En Tiempos de Tormenta ¿Caridad o Solidaridad?

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Por Patricia Barba Ávila/ Los Ángeles Press

“La hipocresía es el colmo de todas las maldades”:  Molière.

No cabe duda que las tormentas que simultáneamente azotaron un vasto territorio del país, siguen propiciando actividades que bien podrían ser materia de la creatividad literaria de talentos como Moliére y por otra parte, hacen necesario establecer con toda claridad las diferencias existentes entre un acto de solidaridad y uno de caridad, pues se derivan de premisas completamente distintas.

Mientras que la caridad sólo se limita a acciones que sólo son paliativos de la miseria y sufrimiento humanos sin tocar su causa, la solidaridad va más al fondo, pues quienes la practican no sólo buscan aliviar el dolor ajeno, sino que en muchas ocasiones arriesgan su propia seguridad en actividades que van a la raíz del problema para erradicar las causas de padecimientos, crisis y violaciones de derechos y, por ende, son mucho más eficaces que la caridad que sólo se queda en la superficie y que por lo mismo, es tan socorrida por las élites político-empresariales-religiosas.

La caridad vaticana, terreno fértil para el tartufismo que campea entre las clases privilegiadas en todo el mundo, se expresa hoy en toda su desnudez en México, en ocasión de la devastación generada por Ingrid y Manuel y los ejemplos están a la orden del día y un caso por demás conspicuo es el de consorcios como Televisa, cuya figura estrella de mamotretos como «Laura en América» acaba de protagonizar una de las farsicomedias más insultantes e infames que hayamos atestiguado hasta ahora: la montada en el estado de Guerrero bajo la máscara de una pretendida ayuda a las víctimas de la devastación y para la la cual le fueron brindadas a la Sra. Bozo todas las facilidades y recursos públicos que deberían haberse empleado para aliviar el sufrimiento de cientos de seres humanos que perdieron todo quedando en el total desamparo.

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Otro caso ilustrativo es el de empresas como Comercial Mexicana, entre otras, cuyos aparatos mediáticos llevan a cabo campañas lacrimógenas que explotan el sentimentalismo de millones de incautos que caen presas de la utilización inmoral y manipuladora de la desgracia de familias enteras devastadas, con el fin de aumentar su clientela y así generar pingües ganancias, además de prestarse al engaño implícito en las campañas para recibir donativos realizados por personas de buena fe que piensan que con eso es suficiente para asegurar un lugar en el paraíso celestial y/o para acallar la voz de la conciencia: la explotación del impulso solidario natural en los seres humanos, pero tergiversado y traducido en actos de caridad superficial y telenovelesca guiada y fomentada por la abyección que ha distinguido siempre a las élites que con su codicia e inmoralidad, han propiciado y fomentado la miseria en la que se debaten y pierden la vida cientos de miles de seres humanos.

Camino de San Rafael-Metlatonoc un poco antes de los derrumbes. Para llegar a Metla y Cochoapa hay que caminar un día. Foto: Josei Hernández

Camino de San Rafael-Metlatonoc un poco antes de los derrumbes. Para llegar a Metla y Cochoapa hay que caminar un día. Foto: Josei Hernández

Sólo hay que revisar los tejes manejes del multimillonario negocio disfrazado de «fundación» que impulsa el famoso Teletón, foro de iniquidad en el que se exhibe a niños y adultos con diversas discapacidades, cosificándolos para aprovecharse de la bondad de muchos televidentes de buena fe pero incautos e ignorantes de que Televisa no sólo recupera lo poco que invierte en sus acciones «caritativas» sino que recibe millones de pesos tanto de su audiencia como por la vía de la Secretaría de Hacienda a través de paraísos fiscales y de la exención del pago de impuestos por tratarse de una empresa «no lucrativa» SIC!!! No nos sorprende que las «fundaciones» sean tan preferidas de potentados como Slim, entre otros.

No se está en contra aquí de la intención de empresarios honestos para generar ganancias en sus negocios, o de el afán de políticos honrados –a punto de convertirse en piezas de museo– para encabezar acciones de auxilio y protección de sus gobernados, sino de actitudes impulsadas, por una parte, por el ansia de lucro desmedido de un megaempresariado indiferente a la desigualdad y sufrimiento y, por la otra, por una burocracia corrompida que usa el dolor para violar derechos y pisotear el marco constitucional de manera cínica, arrebatando a maestros, estudiantes, obreros, campesinos y sectores sociales agraviados, los espacios públicos para ejercer su inalienable derecho de protestar contra abusos del grupo delictivo que aquí llamamos la Costa Nostra por razones más que obvias.

Vemos con enorme preocupación que se extiende cada vez más la práctica de endilgarle a una sociedad cada vez más expoliada merced de la corrupción gubernamental, las tareas que son la obligación de los servidores públicos, como encargarse de generar los dineros para educación, vivienda, alimentación de crecientes masas de desheredados. Cada vez que acudimos a un supermercado o a un banco, nos topamos con campañas como «un kilo de frijol» o el famoso «redondeo» que se nos dice, se destina a «obras de caridad».

No le basta a la dupla político-empresarial con abrumar a trabajadores, campesinos, padres de familia, maestros, pequeños y medianos empresarios, con cargas impositivas onerosas e inmorales, sino que emplean todos los instrumentos, foros y campañas para seguir exprimiéndonos. ¿Cuánto tiempo más aguantaremos? ¿Este creciente abuso nos orillará a la unidad tan imprescindible para la lucha por la regeneración nacional?

 Autora: paty.barba50@hotmail.com

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