¿Me escuchas?

Esta columna es para aquellos y aquellas que creen que no existe el blanco o el negro únicamente, para aquellos y aquellas que no se conforman con una verdad absoluta o con una sola explicación.

¿Me escuchas?

Desde chiquita, a esa edad tan difícil de los 3 o 4 años, recuerdan las malas leguas, que solía ser una niña muy preguntona y curiosa, y que además no le gustaba que me disfrazaran la realidad.

Ahora puedo decir que de eso guardo mucho, pues detesto la hipocresía, las verdades a medias o las incógnitas; y a pesar de que no he sido una persona que reciba muchas sorpresas, me ha sentado muy bien el arte de la improvisación.

Me manejo en la naturalidad, en la fluidez de la vida y en dejar correr lo que debe correr sin forzarlo a nada.

Es por mi misma curiosidad que he dedicado mucho tiempo de mi vida en observar el comportamiento de los demás, y analizar el porqué de las cosas. Por ello mismo, siempre me ha gustado plasmar este análisis en escritos, anécdotas y en cuanto a hechos se refiere, en ayudar a la gente. Sin embargo en este camino de la vida, me he topado con que no todas las personas quieren o aprecian tu ayuda, pero la ayuda tiene vertientes activas o pasivas, en donde por lo general la última es la más apreciada y en sí estoy hablando del arte de la escucha.

De las «Siete reglas del arte de escuchar» de Sclavi, 2003, la tercera regla define la escucha activa: «Si quieres comprender lo que otro está diciendo, tienes que asumir que tiene razón, y preguntarle para que te ayude a ver las cosas y los acontecimientos desde su perspectiva.

La escucha Activa implica el paso de una actitud del tipo «justo-equivocado», «yo tengo razón – tú te equivocas, o viceversa-, «amigo-enemigo», «verdadero-falso», «normal-anormal», a otro en que se asume que el interlocutor es inteligente y que hace falta meterse en sus condiciones, para entender cómo es y qué comportamientos y acciones (que nos pueden parecer irrazonables y/o que nos molestan o irritan), para el otro son totalmente razonables y racionales.

Y es justo eso lo que he comprendido conforme ha pasado el tiempo, que como dije en un principio, no se puede catalogar todo como bueno o malo o blanco o negro, sino que existe una verdad detrás de cada pensamiento de cada persona, y el saber escucharlos se vuelve una habilidad social cada vez más extinta y a la vez más necesaria en nuestra sociedad.

Y es así como cierro esta participación poniendo como ejemplo la reciente cinta de «The joker» de Todd Phillips, en donde al personaje principal «Arthur Fleck», este retraído y diferente hombre, jamás se les escuchó y siempre se le juzgó – al igual que como juzgamos en cada momento al vecino, a la compañera, al jefe, al enano, al discapacitado, al diferente, a la marginada, al indígena, a los ismos y a los contendientes.

Este filme sin ahondar tanto en su fondo que da para una columna completa, deja como gran reflexión el voltear a ver siempre las necesidades de los demás, el ser más empáticos con los «raros» , el no fomentar la violencia o crearla desde actitudes discriminativas, pero sobre todo el escuchar y no solo las palabras, sino también las señales, el lenguaje no verbal, las reacciones, los olores y todo aquello que se ve pero no se QUIERE ver.

¡Hasta la la próxima!

Twitter : @roxaniutz

ROXANA EUNICE / Cara o cruz / San Luis Potosí, S.L.P. / Octubre 9 de 2019.

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