Dos realidades opuestas… No hay peor ciego, que aquel que no quiere ver.

alejandro zapata bnPor Alejandro Zapata Perogordo/ Ideas/ San Luis Potosí, S.L.P.

La diferencia entre lo que existe en la realidad y lo que se dice que hay, son cuestiones contrastantes que muy a menudo se dan, sobre todo cuando de informar a los ciudadanos se trata.

El ejercicio de rendición de cuentas es una ineludible obligación, impuesta por la constitución a los gobernantes, se estableció para que el Poder Ejecutivo señalara las condiciones en que se encuentra la administración pública. Sirve para hacer un diagnóstico de la situación del momento, además es importante que los ciudadanos y el Congreso cuenten con elementos para evaluar y calificar, con ello, determinar las fortalezas y debilidades que permiten definir el camino a seguir.

La tradición política mexicana ha colocado el acto de informar, dejando de lado el derecho de los ciudadanos a conocer el ejercicio de la función pública, en un espectacular evento, cuyo objetivo se encamina más al lucimiento y al culto de la personalidad, que a llevar a cabo un verdadero balance.

El pasado informe torancista no fue la excepción, en realidad esperábamos un diagnóstico apegado a las condiciones actuales, rubros de avances y desafíos pendientes, determinando las acciones a seguir en la superación de los retos, sin embargo, todo quedo únicamente en la retórica, en los incondicionales aplausos y en el discurso.

Quienes asistieron se quedaron prácticamente igual que cuando entraron, nada nuevo, más de lo mismo, todo está bien, ahora resulta que nunca el estado ha estado mejor, gracias al actual gobierno. Los recursos invertidos para el desarrollo de la entidad, no dejan lugar a dudas, aunque rebasen por mucho el presupuesto anual, la pregunta es: ¿de dónde obtuvieron los excedentes?, como siempre: cifras maquilladas para el informe, la famosa y socorrida danza de los millones, que termina siendo una gran mentira.

A grado tal presumen de eficiencia en la administración, que aún con presupuestos menores a los del año pasado, en rubros como infraestructura carretera, vivienda, deporte, educación y desarrollo económico, dicen que se encuentran en franca escalada, otra burla más.

En materia de seguridad, afirman, que estamos cada vez mejor. Los delitos van a la baja, lo comprueban con las denuncias presentadas. Por favor, ya ni ellos se lo creen.

En fin, para que le seguimos, son dos realidades diferentes: la de quien gobierna y la de la gente. El primero que únicamente dice lo que quiere y le conviene, no lo que es, y la del pueblo que padece las injusticias y la regresión.

Quizás haya dos cuestiones a destacar que no fueron abordadas: el tema de la deuda; por fin, se acabaron los pretextos o cuando menos eso suponemos y, el tema de la corrupción, rampante en esta administración, que fue eludido. Este rubro es altamente sensible, y si bien, se puede soportar temporalmente un gobierno ineficaz, pero cuando además es deshonesto, se traduce en un verdadero martirio. Eso acontece actualmente, muchos esperábamos en un acto de dignidad, comentarios y aclaraciones sobre el particular, máxime que se trata de cuestiones publicadas recurrentemente en los medios de comunicación, por lo tanto son hechos públicos y notorios, sin embargo, nada, absolutamente nada.

Los signos de insatisfacción están a la vista, lo curioso estriba en la obcecación de seguir igual. De ninguna manera se tiene la intención de transformar el estilo peculiar y personal de quien tiene la responsabilidad de conducir los destinos de los potosinos, esa es una cuestión de cada quien. Otro cantar es el ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos para exigir cuentas y resultados, así como el buen funcionamiento de las instituciones y, eso, ni más, pero tampoco menos, es lo que se reclama.

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