¿Cómo se puede comprar o vender el cielo?

Hace 165 años el presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce, envió una oferta al jefe Seattle de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste que hoy forman el estado de Washington, donde le prometió crear una “reservación” para el pueblo indígena.

El jefe Seattle respondió, que el gran jefe blanco ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras, con palabras de amistad y de buena voluntad, mucho apreciamos su gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El podrá confiar en la palabra del jefe Seattle, con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones, como las estrellas inmutables son mis palabras.

Es importante recordar la palabra de nuestros antepasados, gente con enormes valores que nos dan la pauta para recuperar lo que hoy como individuos y sociedad hemos perdido; hoy podemos observar en todo momento palabras empeñadas que son rotas; será un objetivo principal para el futuro, el volver a esos tiempos donde se podía creer en la palabra y donde existía una conciencia colectiva de grupos para conservar su legado y procurar su subsistencia.

A través de la historia, tenemos innumerables ocasiones de abusos de los poderosos para someter a los más débiles, dispuestos a aplastar, humillar y depredar sin importar los costos para obtener el poder y la riqueza, destruyendo la integridad y la paz de la sociedad.

El jefe Seattle le preguntó, ¿cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña, si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo, cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos: los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Esta tierra es sagrada para nosotros, esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados.

Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada y deberán enseñárselo a sus niños y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo, como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

Estas bellas palabras del jefe Seattle nos inspiran para tomar conciencia de los resultados del pasado, trabajar nuestro presente para poder aspirar a tener un futuro.

Como dice la carta de la tierra , estamos en un momento crítico, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnifica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. Es imperativo que nosotros, los pueblos de la tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.

La Carta de la Tierra es una declaración de principios éticos fundamentales para la construcción de una sociedad global justa, sostenible y pacífica en el Siglo XXI. La Carta es una visión de esperanza y un llamado a la acción.

La Carta es el producto de un diálogo intercultural que se llevó a cabo durante una década a nivel mundial en torno a diversos objetivos en común y valores compartidos. El proyecto de la Carta de la Tierra comenzó como una iniciativa de las Naciones Unidas, pero se desarrolló y finalizó como una iniciativa de la sociedad civil. En el año 2000, se concluyó el documento y la Comisión de la Carta de la Tierra, una entidad internacional independiente, la dio a conocer públicamente como una carta de los pueblos, durante una ceremonia el 29 de junio en el Palacio de Paz, en la Haya, Holanda.

Abarcó el proceso más inclusivo y participativo que se haya efectuado jamás en torno a la creación de una declaración internacional. La legitimidad del documento se ha fortalecido aún más mediante el respaldo obtenido de más de 6,000 organizaciones, lo que incluye a diversos organismos gubernamentales e internacionales

Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos.

Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida.

Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más.
Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones.

Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo.

El proceso requerirá un cambio de mentalidad y de corazón; debemos profundizar y ampliar el diálogo global que generó la Carta de la Tierra, puesto que tenemos mucho que aprender en la búsqueda colaboradora de la verdad y la sabiduría.

Todo individuo, familia, organización y comunidad, tiene un papel vital que cumplir. Las artes, las ciencias, las religiones, las instituciones educativas, los medios de comunicación, las empresas, las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos, están llamados a ofrecer un liderazgo creativo. La alianza entre gobiernos, sociedad civil y las empresas, es esencial para la gobernabilidad efectiva.

Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la celebración de la vida.

Honremos la conciencia de nuestros antepasados, trabajemos para continuar con esa tradición de conciencia y de principios, para dar vida a nuevos momentos que permitan a las nuevas generaciones desenvolverse en paz, con tranquilidad y que puedan disfrutar de los mejores tiempos por venir a nuestro planeta.

Las condiciones están dadas, es el momento de re plantear el rol que hemos venido jugando en los últimos años, hoy necesitamos una sociedad participativa, una comunidad global que respete y haga respetar nuestros recursos naturales y la vida, que luchemos juntos para crear instituciones que verdaderamente velen por la protección de nuestros derechos humanos, la preservación de nuestros recursos y la correcta aplicación de la justicia.

Tenemos hoy la oportunidad de modificar el rumbo, que la tecnología y los nuevos conocimientos nos proporcionen el camino a una nueva sociedad incluyente, con mejores condiciones y oportunidades que nos permitan decirle a nuestros hijos, el cielo no se compra ni se vende.

Hasta la próxima.

Fuentes:

ciudadseva.com – Carta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos – Luis López Nieves

cartadelatierra.org – Valores y principios para un futuro sostenible

ALFONSO DÍAZ DE LEÓN / Factum / San Luis Potosí, S.L.P. / Octubre 4 de 2019.

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