Desnormalizar la Violencia en las Calles

Un beso tronado de un desconocido pasando a mi lado en la calle me hizo recordar la lucha que comparto con otras mujeres. Un beso que me paralizó por unos segundos y que me hizo temblar de miedo y desconcierto. Una agresión cuando apenas comienza mi día y he caminado unos pasos desde mi casa.

Si bien no todos los días recibo este tipo de agresiones de parte de extraños, siguen siendo demasiadas e innecesarias. Me pregunto: ¿en qué momento mi cuerpo y mi seguridad se volvieron dependientes de lo que me dicen o me hacen los hombres extraños en la calle?

Las llaves entre los dedos, el puño cerrado, gas pimienta a la mano y pasos acelerados se han vuelto parte de mi día a día.

“No les contestes, no los retes”. ¿Por qué no? “Te pueden hacer algo, cuidado”. Pero es que ya me lo están haciendo.

Miradas que desvisten y que comen, miradas no deseadas, miradas de extraños. Voy junto a mi padre caminando y un tipo no deja de verme, las piernas, el pecho, mi cuerpo. “¿Que me ves?” Mi padre ni siquiera se da cuenta, cuando se lo hago saber me responde “no me di cuenta”; tan normal, tan cotidiano.

Hace calor y no paro de sudar, me pongo un vestido y voy rumbo a un bar caminando, un vestido holgado, enseño mis piernas y mis brazos. Un desconocido en la otra acera no para de verme, cuando se acerca se detiene y se queda quieto sin decir nada, solo viéndome. “¿Qué?”. Enojada, molesta y sobre todo asustada, acelero el paso, me volteó en la esquina para asegurarme de que no me siga, está en el mismo punto, viéndome, solo viéndome. Cambio mi camino, empiezo a caminar las calles en zigzag aceleradamente, volteando constantemente.

“Bonita”, me dice un desconocido, voy caminando al trabajo por la mañana con la playera que tiene los logos, me los tapo inmediatamente, acelero el paso.

Voy caminando, doblo en la esquina, un tipo en una moto trata de atropellarme y se ríe, el policía platicando con su compañero sin hacer nada. “¿Qué no viste que casi me atropella?”. Se sube a su moto y simula perseguirlo.

“Eres un sol”, me quedo desconcertada y sigo caminando; aun así, con una frase sin sentido y “no agresiva”, me siento agredida.

Voy caminando, con mi bolsa en una mano y mi lonchera en la otra, voy rumbo al trabajo. Se aproxima una camioneta obscura, pasa a mi lado y escucho un beso tronado, me paralizo, tiemblo y por inercia levanto mi mano y le “pinto el dedo”, no volteo, tengo miedo, coraje y comienzo a recordar todas las agresiones que he vivido por violencia machista.

No estoy segura que mis respuestas ante esta violencia han sido las adecuadas, solo quiero hacer notar mi descontento, que seguramente comparten otras mujeres. Deseo que podamos desnormalizar la violencia machista en las calles y que historias cotidianas como las que plasmo aquí puedan resonar a los oídos de las personas que tienen estas prácticas, que sin exagerar: son violentas.

No es normal y tiene que dejar de parecer que lo es.

Twitter: @danielaolro

DANIELA OLVERA / Sociedad volátil / San Luis Potosí, S.L.P. / Julio 9 de 2019.

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