos niños, niñas y adolescentes en nuestro Estado, que sufren este tipo de violencia, crueldad e infamia hacia su inocencia, hacia su cuerpo y su alma.

He visto a hombres y mujeres luchar y sufrir por estos actos atroces. He visto sus éxitos y sus impotencias. Créanme, se necesita mucha valentía, fuerza e inteligencia para ir a la batalla en contra de la podredumbre de una sociedad enferma. Y lo hacen, lo hacen a diario bajo cualquier circunstancia y buscan justicia y paz para esas criaturas que sufren algún tipo de violencia física, psicológica y sexual, y lo agradezco profundamente. Igual podrían no hacerlo, quedarse en su zona de confort, salir en la foto y hacer como que no pasa nada. Convencer a los medios, inventar cifras y encubrir a los criminales.

Así que se necesita mucha valentía, muchos tamaños, muchísimos huevos, congruencia y mas congruencia para, a pesar de todo el costo político que implica no encubrir y dejar que la justicia haga su trabajo, resistir todo el dolor que te pueda ocasionar al ver que unos de tus colaboradores en el que confías y aprecias es presuntamente culpable de un crimen. Un delito que, por sí mismo, es terrible, es por el que has combatido día y noche durante años para acabar con él y hacer justicia.

Así que deseo, con todo lo anterior expresado, abrazar por aquí y lo haré personalmente desde lo mas profundo de mi alma, a Lorena Valle Rodríguez, presidenta del Dif, y a la directora Cecilia González Gordoa, con gran solidaridad y admiración por el terrible momento que deben estar pasando y por permitir que las autoridades hagan su trabajo.

Segura estoy que ya deben estar abrazando a esa criatura, como han abrazado a cientos de niños en estos cuatro años, víctimas de este delito, independientemente de la culpabilidad de mi amigo, a quien tengo también en mis oraciones. Lo admiré y apoyé como lo hicieron muchos potosinos para lograr su labor, apostamos por él y le creímos, así decido hoy creerle a esa criatura, por quien también oro.

Ustedes saben mi furia que he expresado hasta el cansancio por la impunidad que sufre mi país por un círculo de encubrimiento poderoso y a veces pareciera indestructible y diabólico.

Así que hoy concluyo agradeciendo profundamente el ver que mi estado y mi comunidad tienen esperanza, que existen seres que a diario deciden hacer lo correcto y ser mejores personas.

Cada uno de nuestros actos modifica el rumbo del universo. Despertemos la conciencia y tratemos de hacer de este mundo un lugar mejor para todos…

Gracias por leerme.

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