De gritos a gritos

Las celebraciones patrias de septiembre, la euforia nacionalista de nuestro pueblo, el gozo por festejar nuestra identidad de nación, de mexicanos, bien pueden resumirse y entenderse plenamente con una palabra: GRITO. Y es que el acto más importante de nuestra historia como México consistió justamente en eso, en gritar la desesperación, la impotencia, el temor, el no soportar más la opresión, el buscar legítimamente gobernarse así mismo; el aspirar también con todo derecho al poder, al gobierno, a un diseño más justo y propio de país; porque no gritar para sacudir los traumas individuales y colectivos que provocaron siglos de agravios, de menosprecio, de injusticia. Gritar por coraje y por decir aquí estoy… gritar por liberarse.

En esa palabra “Grito” pueden encontrarse muchas razones políticas, sociológicas e históricas, pero también, más en lo profundo motivos y porqués de alcance inesperado. ¿Para qué se grita? Se puede gritar para llamar la atención y para muchas otras cosas que ya he comentado pero también se grita sin habérselo propuesto y hasta sin conciencia plena de la razón por lo que eso sucede; se grita también deliberadamente, bajo control, con el deseo de alcanzar un mejor estado emocional, un mayor goce en determinado momento, como en el amor, en el sexo, en un concierto disfrutando la música; se grita de frustración aunque se dice que gritar está de moda para liberar el estrés según algunos expertos porque se liberan endorfinas y nos reconforta, Miguel de Unamuno dice que los hombres gritan para no oírse.

El grito es uno de los instintos más primitivos que siempre ha acompañado al hombre y lo manifestamos ya sea por dolor o como defensa ante un peligro. En la actualidad se han creado cabinas pensadas para gritar en momentos de tensión laboral como la Scream Cabim que fue diseñada por Pen Torres y que se describe como un pequeño cubículo silencioso con audífonos y un botón rojo. El complejo hotelero Royal Hideway Sancti Petri en Chiclana, Cádiz, ha implementado una actividad llamada Shout Therapy que consiste en gritar frente al mar hasta lograr deshacerse de la tensión acumulada ya que consideran que gritar ayuda a liberar emociones reprimidas, liberar endorfinas y generar una sensación de relajación y bienestar.

La psicóloga Carmen García Rivera señala que es primordial distinguir a los gritos y los divide en dos tipos: los conscientes y los inconscientes. Los Conscientes alteran la cadena de formación racional ante una situación reconocible y que esta interiorizada como el aprendizaje previo; los inconscientes son la respuesta adaptativa a una situación que no se puede controlar como el miedo o los sustos, por lo que expone que no es lo mismo gritar como desahogo a gritar a una persona porque esto generaría un estado de violencia mutua, por esta razón algunos terapeutas recomiendan el ejercicio de gritar a solas.

La Doctora García Rivera explica que toda la información que recibimos pasa por el cerebro por una área llamada Wernicke que es la que procesa la información y cuando esta es recibida en forma de grito se va directo a la amígdala sin pasar por el cerebro, por eso cuando alguien grita o insulta se puede perder parte del contenido del mensaje y registrarse como una situación de alarma o como una situación de peligro.

Pero ¿Qué tipo de grito fué el que se llevó a cabo la noche del 15 de Septiembre de 1810?Creo que aunque se haya pensado en cualquier momento de la conspiración el grito de Hidalgo y de quienes con él se encontraban y quienes lo corearon, no fue un Grito Consciente de sus alcances ni de su contenido, no fué de algarabía y sí de desesperación; tampoco fué terapéutico para expulsar el estrés, aunque tal vez en la sabiduría de cada uno de los cuerpos vibrantes de aquél momento haya sido útil para liberarlo un tanto de la adrenalina.

Aquel grito que hoy tenemos el goce de celebrar año con año era un grito de temor, de miedo y de impotencia por siglos de opresión y por toneladas de agravios, por la necesidad de enfrentar al que tanto tiempo ha llevado encima y al que ni a los ojos puede ver por temor a ser lastimado. Ese grito no obstante fué y es hoy aún, un grito liberador, un grito que vale celebrar porque conmemora la decisión valiente de sacudirse una potencia enemiga metida en casa, adueñada de nuestra tierra, de nuestros hijos y voluntades. Contra eso vale la pena gritar…pero muy en serio.

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