Lento para la ira y abundante en misericordia

Lento para la ira y abundante en misericordia

¿A qué te suena esta frase? te sabrá soportar cuando en lugar de ser flor, seas espina, ¿Eres capaz de controlar la ira en un momento de crisis? ¿Eres lo suficientemente misericordioso para con tus enemigos? El amor va mucho más allá de lo que te imaginas, pues vaya que en momentos de la prueba se ve de que estamos hechos, si bien de congruencia o bien de palabras el amor va más allá de haber puesto en mi vida a alguien tan especial y único como tú.

Lento para la ira y abundante en misericordia. El enunciado “Me sabrá soportar cuando, en lugar de ser flor, sea espina” trae a mi mente ese evangelio de mi evangelista preferido San Mateo (Mt 13,24-43), que tiene que ver con Vivir al lado de la cizaña, es decir con la semilla buena, ser flor y con la cizaña, ser espina. La semilla buena y la cizaña juntas, comparemos, “El Reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo, pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue, cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.

Los siervos del amo en el Evangelio se acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?”. Él les contestó: “Algún enemigo ha hecho esto”. ¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla? Dijeron los siervos, “No, dijo el Señor, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo”. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega.

Lento para la ira y abundante en misericordia. Explicando la parábola de la cizaña del campo, podemos concluir que “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; (La Flor) el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; (La Espina) el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles, de la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.

Lento para la ira y abundante en misericordia. En la presente reflexión, Cristo nos habla abiertamente del combate entre el bien y el mal en nuestra vida. El Fruto de esta reflexión es desterrar de nuestros pensamientos la cizaña de pensamientos malos y la maledicencia de nuestras palabras, para que siempre venza el bien por encima del mal en nuestra vida. Para poder asegurarme de que me sabrá soportar cuando, en lugar de ser flor, sea espina.

Siempre hay que recordar ser lento para la ira y abundante en misericordia. Cuando te fijes en las faltas de una persona, piensa: «Hoy es tu turno; mañana será mío, a menos que la gracia divina me sostenga» El diablo nos permite ver las faltas del otro para que, en lugar de querer ayudar, comencemos a juzgar sus almas y condenarlas.

Cuidado con la trampa del diablo que Dios mostró a Santa Catalina de Siena. Catalina lo admitió a Dios, diciendo: “Me diste medicina contra una enfermedad oculta que no había reconocido, enseñándome que nunca puedo juzgar a ninguna persona, porque yo, ciego y débil como estaba de esta enfermedad, a menudo he juzgado a otros bajo el pretexto de trabajar por tu honor y su salvación“. Si nos enfrentamos a la verdad acerca de nosotros mismos y experimentamos nuestras propias luchas diarias con el pecado, es menos probable que nos establezcamos en el juicio sobre otros. Por eso, hay que ser lento para la ira y abundante en misericordia.

Si verdaderamente reconocemos cuánto necesitamos la misericordia de Dios, si experimentamos su perdón y su poder sanador en nuestras propias vidas, entonces nuestros corazones serán mucho más compasivos cuando encontremos las faltas de otras personas. Jesús nos invita a asumir el corazón misericordioso de Dios: “Sean misericordiosos, como también su Padre es misericordioso” (Lucas 6,36). La Biblia describe a nuestro Dios como “misericordioso, lento para la ira y abundante en misericordia” (Salmo 103, 8). ¿Reflejamos tal paciencia y misericordia?

Sin aprobar de ninguna manera el comportamiento pecaminoso, Jesús nos desafía a examinar si nuestros corazones están llenos de compasión por aquellos cuyas vidas no son perfectas: ¿Tenemos un deseo sin fin de mostrar misericordia? ¿O somos rápidos en criticar y condenar? Que dura pregunta, ¿Eres capaz de controlar la ira en un momento de crisis? ¿Eres lo suficientemente misericordioso para con tus enemigos? Por eso, hay que ser lento para la ira y abundante en misericordia. Si hemos experimentado lo paciente y gentil que es Dios con nuestras debilidades, entonces vamos a ser más misericordiosos con los demás.

Es por eso que Santa Catalina aprendió que cuando nos fijamos en las faltas de una persona, debemos decirnos: “Hoy es tu turno; mañana será mío, a menos que la gracia divina me sostenga“. Pero si tendemos a responder a las faltas de los demás con la condena y no la compasión, puede ser porque nosotros mismos tenemos un serio problema moral. Podría ser porque no hemos llegado a un acuerdo con nuestras propias debilidades y pecados y experimentado la misericordia de Dios.

¿Qué hacer con gente insoportable?, es decir, con gente espina, pues la respuesta es que hay que aprender a ser humilde, aprender a ser paciente, aprender a ser tolerable, aprender a convivir con el compañero o compañera insoportable, porque hasta pudiera ser una hija o hijo nuestro, o ese ser insoportable podría ser mi cónyuge. En todo momento debemos aprender a mirar a ese ser insoportable con los ojos amorosos de la Virgen María, porque ella, siendo inmaculada miraba con ojos amorosos a cada insoportable, dándonos el ejemplo para ser humildes como San Martin de Porres, y no soberbios como el demonio.

Dándonos el ejemplo para ser paciente, para ser tolerante, como lo es Dios con nosotros, para aprender a convivir con el insoportable, porque que gracia tiene convivir con quien me cae bien, eso no te hace fuerte como persona, no creces. En todo momento debemos aprender a mira con los ojos amorosos de la virgen María a ese ser insoportable para saber convivir con los compañeros insoportables que te llenan el buche de piedritas, para saber convivir con el insoportable del comerciante, del vendedor, del vecino que barre y arroja la basura hacia nuestra casa, del profesor, de tu alumno, de las suegras, de las nueras, de un hermano o una hermana, hasta de una tía, etc., cualquiera de ellos puede ser el  insoportable.

¿Sabes quién es ese insoportable?, pues nada más ni nada menos que es el diablo, es la espina, es una cizaña que espera ser complacido por ti en el momento en que mandas a la porra al insoportable porque ya te hartó, ya te hizo perder la paciencia, ya te lleno el buche de piedritas, ya perdiste la humildad, y sabes porqué porque has dejado de mirar a tu prójimo con los ojos amorosos de la Virgen María, eso es exactamente lo que hay.

Ahora sobre el sufrimiento, parafraseando a Eckhart Tolle, nos dice: Si no hubieras sufrido como has sufrido al lado de un insoportable, o de una cizaña o de una espina, no tendrías la profundidad como ser humano, ni humildad, ni compasión. El sufrimiento abre el caparazón de ego, pero llega un momento en que ya ha cumplido su propósito. El sufrimiento es necesario hasta que te das cuenta de que es innecesario, porque creciste fuerte con el insoportable, con una cizaña o con una espina, igual que el trigo de la Parábola del Evangelio.

En todo momento debemos aprender a mirar a ese ser insoportable con los ojos amorosos de la Virgen María, ella siendo inmaculada miraba con ojos amorosos a cada insoportable, dándonos el ejemplo para ser humildes como San Martin de Porres, y no soberbios como el demonio, dándonos el ejemplo para ser paciente, para ser tolerante, como lo es Dios con nosotros, para aprender a convivir con el insoportable, porque que gracia tiene convivir con quien me cae bien, eso no te hace fuerte como persona, no creces.

Ahora Piensa un poco y reflexiona conmigo, mira a la mayoría de nosotros no nos gusta estar solos por largo tiempo, de hecho, no hemos sido creados para vivir en el aislamiento, desde el comienzo, Dios dijo. “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). Pero, a veces, hay situaciones en la vida que nos aíslan, o quizás simplemente nos sentimos solos, a pesar de que vivamos con nuestro cónyuge o la familia, pero, cualquiera que sea su situación, si tienes a Cristo en tu corazón, nunca estás solo, pero cuidado si es el indeseable el que tienes a tu lado.

Sabiendo que sus seguidores podrían sentirse abandonados después de su crucifixión y su ascensión, Jesús prometió enviarles un Ayudador que nunca los dejaría: el Espíritu de verdad. El mismo Espíritu que vino a ellos el día de Pentecostés aún permanece dentro de cada creyente. Él ha sido enviado para que camine junto a nosotros como nuestro consolador, capacitador y guía. El Espíritu Santo, a diferencia de los seres humanos, es perfectamente competente para satisfacer todas nuestras necesidades. Puesto que nos conoce íntimamente, puede consolarnos en el dolor y en las pérdidas, cuando nadie más puede hacerlo.

Cada vez que nos encontramos en un dilema, Él sabe exactamente lo que debemos hacer. Ya que el futuro está descubierto delante de sus ojos, está al tanto de todos los detalles que nos preocupan. Y promete guiarnos a cada paso del camino, calmando nuestros temores y venciendo nuestras deficiencias, porque hemos sido creados por Dios, solo por medio de su Espíritu estamos completos, Él es la solución definitiva a la soledad del hombre: siempre está disponible y nunca nos dejará ni desamparará, cuando otros nos defraudan, el Consolador está presente para recordarnos que no estamos solos.

El amor va mucho más allá de lo que te imaginas, Pues vaya que en momentos de la prueba se ve de que estamos hechos, si bien de congruencia o bien de palabras el amor va más allá de haber puesto en mi vida a alguien tan especial y único como tú. Nuevos caminos nos esperan, nuevas metas llegan a nuestras vidas, mira hacia el frente y ve cómo Dios ilumina todo y da lo que necesitamos para el camino. Confía. Señor Jesús, hoy vengo a pedirte que, bajo tu protección me hagas invencible, muchos son los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos. El compendio de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos.

Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras. (Salmo 118)

Señor Jesús, hoy vengo a pedirte que, bajo tu protección me hagas invencible y que detengas a mis enemigos para que todo lo que hagan sea en vano y que nada ni nadie puede dañarme. Padre amado, te pido que mis adversarios cambien su camino y que sus almas vean el lado bueno de las cosas para que no quieran hacer el mal. Te pido, divino Jesús, que alejes al enemigo declarado y al enemigo oculto y con oraciones ayudes a que encuentren el camino a ti.

En todo momento debemos aprender a mirar a ese ser insoportable con los ojos amorosos de la Virgen María, No guardo rencor Jesús, pero si temo, temo por el daño que puedan hacerme. Dios justo, Dios de hombres que sufren y hombres felices a los cuales has dado vida. Ayúdame, y ayúdalos a encontrar el sendero. Aleja a mis enemigos para que las espinas no me claven la piel, para que sus palabras no dañen mi reputación ni sus malos deseos deterioren mi fe. Aprende a observar lo que te rodea, hasta de las cosas malas podrás aprender algo.

Junio 10, 2019

Entre Griegos y Troyanos

Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García

E-Mail: ferdelafuenteg@gmail.com

Facebook: Fernando delaFuente García

Twitter: @FerranFercho

WhatsApp: 4444-16-9864

Lento para la ira y abundante en misericordia

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.