Los informes de gobierno, ¿verdad o mentira?

Cada año durante el mes de septiembre en los medios de comunicación predominan notas periodísticas que dan cuenta de los informes de gobierno. En espacios de difusión puede verse de todo, desde información que ante la vista de los ciudadanos representa una falacia, hasta hechos que sí revelan avance en diferentes rubros; en este tipo de eventos, ahora con cita de “informes de resultados” ni todo es verdad ni todo es mentira, y llama la atención cuando un gobierno define su trabajo realizado como perfecto, jactándose de ejecutar acciones omitidas por quienes le antecedieron. Con respecto a quien gobierna mejor, será la historia la que en su momento otorgará la razón.

Al leer los medios de comunicación pueden interpretarse las intenciones del medio y quien escribe en el mismo; cualquier ciudadano con criterio puede inferir las razones por las cuales de pronto se alaba, demerita o hasta sataniza el trabajo que durante el último año llevó a cabo algún burócrata. Abonando a lo anterior la respuesta es obvia: hay intereses económicos y políticos de por medio, que se evidencian a través de periodicazos que la ciudadanía quisiera que fueran en favor de políticas públicas de más impacto y equidad, y no para beneficiar a grupos de poder.

En los informes de gobierno, y más en los municipios, es clásico que quien tiene el poder compare y critique lo que administraciones pasadas supuestamente omitieron o realizaron mal, y con tal acción se demerita un trabajo anterior que en su momento pudo observarse con áreas de oportunidad, pero también con aciertos. La realidad es que cuando los gobiernos en turno terminen su encomienda y haya nuevas autoridades, la ciudadanía escuchará el mismo discurso, qué a manera de vituperio, calificará su propio trabajo como impecable.

En el tema de los informes de gobierno la ciudadanía debe tener conciencia de que las expectativas de campaña no siempre se cristalizan, porque no hay dinero que alcance para resolver toda la compleja problemática que existe en la sociedad, aunado a ello las actuales administraciones no responsables de todo lo malo que ocurre en el entorno, pero si en teoría deben buscar la manera de favorecer a la gente de manera general y no solo a quienes los ayudaron a llegar al poder.

Un informe de gobierno cuesta mucho dinero al erario: toldos, comida, gastos de difusión, invitaciones, sillas, mesas, manteles, equipo de sonido, entre otros; en muchas ocasiones un evento de esta naturaleza suele ser parecido al cumpleaños del gobernante (por aquello de lo ostentoso), aunque si bien es cierto a veces sí hay cosas que informar, en ocasiones pareciera un acto ególatra en el que se busca lucir resultados capaces de persuadir a los ciudadanos, para que opinen con respecto a si la situación económica, educativa, social, cultural, de seguridad, entre otras, están mejor. Lo certero es que para comprobar que lo presentado en un informe de gobierno posee veracidad habría que hacer un comparativo basado en técnicas científicas de carácter cualitativo y cuantitativo, y no meras apreciaciones.

De acuerdo a la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública vigente, los ciudadanos tienen todo el derecho de exigir cuentas de lo gastado en un informe de gobierno, así como en cualquier otro evento, por ello resulta contradictorio que todavía haya instituciones burocráticas que por medio de tropelías omitan, retarden o no proporcionen dicha información, a sabiendas de que al ser omisos, a futuro les impongan sanciones a los responsables de las áreas (no solo a los titulares de las mismas).

En un informe de gobierno las oposiciones políticas seguro darán otra versión del mismo, esa que no siempre es aplaudida, pero que llama la atención y es susceptible a la crítica con relación a si es verdad o no lo que los gobernantes anuncian con bombo y platillo. Los informes de la oposición que si bien es cierto pueden tener un trasfondo personal y político, con frecuencia pueden revelar mucho de los que no está en el documento o discurso oficial que obviamente los burócratas defienden a capa y espada.

En este tipo de eventos es común que se den cita espectadores que tienen intereses políticos o que reciben beneficios; en no pocas veces los funcionarios que laboran en la institución son condicionados a llevar a su familia a fin de que el informe de gobierno no parezca desangelado; en un protocolo de esta índole también es común ver a pseudo líderes de organizaciones que están a favor o en contra de los gobernantes, (según les convenga) y que a futuro podrían ser aliados en campañas electorales.

Desconfiar de las cifras difundidas en los informes de gobierno es un criterio que los ciudadanos deben realizar, porque lo que se quiere es que haya indicadores no tanto de cuantas despensas se dieron a la gente más vulnerable, sino que haya un porcentaje que revele disminución de pobreza; en el caso de la educación interesante sería hasta qué punto las escuelas apoyadas por el gobierno han mejorado indicadores como la eficiencia terminal, o en otros rubros; avasallador sería el hecho de disminuir la tasa de homicidios o si un buen porcentaje de la gente se siente segura al caminar por las calles de San Luis Potosí, porque la realidad es que la nota roja sigue acaparando los titulares en los medios de comunicación.

Mención aparte merece cuestionar si el ingreso económico obtenido por los ciudadanos al laborar en los parques industriales, del sector automotriz y demás giros, generan beneficios reales. En este aspecto la sociedad reconoce que hay indicadores de que existe mayor oferta de trabajo, aunque deseable es que los salarios y prestaciones ayuden verdaderamente ayuden a paliar la explotación laboral, que acorde a términos marxistas suele enfrentar el proletariado.

En el tema de los informes de gobierno por parte del poder legislativo local también hay mucho que decir, ya que a todas luces la gente ha testificado corruptelas y escándalos muy similares a los que sus antecesores protagonizaron; hay ciudadanos que de manera enfática les recuerdan a los representantes de esta institución que cada vez están más cerca los nuevos procesos electorales en los que probablemente quieren participar, mismos en los que les recordarán las decisiones tomadas para favorecer intereses personales o de partido y no de la gente.

Ojalá que los gobernantes tengan conciencia de que cada vez la ciudadanía cree menos en sus informes de gobierno, en no pocas ocasiones aderezados bajo la retórica plasmada en un diseño y formato protocolario. Lo que los políticos informan no es otra cosa que el trabajo por el que la misma gente les paga un generoso sueldo, y a ella se deben; anhelado sería que quienes estén al frente de una institución no privilegien las prerrogativas propias y si las de quien más lo necesita, porque en la medida que tal acción ocurra podrán vislumbrarse diferentes perspectivas.

melchor_manuel@hotmail.com

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