Nativismo, racismo y odio


Seguramente con la intención de utilizar un adjetivo que refleje mucho más dramatismo hay quienes refieren que la migración centroamericana más que eso resulta ser todo un éxodo, las recientes caravanas migrantes que cruzaron el país y los sentimientos encontrados por parte de miles de mexicanos que no saben si apoyar a nuestros hermanos centro americanos implicaba el empobrecimiento nacional o bien si las políticas humanitarias o de caridad cristiana de donde comen uno comen un millón serían suficientes para buscar resolver un problema social que no se encontraba en la agenda del gobierno actual.
Lo cierto es que el tránsito de centro américa e inclusive sur américa, ni es nuevo, ni es el más numeroso de los últimos años, la porosa frontera sur ha visto pasar millones de personas que en busca de un mejor porvenir y en el peor de los casos por sobrevivencia básica han optado por cruzar la extensa república mexicana y enfrentado un sinnúmero de eventos desgarradores que pudieran dar guion a miles de películas de cine independiente, se han rodado algunas y seguramente todas han quedado muy cortas; el caso es que la migración siempre ha estado ahí y las razones por las cuales alguien se disponga a salir de su lugar de origen con el consabido riesgo de jamás regresar puede tener diferentes versiones, la más común y la que hace mayor lógica lo es la económica, pero otra razón de la que no se habla tanto y que sin duda pudiera ser la más delicada es la que deriva de la violencia, hace no muchos años era común ver que los polleros cruzaban a los Estados Unidos a un buen número de varones adultos y algunos menores de edad, muy pocas mujeres y extraordinariamente niños, porque la pretensión era que migrara el proveedor hiciera una fortuna respetable y poder regresar al lugar de origen a pasar los últimos días, con el dolor que la separación tiene pero que el reencuentro sana, hoy el papá o la mamá temen migrar sin los hijos no solo por miedo a que padezcan hambre si no por la clara amenaza de que sus hijos sean víctimas o sean reclutados por la delincuencia cruenta de pandillas, maras y demás organizaciones delincuenciales que operan y asolan a los países centroamericanos, por esas razones entre probablemente otras, es que nuestros vecinos deciden migrar ya no solamente uno, si no la familia entera y ante los abusos y problemas que suceden si lo hacen en grupos muy pequeños, ya que una vez franqueado el Suchiate las peripecias y abusos apenas comienzan con la delincuencia organizada mexicana y las autoridades corruptas que abundan y complican aún más su de por si complicado tránsito, el que ahora viajen matrimonios e hijos al mismo tiempo y lo hagan en contingentes numerosos tienen una razón de origen y otra de tránsito, es protección colectiva, visibilizarse los expone pero a la vez los protege.
La agenda migratoria no era un tema que al Presidente Andrés Manuel le llamara la atención, fue un tema que de manera abusiva y perversa como suele pasar con todas las intenciones de los presidentes norteamericanos se colocó como parte de agenda bilateral y nos pusieron a hacer talacha, se atendió con el escaso margen de maniobra con que se cuenta, pero ahí no hay mucho que hacer, lo que le vuelve a dar un respiro y que desgraciadamente no se ha concretado al menos de manera contundente fueron los lamentables acontecimientos de El Paso Texas, donde un mozalbete estúpido prejuicioso y cargado de maldad, odio, resentimiento pero sobretodo ignorancia descargó una escopeta en un centro comercial contra varios clientes a quienes el genotipo le parecieran mexicanos, ahora en proceso judicial y con la timorata solicitud para ser extraditado, confiesa que efectivamente su intención era ejecutar al mayor número posible de migrantes mexicanos porque lo consideraba adecuado y en una de esas hasta patriota.
No es producto de la casualidad el comportamiento del desquiciado ese, la constante y clara referencia que hace Donald Trump al nativismo que desde luego no forma parte de él pero lo invoca, el racismo que ejerce sin ningún pudor y que además celebra y el odio para quienes no comulguen con él, ha exacerbado la animadversión que el norteamericano que se asume originario aunque no lo sea tiene para el resto de las comunidades que se encuentran habitando en el mismo territorio; la oportunidad para plantarse y replantear todas las políticas sociales y por qué no las económicas de México con USA, podrían hilvanarse desde los lamentables acontecimientos de El Paso, lanzar una política de tolerancia muy fuerte que resuene por todos lados y sobre todo allá, exigir que matice su vocabulario y sus expresiones de intolerancia al némesis que el mismo se fabricó en la campaña para ganar las elecciones como lo fue la comunidad latina radicada en suelo norteamericano, el señor debe de dejar de usarnos como bandera y trampolín para su reelección, porque de lo contrario los casos como el de Texas se seguirán multiplicando, ojo, el odio y la intolerancia no solo puede tener razones étnicas y no solo camina en un sentido, aquí también tenemos y tendremos lo nuestro si seguimos dividendo al país, los fanatismos siempre han tenido consecuencias trágicas y la historia no miente, dejemos fuera la intolerancia, la violencia y el odio.

HUITZI ORTEGA PÉREZ / Tepantlahtoani / San Luis Potosí, S.L.P. / Agosto 12 de 2019.

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