Cada uno sabe la batalla por la que lucha

Cada vida es diferente, Cada uno lleva su carga a cuestas, Cada uno sabe la batalla por la que lucha, pero todos tenemos a alguien en común que no hace distinción ni física, ni social, ni económica, Dios, él es bueno contigo, conmigo y con todos, su misericordia es tan grande que nos regala siempre un nuevo amanecer.

¿Quién soy cuando nadie me está viendo? ¿Qué cosas hago cuando no me van a felicitar, cuando no me van a agradecer? Estas son algunas preguntas importantes que debemos hacernos en algún momento de nuestra vida. ¿Cómo actúo cuando eso que estoy haciendo nadie se va a dar cuenta? La respuesta a esas preguntas, dan por resultado exactamente lo que es mi verdadera identidad, entonces te das cuenta cuando cada uno sabe la batalla por la que lucha.

Recuerdas lo que es la educación, recuerdas que es conocimiento del derecho de las personas a ser tratadas y amadas como Tal y no usadas como cosas, en ese recuerdo te dice que pudiendo robar no robas, pudiéndote pasar el semáforo en rojo no te lo pasas, das las gracias cuando una persona te da o te hace un servicio, etc. Cada uno sabe la batalla por la que lucha. Resulta muy común que en términos de matrimonio, cada miembro de la pareja atribuya al otro la mayor parte, si no toda, la responsabilidad sobre los problemas de pareja, llegando a veces a convertirse en un círculo vicioso interminable que no soluciona sino empeora la situación.

Formulaciones tales como “si ella hiciera esto”, “si él cambiara su forma de ser“, “si él dejara de tomar “o “si ella fuese más cariñosa”, sólo demuestran lo fácil que resulta atribuirle al otro la responsabilidad del problema. Cabe resaltar que se usa la palabra “responsabilidad” de forma deliberada a fin de no confundirla con la “culpa”, la cual tiene connotaciones negativas implícitas desde el punto de vista psicológico. Tiene que ver también con el “¿Cómo me trata?”

Cada uno sabe la batalla por la que lucha. Toda pareja, al estar conformada por dos personas, implica la responsabilidad compartida en los problemas o conflictos que ambos generan. En el proceso de resolver diferencias entre la pareja, resulta indispensable que cada individuo tome consciencia, desde una perspectiva sistémica, de su responsabilidad sobre lo que está sucediendo, en vez de querer “tener la razón” o buscar la responsabilidad del otro.

Claro está que para que esta estrategia funcione, ambos tienen que asumir su responsabilidad, ya que si es una sola persona la que asume su responsabilidad, se corre el riesgo de establecer un vínculo desigual por parte de quien no la asume.Recuerdo muy bien la forma en que en uno de mis artículos recientes definía quienes eran los sordos, y lo hacía preguntando ¿Quiénes son los sordos? Los que siempre tienen la razón, independientemente de lo que vayamos a hablar, yo tengo la razón, y siempre te lo he demostrado.

Siempre te gano. Por ahí leí en una ocasión, que el matrimonio es una relación entre dos personas, e la que una siempre tiene la razón y la otra es el marido. Revisa si esta no es tu situación en tu casa. Y fíjate, cuando te cueste ceder, tu piensa esto, gana todas las discusiones, y perderás el corazón de tu marido, de tu esposa, de tu pareja; pierde las discusiones, ganaras el corazón de tu marido, de tu esposa, de tu pareja.

En este proceso, donde las discusiones son frecuentes, es recomendable hacerse constantemente las siguientes preguntas: primero, ¿Cuál es mi responsabilidad en esta situación? Segundo. ¿Qué pude haber hecho diferente para que esto no sucediera? Y tercero. ¿Qué puedo hacer ahora para evitar que el problema continúe?

Estas tres preguntas facilitan la toma de consciencia acerca de la responsabilidad personal en el problema, permitiendo asumirla y reactivando inmediatamente el proceso de comunicación efectiva, mientras que se diluye el efecto negativo de la comunicación defensiva generada al “acusar” o “culpar” de los sordos, al otro de la responsabilidad que tiene en el problema. Cada vez que le atribuimos la responsabilidad de una situación a otra persona, la reacción inicial de esa persona va ser defenderse, y en la defensa no hay encuentro sino alejamiento.

Cada uno sabe la batalla por la que lucha. Es cierto que resulta más fácil encontrar “culpables” a nuestros problemas, pero mientras no seamos conscientes de que nuestras acciones constituyen un todo sistémico que influye el contexto de pareja y lo asumamos como tal, será difícil aprender a vivir en pareja de manera armónica, esto último me recuerda una anécdota que le pasa muy seguido a las personas sordas de esas que he definido anteriormente.

Pues resulta que un hombre sube a su auto y hecha reversa y al hacerlo zaz, le pega a un poste, inmediatamente baja del auto camina hacia la parte de atrás del vehículo y mira el poste, mira el golpe del auto y dice “pinche poste”, claro él no fue el culpable, tenía que encontrar un culpable y culpo al poste, no a su ineptitud, es por eso que muchas persona siempre buscan un poste a quien culpar de sus mediocridades.

Cada uno sabe la batalla por la que lucha. Vivir en pareja se asemeja a la experiencia de ser padre o madre en el sentido de que sólo se aprende a vivir en pareja haciéndolo. No obstante, eso no excluye la posibilidad de formular estrategias que faciliten ese proceso. En este sentido, si cada miembro asume su “responsabilidad” y se dispone al cambio, en vez de esperar que cambie su pareja, la posibilidad de mejorar la relación aumenta automáticamente.

El amor es necesario – pero no suficiente – para mantener una pareja. Hace falta consciencia acerca de la responsabilidad personal de cada individuo que conforma la relación, tomando en cuenta las limitaciones y potencialidades de cada cual y manteniendo una disposición constante y honesta para la comunicación efectiva y la búsqueda de acuerdos. La persona que ama tiene una llama en el corazón, y la que ama y sufre tiene el corazón en llamas. Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, lo preocupante es la indiferencia de los buenos,y este tipo de casos se da mucho en los matrimonios.

En las discusiones La mayoría de las personas piensan que hay que evitar las discusiones en la relación de pareja, pero la realidad es que a través de las discusiones y el manejo de las diferencias, las parejas pueden crecer. Lo importante es aprender a negociar y a llegar a acuerdos. Si la pareja abre un tema para la discusión, es recomendable agotar el tema y llegar a acuerdos, para no volver a discutir sobre lo mismo, lo cual resulta contra productivo y agotador para la relación. Se puede discutir tantas veces como sea necesario, pero no sobre el mismo tema. Tema abordado, tema negociado y cerrado.

Cada uno sabe la batalla por la que lucha. Lo importante es aprender a negociar y a llegar a acuerdos ¿Sabes quiénes son los sordos en un matrimonio? sordos y sordas; quienes no quieren escuchar, quienes no saben escuchar, y quienes ya no pueden escuchar. A fuerza de no querer y no saber ya no pueden, y esto es tremendo No escuchar, no sabes el daño que le haces al matrimonio, ¿a quién más le haces daño? Consejo para los señores, los hombres, a la mujer hay que escucharla todos los días, o por lo menos cada vez que te lo pida, escúchala siempre, una mujer que se siente escuchada se siente amada. No te pide que le soluciones la vida, solo quiere que la escuches,

¿Qué hacer con gente insoportable?, es decir, con gente espina, gente a veces llamada toxica, pues la respuesta es que hay que aprender a ser humilde, aprender a ser paciente, aprender a ser tolerable, aprender a convivir con el compañero o compañera insoportable, porque hasta pudiera ser una hija o hijo nuestro, o ese ser insoportable podría ser mi cónyuge. En todo momento debemos aprender a mirar a ese ser insoportable con los ojos amorosos de la Virgen María, porque ella, siendo inmaculada miraba con ojos amorosos a cada insoportable, dándonos el ejemplo para ser humildes como San Martin de Porres, y no soberbios como el demonio.

Entonces mira, lo más difícil de negociar son los valores de la pareja. Andres Almandoz Redneris, psicoterapeuta sustenta que, cada persona tiene sus valores personales sobre la vida, el éxito, el dinero, la forma de criar a los hijos, el amor, la fidelidad, la honestidad, el trabajo, EL RESPETO, etc. Los valores están arraigados de manera profunda en cada individuo, muchas veces de manera inconsciente y automática.

Mira en todo momento cada una de las personas tienden a defender sus valores personales y la mayoría de las veces no están dispuestas a negociarlos. Sin embargo, toda pareja requiere, como equipo, crear sus valores como pareja para permitir que la relación fluya armónicamente, especialmente si la pareja tiene hijos. Ambos deben darle una sola cara a sus hijos y acordar un conjunto de valores comunes que le sirven al niño/a de referencia sólida para facilitar su proceso de arraigo y conformar su personalidad.

Cada uno sabe la batalla por la que lucha. Resulta útil solicitar la ayuda de un profesional para aprender a manejar las diferencias y buscar los puntos de acuerdo, sin embargo, si cada uno está dispuesto a identificar su responsabilidad y negociar, el proceso se facilita significativamente, porque Aprender a vivir en pareja no es fácil: Requiere trabajo, compromiso, amor y tiempo, pero sobre todo responsabilidad, la responsabilidad de asumir los miedos, las limitaciones, las carencias, las creencias irracionales, los errores y las incongruencias personales para crecer como persona y construir una alianza de vida basada en la confianza, la aceptación del otro y el RESPETO mutuo.

Cada uno sabe la batalla por la que lucha ¿Qué es lo que aprecia más una mujer? Para comentarles que es lo más aprecia una mujer les voy a platicar un cuentito que parte de una leyenda inglesa, y para ello voy a parafrasear parte de una conferencia magistral llamada “Mujer y Hombre binomio para triunfar” de mi maestro Miguel Ángel Cornejo. Bien pues mira, en este cuentito resulta que el rey Arturo, estaba hechizado, estaba a punto de morir, estaba postrado en su cama, agonizando, el rey estaba al borde de la muerte, y un príncipe muy elegante, con un gran porte y que amaba mucho a su rey, pregunto al sabio Merlín ¿Cómo salvamos la vida del rey? Y Merlín, el sabio le contesto, la única persona que puede romper el hechizo y sabe cómo es la Mucus Verdis, es una bruja que vive en la selva negra.

Entonces el príncipe se fue en su corcel y todo lo demás, y llego a un bosque oscuro, asqueroso, lleno de ratas, tarántulas, arañas, y encontró a la bruja, ¿Por qué se llamaba Mucus Verdis?, pues imagínese usted un moco grandotote, enorme, fea, babosa, asquerosa; le dijo madame Mucus, si, dígame, quiero salvar al rey, ¿Cómo le hago?, muy simple, le dijo la Mocus Verdis te tienes que casar conmigo. Oiga y ¿Con eso se rompe el hechizo?, si con eso se rompe el hechizo, pero, necesito que sea a las doce del día, que venga otros reyes pares del rey, que estén todos los condes, vizcondes y duques, y quiero una recepción de lo más lujosa que venga la gente más bella y más guapa del reino, tienen que estar en esa boda.

Regresa el príncipe al palacio y le dice rey me voy a casar con Mocus Verdis. No, no como va a ser posible, y le dice el príncipe con Mocus Verdis, y por favor respétela porque es mi mujer. Llega el día de la boda y aparece el moco aquel caminando, el príncipe la lleva al altar, se casan, ella pasa a la recamara nupcial ya de noche; y de pronto entra el príncipe y se encuentra a una hermosísima princesa, y dice, ¿Qué pasó con la Mocus Verdis?, ¿Dónde está?, no, soy yo, nada más que yo también estoy hechizada, y aquí hay un problema muy grave, tú tienes que decidir cómo me quieres tener, como princesa o como Mocus Verdis, nada más que medio día soy Moco y medio día soy princesa, dice ella, tu decide.

El príncipe se quedó pensando y dijo no, te respeto demasiado tu decídelo, y en ese momento el hechizo se rompió para siempre, quedo siendo princesa las 24 horas del día, porque explico la princesa, si yo también estaba hechizada. Tenía que encontrar varias cosas, número uno, un príncipe, número dos, que se casara conmigo, y número tres, lo más difícil, que una mujer puede lograr de un hombre, por eso era casi imposible encontrarlo, alguien que me respetara, y tú me has respetado desde el primer día, y por eso el hechizo se acabó. Mujer y Hombre binomio para triunfar Cada uno sabe la batalla por la que lucha para mejorar su convivencia y mantener sano su matrimonio.

El amor del príncipe a su rey y después el amor de un príncipe hacia Mocus verdis, va mucho más allá de lo que te imaginas, pues vaya que en momentos de la prueba se ve de que estamos hechos, si bien de congruencia o bien de palabras el amor va más allá de haber puesto en mi vida a alguien tan especial y único como tú. Cada uno sabe la batalla por la que lucha.

Entre Griegos y Troyanos
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
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Cada uno sabe la batalla por la que lucha.

1 Comment

  1. Excelente diferenciación entre responsabilidad y culpa para quitarse la carga psicologica. Y en una relación de pareja cuando deja de existir ganador y perdedor perdura . Eso es lo dificil. Al celebrarse un compromiso de pareja se dice es un aceptar que debe significar que soy consciente de la convivencia cercana con OTRO OTRA que no soy YO por lo que puede tener idiologias, cargas vivenciales y geneticas completamente diferentes que estoy aceptando como sus diferencias. Solo en temas comunes como los hijos es donde se puede llegar a puntos comunes en cuanto a como se le va a tratar y aun ahi es dificil más no imposible. Estar a gusto en toda relación humana es aceptar el engranaje conflictivo del OTRO, OTRA al no lograrlo crea problematicas desde pequeñas hasta daño a terceras personas (ejem. hijos) o septaraciones.

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