Felicidad

“Felicidad: Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. Emoción que se produce en un ser vivo cuando cree haber alcanzado una meta deseada.”

El ser humano, desde que ha existido la humanidad como tal, ha buscado afanosamente lograr su felicidad.

Si consideramos que la felicidad es el haber alcanzado los objetivos propuestos, el sentirnos plenamente satisfechos y/o el disfrutar de una vida buena y plena, creo que en nuestro querido México, en el San Luis de la Patria y particularmente en la capital de este bello estado, estamos muy lejos de sentirnos felices.

Si el Presidente de la República Mexicana, el titular del poder ejecutivo, el señor Andrés Manuel López Obrador, considera que los mexicanos estamos felices, felices, felices, pues sería bueno que nos dijera en qué país vive, que país gobierna o de cual fuma.
Cuando los números duros establecen que la inseguridad va en aumento, que se han potencializado las muertes violentas en los últimos meses, que la delincuencia común y la organizada están imparables; que la tasa de desempleo alcanza niveles altos, que el índice de crecimiento económico ha sido el más bajo en la historia del siglo XX y XXI; que se denuncia públicamente el desabasto de medicinas, médicos y enfermeras en todo el sector salud y se habla de muertes producto de este desabasto, no creo que seamos felices.

Cuando el mismo Presidente reconoce que solo por sus visitas a ciertos lugares se logra el bacheo de carreteras, particularmente las federales, que se encuentran en completo deterioro, quiere decir que la felicidad de los mexicanos, solo está en su mente.

Cuando a negativa de los expendedores de combustible, de la frontera tamaulipeca, supuestamente amenazados por las bandas del crimen organizado, se niegan a cargar de gasolina y diésel a los vehículos militares y de las corporaciones policiales, y hace un “llamado para que le bajen, para que todos nos portemos bien; que ya al carajo la delincuencia, fuchi, guacala; como la corrupción, fuchi, guacala”, estamos ante un estado fallido.

Cuando los miembros de las fuerzas armadas del país, son atacados con piedras, palos, golpes y algunos casos con disparos de armas de fuego, y estos tienen que permanecen impávidos por las instrucciones superiores de no agredir al pueblo, porque “los criminales también son pueblo”, estamos frente a un deterioro de las instituciones del estado, generado por el mismo representante máximo del estado.

Cuando desde la más alta magistratura del gobierno mexicano, se le pide a los delincuentes y maleantes que “se porten bien, que piensen en sus mamacitas” y se pide al apoyo de las madres para que llamen a sus hijos criminales a que abandonen estas actividades ilícitas y se conduzcan por el buen camino, nos encontramos ante una complacencia inusitada, una violación flagrante y cómplice del estado de derecho y un debilitamiento total del tejido social.

En tanto, las cifras, los datos duros, dados a conocer por las instituciones gubernamentales que tienen la responsabilidad de medir las acciones gubernamentales, nos reflejan un aumento desmedido en las muertes violentas con antecedentes delincuenciales, de los abusos sexuales, de los feminicidios, del tráfico ilegal de inmigrantes, el alza en los delitos patrimoniales y dolosos; las muertes de agentes y mandos policiales ocasionados por los diversos carteles y bandas del crimen organizado, la liberación de delincuentes claramente señalados y acusados, por mala integración de los expedientes y procesos correspondientes. No creemos que estemos frente a la tan ansiada felicidad.

Cuando se tiene un poder legislativo, en su mayoría, sumiso al titular del poder ejecutivo; cuando entre esa mayoría busca la perpetuación en el control del poder; cuando se descubren corruptelas y violaciones reiteradas a la Carta Magna; cuando el dispendio de los recursos públicos está presente en obras asignadas solo para amigos, compañeros de partidos, compinches y previo el respetivo “moche”, no podemos decir que estamos “feliz, feliz, feliz”.

Cuando se da a conocer, con bombo y platillo, con grandes acciones mediáticas, un combate frontal al “huachicoleo” de hidrocarburos, propiedad de la paraestatal Pemex, es decir, propiedad de la nación; y a un año de ejercicio, el promotor de la felicidad mañanera, declara que se ha disminuido en un buen porcentaje este ilícito, el cual prometió acabar, y la propia paraestatal da a conocer que el “huachicoleo” sigue en la misma medida que el sexenio anterior. Pero que además, solo algunos personajes están vinculados a proceso, cuando en esta maquinación ilícita y permanente, es de todos conocido, intervinieron funcionarios federales, estatales y municipales, así como funcionarios y trabajadores sindicalizados de Pemex.

Cuando se promete y se sugiere que, se declare la Sierra de San Miguelito, pulmón y captación de agua, de la zona metropolitana de la capital de este estado, como Reserva Natural Protegida, para evitar la especulación del suelo por parte de grupos de desarrolladores inmobiliarios y preservar la flora y la fauna endémica de esta zona, y por burocratismo puro, de entorpecer este proceso y se permite la especulación inmobiliaria; no son síntomas de una felicidad deseada por la mayoría de la sociedad.
Cuando la entidad se encuentra entre los primeros lugares, a nivel nacional, de incidencia delictiva, a pesar de la presencia de la “afamada” Guardia Nacional”; cuando el rezago de las carpetas de investigación de todos los ilícitos que se denuncian es casi imposible de abatir; cuando la cifra negra delictiva rebaza el 90% de los delitos que se comenten; cuando se tiene bajo duda y sospecha al titular de la Secretaria de Seguridad Publica por denuncia publica expuesta por el que fuese titular de la Policía Estatal, no podemos decir que la población está feliz, feliz, feliz.

Cuando la ciudad esta convertida en un verdadero muladar; las calles y avenidas destrozadas,; cuando se violentan los derechos humanos de la población y hasta de funcionarios públicos por parte de la policía municipal; cuando se sostiene contra viento y marea a un Secretario General del Ayuntamiento que no conoce el municipio y a un jefe de la policía que tiene antecedentes criminales; cuando el ordenamiento del ambulantaje es selectivo; cuando se es rehén de los grupos de poder económicos; cuando ni los militantes del partido que lo llevan a la alcaldía lo soportan; no creemos que nos encontremos en un estado de felicidad o bienestar.

En concreto, el Presidente de la Republica el Sr López Obrador presento un informe de su primer año de gobierno y tercero de su mundo de esperanza, sin afrontar los grandes problemas del país; en fechas próximas de este mes, el Gobernador gris de Carreras López, presentara su cuarto informe de gobierno del cual se espera los temas de económica, seguridad y empleo sean los grandes ausente; un informe por parte del alcalde panista – perredista – navista Xavier Nava, que será cuestionado por las violaciones a los Derechos Humanos y la falta de congruencia en la recuperación del dispendio del erario municipal por las anteriores administraciones.

En tanto, la vida sigue, la inseguridad aumenta, la falta de oportunidades de empleo continua, la carencia de servicios públicos sigue latente y presente; y las mañaneras, las declaraciones lelas y bobas, la voracidad de los legisladores federales y locales; la lucha por la rectoría de la UASLP, sigue adelante y del famoso bienestar social, ni para cuando.

Cuidado, que la población exige y caudno exige, arrebata, sino hay que darle tiempo al tiempo.
Comentario 1.- A pesar de que existe una alerta de género desde hace tiempo, los feminicidios siguen en esta entidad. Tal parece que las instituciones gubernamentales de apoyo y ayuda a las mujeres, a las víctimas femeninas, no las oyen, no las ven, no las escuchan. El hecho que se hayan tenido tres muertes de mujeres con alta dosis de violencia, en escasos 4 días, es preocupante. Tal parece que San Luis Potosí y su zona metropolitana es tierra de nadie. Se reconoce el trabajo de la Fiscalía General del Estado, a través de la policía investigadora, para dar con los responsables de uno de estos horrorosos crímenes, pero queda debiendo el esclarecimiento y la vinculación a proceso de los responsables de los demás homicidios ocurridos. Instituciones como la Secretaria de Seguridad Publica (responsable de la prevención del delito); el Instituto de la Mujer, la Comisión de Atención a Víctimas, el Instituto Potosino de la Juventud; el Sistema DIF Estatal; la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y la propia Iglesia Católica, no se han podido coordinar para actuar de manera conjunta en la prevención y guarda de las mujeres potosinas. Tal parece que las féminas en esta entidad con un objeto de uso y no personas, seres humanos. ¿Hasta cuándo, hasta cuándo?
Comentario 2.- Los hechos delictivos cometidos en la cabecera municipal de Tanquían de Escobedo, en la región huasteca donde, a según de la autoridades de seguridad pública y procuración de justicia, se debieron a un enfrentamiento entre grupos antagónicos de la delincuencia organizada, dejan de manifiesto que esa región no existe la ley, ni la seguridad pública ni la tranquilidad social.

En aras de justificar la incapacidad de los cuerpo policiales, de todos los niveles de gobierno; de justificar la excesiva burocracia y la apatía por efectuar las acciones necesarias para abatir este clima de inseguridad, los voceros se han limitado a decir y declarar que todo se debe al crimen organizado.

Lógicamente que la pretensión de mayores prestaciones económicas y laborales, el requerimiento de mayor y mejor parque vehicular, de uniformes, de insumos, de días de descanso, de aumentos salariales, esos persisten y generan movilizaciones, denuncias públicas y exigencias por parte de los miembros y representantes de las corporaciones policiales, los fiscales y los peritos prevalecen; pero, si hacemos una análisis a profundidad sobre cuánto nos cuesta (a quienes pagamos impuestos) cada delincuente detenido y denunciado, procesado y sentenciado, concluiremos que nos cuesta un dineral.

Para que, por errores involuntarios o no, se violentan las garantías del debido proceso, o se integren con deficiencias las capetas de investigación, o aún más grave por ignorancia o intereses económicos ilícitos, con lo cual la confianza en las instituciones, de por sí muy deteriorada, siga en picada. Por favor, les pagan y pagan bien, pónganse a trabajar y demuestren que no están en esos cargos públicos por compadrazgo, influencia política o simple chambismo. Y si no pueden, renuncien.

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