Morena vs. Morena = Desmorenamiento

¿Quién puede vencer a Morena en este momento? Sin considerar algunas arrogancias de partidistas que son más papistas que el papa o de iracundos de berrinche prolongado, no podría ninguno de los partidos o acaso una alianza magna muy improbable por las contradicciones de intereses e ideas no sólo de dirigencias sino de grupos al interior de cada instituto político. Con los pies en la tierra, el único enemigo de cuidado en este momento para Morena es…Morena.

¿Deberá López Obrador renunciar a Morena? ¿Morena deberá cambiar de nombre? ¿Los dirigentes pensarán en recapitular alunas medidas? Hablando del tema del deterioro que suelen enfrentar los institutos políticos frente a sus propias bases y grupos casi de manera natural, sobre todo en aquellos partidos en los que más se enfatiza la libertad de expresión, opinión libre y sobre todo la participación más plena. No en todos pasa (o pasaba lo mismo) en mi experiencia, tengo claro el ejemplo del Partido Acción Nacional con reglas y candados en sus documentos básicos que acotan y mantienen mucho control sobre las expresiones que a final de cuentas son pocas y muy coincidentes ideológicamente y con representantes de capitales que poco permiten movimiento telúrico sobre su estructura, salvo en aquellos momentos en que los sacudimientos derivan de malos resultados electorales.

En el Partido Revolucionario Institucional, más allá de Estatutos y candados, lo que solía (¿o suele?) funcionar como grillete de doble bola se denominaba como disciplina o institucionalidad y hay que reconocer que estaba fundado en un pacto no escrito, costumbres que se respetaban y una esperanza más o menos motivada de recompensa en puestos de trabajo, cargos u otros intereses que solían ser atendidos.

Sin embargo, no todos los institutos ni todos los momentos son iguales y el fenómeno de la disputa interior del poder hace destrozos en mayor o menor medida para cada uno de los actores provocando, porque no decirlo, hasta su demolición. De ello pueden dar cuenta aquel PARM  (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana) PPS (Partido Popular Socialista) y otro etcétera que incluye al más actualmente desmoronamiento que observamos en la cena de negros que parece el PRD, al que se intenta rescatar con una medida que pareciera oportuna u oportunista al cambiarle de nombre y rescatando algunos modelos ya muy vistos y usados de diferentes extracciones e ideologías (si éstas aún existiesen).

El caso que nos ocupa del Partido Morena, es el de un ente político que pareciera atravesar su mejor momento pero quizá sea el más peligroso.

Avasallante en las pasadas elecciones como nunca antes se había visto, el líder real cuenta con un bono que según encuestas de esta misma semana, sigue siendo enorme, pues la población en general lo apoya plenamente, pese a los esfuerzos y persistencia de algunos columnistas y desde luego los de adversarios naturales en otros partidos. Ni los cuestionamientos sobre el aeropuerto, las guarderías, el programa de apoyo a jóvenes, ni otros han logrado, según los números, debilitar al jefe natural, que no formal de Morena.

Sin embargo, en el horizonte aparecen nubarrones amenazantes en los procesos internos de renovación de dirigencias de todos los niveles. El escándalo senatorial por la conducción de legisladores morenos y morenas que escenificaron Ricardo Monreal y Martí Batres y que parece estar empezando apenas, puede resultar un asunto menor frente a la convocatoria para renovar dirigentes que está seriamente cuestionada de inconstitucionalidad, cuando al parecer se impide la participación de afiliados generando una discriminación que establece diferencias y que habla de afiliados de primer y de segunda clase, pues solamente los afiliados antes de noviembre de 2017 podrán votar y ser votados en la próxima renovación de directivos de órganos internos y, desde luego de mayor importancia, los dirigentes estatales y el sucesor de la misma Yeidckol Polevnsky.

Acaso se trate de costumbres irredentas importadas de otros partidos inmediatos y más remotos de donde provienen buena parte de las estructuras “morenistas” actuales o quizá simplemente sea la tentación del poder; tal vez un sentimiento vengativo de frustraciones de luchas anteriores que busca ya no quien la deba sino quien la pague. O vaya usted a saber si verdaderamente hay un fundamento jurídico suficiente para rechazar esa participación, lo que deberá ser esclarecido por el Tribunal Electoral.

Pero lo cierto es que empezar así es muy riesgoso y que AMLO ha manifestado su inconformidad contra prácticas de esta naturaleza amenazando o insinuando incluso con salir de su propio partido. Reconozco públicamente simpatía y esperanza con el nuevo régimen y no cabe la ingenuidad de tener aparte el manejo del partido en el poder, por ello el comentario de esta semana lo he dedicado a dar consejos que no me pide nadie: Ordenarse antes de que la sociedad se desilusione y los rechace. Un verdadero nuevo régimen exige una nueva política, nuevas formas de ver las cosas. Nunca un aferramiento al poder. Que en alguien quepa la prudencia y el diálogo. Que no se hable de Morena contra morena porque se desmorenan.

PEDRO OLVERA / Retruécano / San Luis Potosí, S.L.P. / Agosto 30 de 2019.

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