República del surrealismo

“No pienso regresar a México, no soporto estar en un país más surrealista que yo mismo”. Esa fue la respuesta que le dio Salvador Dalí a Jacobo Zabludovsky en una entrevista televisada allá por los años 70´s. Y es que en efecto aquel genio sabía –y nosotros somos conscientes- que en México ocurren cosas que en otra latitudes no tendrían lugar; hechos en los que dejamos de lado cualquier tipo de control racional, tal como lo expresaría algún psicoanalista o como lo definiría alguno de los seguidores de aquel movimiento artístico surgido en Europa al término de la Primera Guerra Mundial. ¿A qué se refería Dalí? Claro que no se refería a la parte literaria, ni a la pintura ni a la escultura u otras partes afectadas venturosamente por aquella corriente artística, aunque muchos de los surrealista como Sir Edward James y Leonora Carrington vinieron a refugiarse y a relajarse en las bondades y natural anfitrión de nuestro suelo y nuestro temperamento. No era seguramente aquello a lo que el genio de Dalí estaba aludiendo, sino a las circunstancias y vivencias políticas de un sistema sui generis al que muchos otros artistas y estudiosos extranjeros y coterráneos han intentado entender, Dalí lo llamo surrealismo extremo, Vargas Llosa La Dictadura Perfecta, Octavio Paz El ogro filantrópico o como alguna vez lo dijo Don Daniel Cossío Villegas en su libro “El Sistema Político Mexicano” que la mexicana era la única República del mundo que se daba el lujo de ser gobernada por una monarquía sexenal absoluta.

Sin duda todas estas descripciones y otras muchas más que se han pronunciado a lo largo de muchas décadas eran una crítica no exenta de la admiración que suele dispensarse al hábil ladrón de bancos en las películas o hasta el homenaje a quien de forma audaz y corriendo todos los riesgos se sale con la suya burlando a la autoridad. Nadie creía entonces en las elecciones donde los muertos participaban entusiastamente al lado de quienes se pasaban de vivos, pero las cosas seguían funcionando hasta que los movimientos sociales y la presión generados por los excesos que fueron logrando las necesarias reformas políticas y gozamos del boom democrático de los 90´s que culminó y se canceló a partir de la alternancia del año 2000. Tuvimos árbitros que no dependían del gobierno. Un IFE fuerte y progresista que con gran éxito organizaba elecciones creíbles y conteos de votos que aun perduraron hasta hace poco tiempo cuando la duda reapareció pero aun era aceptable. Sin embargo, empezó el retroceso prohijado por la partidocracia cuyo significado penal es algo así como delincuencia organizada cupular de los partidos combinada con abuso de autoridad y enriquecimiento explicable. Los partidazos en general aprobaron contra reformas que centralizan nuevamente la organización política y arbitraje electoral, se arrogan la facultad de nombrar magistrados, simulan democracia al aprobar candidaturas independientes llenas de candados y grilletes, quitan la autonomía a los Organismos locales electorales, hacen gobiernos de coalición que ni son coaliciones ni forman gobierno, etc.

Autoridades que poseen el don de la clarividencia y la autoridad moral para pronunciar su convencimiento; delitos electorales previstos que nunca pueden llegar a comprobarse aunque abunden las probanzas y se realicen a la vista de todos en un país en el que, asombre usted: contamos con fiscalías especializadas y recursos económicos técnicos y de capacitación en abundancia para cualesquier investigación sobre el tema pero…no hay delincuentes electorales, sencillamente debemos sentirnos satisfechos de que en México hemos erradicado o quizá jamás existió el llamado fraude electoral, ni los delincuentes electorales. El informe país, importante documento elaborado por el Colegio de México para el INE señala entre muchos datos que la participación del electorado es de 62% promedio lo que podría significar que hemos avanzado mucho pero ¿Se sabe por quién se vota? ¿Las razones para votar son de origen democrático o es conveniencia, circunstancia o mercadeo? Por eso Dalí señalaba que tales situaciones eran insoportables. Por eso aseguro que estamos de vuelta a la república del surrealismo.

PEDRO OLVERA / Retruécanos / San Luis Potosí, S.L.P. / Junio 8 de 2019.

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