50 años de andar en la luna

“Que no le digan, que no le cuenten que la luna es de queso… mejor llévese tres pantaletas por un peso”; este dicho popular se ubica, calculando el valor adquisitivo de nuestra moneda, a mediados de los años sesentas, sin considerar a fondo desde luego, el valor de las pantaletas que al parecer es muy variable de acuerdo con su calidad, color y hasta el glamour que puedan generar; lo cierto es que en esa década ese dicho se repetía en los mercados y plazas de nuestro país, mientras los americanos y rusos mantenían sordamente aquella famosa guerra fría en la que se mostraban recíprocamente músculo (armas) unos a otros y se blofeaba sobre presuntos poderíos potenciales.

No obstante, la desaparecida Unión Soviética –aunque poco nos permitían saberlo- estaba a la vanguardia de la aeronáutica espacial y eso representaba la mayor fuerza de acuerdo con las precepciones más simples y pese a la poca información que se tenía en aquellas fechas sobre todo en Latinoamérica. Rusia o mejor dicho URSSS había conquistado antes que nadie el espacio exterior y cualquier amague tecnológico del que hiciera alarde no tenía los mismos alcances que demostrando un expertis suficiente para logros apocalípticos, que sin llegar a la luna resultaban, de suyo y tristemente, muy ciertos aunque poco dimensionados por la ingenua mayoría del globo terráqueo. Por ello había que “demostrar” trascendencias superiores a lo terrenal, distancias científicas sin parámetros ni mediciones experimentadas aún por el ser humano. Con los rusos había que “poner tierra de por medio” o, mejor aún, “poner luna de por medio”.

En esos años en que la comunicación era mucho menor que ahora, pues los celulares o telefonía móvil y remota sólo se manejaba fantaseando en programas de comedia como el de aquel personaje “súper agente 86” que se quitaba el zapato y discutía con su jefe haciendo reír e imaginar a los todavía escasos televidentes; o bien el célebre James Bond, quien siempre ha ido como punta de lanza de la tecnología oculta y misteriosa de los ingleses y aliados gringos; resultaba inimaginable, pese a los anuncios de un programa espacial de la NASA, una comunicación a tan lejana distancia como la que existe (y no he recorrido aún) entre la tierra y la luna; un pensamiento así resultaba tan remoto como nuestro romántico satélite llamado luna; tan romántico como el dogma de fé malinchista en el que creen millones conquistados culturalmente por los trucos hollywoodenses; unos millones menos que los que no creen y se formulan de cuando en cuando preguntas como estas:¿Por qué no volvemos a ir después de tantos años? ¿No es más caro tanto armamento, espionaje y proteccionismo que otro viaje a la luna? ¿No resultó más gravoso hacer una película tendenciosa a consolidar la confianza o creencia de muchos que volver a viajar a la luna? ¿A caso la “recorrimos” toda como para ponerle nombres a cada cráter? ¿Sólo se trató de un montaje? ¿No habrían muerto Neil Armstrong y Buzz Aldrin con temperaturas que llegan a los 120°C? ¿Si hay trajes tan resistentes desde entonces porque no se utilizaron en diversos siniestros ocurridos? ¿Dónde quedaron las estrellas? ¿De dónde salió tanta luz y luego tantas sombras y tanto viento? ¿Cómo es que tan superiores, los americanos siguen llegando y rentando espacio en la estación espacial rusa? ¿Por qué murieron tan pronto y en circunstancias tan extrañas dos astronautas y otro perdió la razón? Además de otras muchas.

En 1969 menos del 5% de los estadounidenses dudaban de la veracidad de la misión, para 1993 ese porcentaje había aumentado casi al 50% según Gallup, sin embargo en 1999, después de la película Apolo 13 de 1995, los descreídos volvieron a regresar al 6 o 7%; para el 2009 el 25% de los británicos no creían en tal evento, según TNS. Y el 57% de los rusos persisten en dudarlo en 2018. En general los europeos se permiten dudar y hasta reír un poco cuando se les toca el tema.

Al parecer, como otras cosas, a partir de “la llegada del hombre a la luna” el evento propició la venta de múltiples artículos como: Purificadores de gua, tenis flexibles, estables y que absorben los golpes, desfibriladores implantables, aspiradores y taladros sin cables, termómetro de mercurio, pañales desechables, monitores cardíacos, lentes de contacto, alimentos deshidratados, etc.

Tranquilizó un poco a los aliados gringos y nos entusiasmó a muchos jóvenes y niños como yo en aquel entonces. No sé cuántos pero si son muchos los que después, en uso pleno de la razón y sin comprobación científica alguna sobre el hecho, nos sentimos engañados.
Si se trata de andar en la luna o de ser románticos yo me quedo con el “Súper agente 86”, James Bond o mejor aún con Santo el enmascarado de plata que se daba el lujo de llamar por su reloj de pulsera y hasta la mismísima Atlántida a su noble y no menos poderoso compañero Blue Demon; recuerde aquella singular llamada de auxilio: “valiendo madre llamado al santo”.

2 Comments

  1. Good bⅼog you’ve got here.. It’s diffісult tto find good գuality
    writing ⅼike ʏour nowadаys. I truly appreciate individuals like уou!
    Take care!!

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