Comuna 13, Sobrevivientes de Guerrillas en Colombia

Por Omar Gallegos Moreno / Medellín, Colombia

Mas de 30 años de lucha y sinnúmero de desaparecidos son testimonios de los habitantes de San Javier, mejor conocido como la Comuna 13, enclavada en lo más alto de la Sierra de Medellín. Chicos y grandes han transformado la zona en un espacio cultural que, desde sus inicios, fue marcado con grafittis por las guerrillas que identificaban de esa manera su territorio y ahora se transformó en arte y en un ícono de los colombianos.

Para entender la metamorfosis urbana de esta zona, LA BRECHA viajó hasta Colombia para conocer la historia de la Comuna 13 y entender los trabajos periodísticos de Adriana Chica García o Análisis Urbano, por citar algunos de los que dieron cuenta del terror en la zona, los hechos desgarradores que provocaron constantes toques de queda y de las fronteras invisibles, donde todos trataban de evitar ser asesinados y donde la zozobra era el día a día en las colinas al occidente de Medellín.

Las 16 comunas se asentaron entre las montañas, en la periferia de la ciudad, formaron favelas de campesinos desplazados de sus tierras por grupos armados ilegales, y en medio de la pobreza extrema, la desesperanza, las casi nulas posibilidades de empleo y sin servicios básicos, instalaron barrios de estrato social bajo.

Así explicó su origen el periodista y ex alcalde de Medellín, Alfonso Salazar, en el libro ‘No nacimos pa’ semilla’.

Ahí, la violencia no era algo nuevo, esa zona fue la primera con asentamientos urbanos de guerrillas y después, de paramilitares, donde su gente conoció entre la pobreza, el dinero fácil de la cocaína con el narcotraficante Pablo Escobar.

Los medios de comunicación escribieron como la Comuna 13, un barrio de alrededor de 160 mil habitantes, se convirtió rápidamente en el epicentro de la violencia en Colombia. Las casas abarrotadas sobre colinas, las calles estrechas y empinadas, sus múltiples callejones y miradores la hicieron un punto estratégico para las bandas delincuenciales, porque era fácil de controlar.

Para los jóvenes de familias desplazadas, ingresar a esas estructuras criminales era la única promesa de ascenso social. Entonces se formó una red de sicariato al servicio del narcotraficante, dedicada al secuestro, extorsión, a los ajustes de cuenta y homicidios.

Años más tarde, el 16 de octubre de 2002, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez realizó la Operación Orión, una intervención militar urbana nunca antes vista en la historia del país. Durante tres días, mil hombres del ejército y la policía tomaron la Comuna 13 para enfrentarse a las milicias guerrilleras.

Hubo 17 muertos, 80 heridos y 350 detenidos. Extrajudicialmente, los grupos paramilitares dejaron 71 asesinatos y 95 desaparecidos, muchos de los cuales aún no se sabe nada en la actualidad, aunque la comunidad ha denunciado que fueron enterrados en una fosa común en la montaña de basura conocida como «La Escombrera».

Para el 2004 regía en la Comuna lo que se conoció como el periodo de «Donbernalidad» o «Paratranquilidad». Por orden de «Don Berna», nadie podía matar y hubo una falsa paz que no duró mucho.

El líder comunitario James Zuluaga, integrante del Comité de Derechos Humanos de la Comuna 13, denunció que muchos uniformados de la Fuerza Pública estaban aliados con las organizaciones narcotraficantes, los patrullajes y los allanamientos en las casas, los hicieron con su compañía. Por estas declaraciones asesinaron a uno de sus sobrinos, Arley Steven Zuluaga, de 23 años, según testigos, por un policía.

La Agencia de Prensa Análisis Urbano sostuvo que el control mayoritario estuvo en manos de La Oficina, quienes controlaban las extorsiones a los comercios y transportes, regularon los precios de la marihuana y el perico (cocaína) y hasta «recuperaban carros robados, cuando los ladrones actuaban sin su permiso».

Mientras tanto la violencia no cesaba en la comuna 13. Entre el 1 de enero y el 30 de junio del 2008, registraron 38 homicidios en San Javier. La mayoría de las muertes (84%) con arma de fuego, tres por asfixia y otros tres con arma blanca.

Chicos y grandes han transformado esa zona en un espacio cultural, marcado con grafitti por las guerrillas que identificaban de esa manera su territorio, pero que ahora está transformado con arte y pretende permanecer como un ícono de los colombianos.

Casa Colacho es una organización de jóvenes habitantes de la Comuna, que fueron los encargados de relatarba esta casa editorial la historia y cómo sufrieron la discriminación por crecer y habitar un territorio construido por campesinos que huyeron de los conflictos armados de ciudades como Bogotá, Cali y Medellín.

«Fiera», una de las mujeres raperas designadas para explicar cómo sobrevive la Comuna, describió el viacrucis que enfrentan día a día para salir adelante.

«Nosotros tenemos que negar que formamos parte de la Comuna 13, porque nos despiden del trabajo, nos quitan las becas y nos niegan los accesos, porque suponen que somos violentos. Nos consideramos víctimas del gobierno por como sobrellevaron el conflicto», platicó la joven habitante de «La 13» durante el trayecto que nos marcó para el recorrido guiado.

El mensaje que los habitantes de la Comuna 13 quieren enviar al mundo es «basta de conflictos, no somos delincuentes». Ahora es un lugar de innovación y desarrollo, en la actualidad es uno de los puntos más visitados de la ciudad.

“El Estado y grupos paramilitares estuvieron al margen de la ley. Con la guerrilla muchas cosas pasaron y creo que lo más importante es lo que hoy hemos mostrado como Comuna: apropiarnos positivamente de nuestro espacio de nuestro territorio”, dice Sebastián, uno de los miembros de la Comuna 13 que lucha por salir adelante y espera graduarse de la Universidad.

Entre laberintos y con lo que encontraron a su paso, la Comuna 13 fue construida al oeste de Medellín, después de que los campesinos huyeran de los conflictos y del crimen organizado, que desde sus inicios y por ser un sector irregular, fue un territorio que vivió el conflicto, pero hoy la gente que habita en esta zona, lo único que pide es que no sean estigmatizados y exigen más oportunidades para este sector de la ciudad.

La Comuna 13 recibe más de mil turistas extranjeros al día, producto de la innovación, el desarrollo social, el color, la transformación y sobre todo, la alegría de la gente. «Eso es lo que nos hace únicos, auténticos y cuando usted muestra lo que realmente somos, la gente llegará”, dijo» Fiera» al ser cuestionada sobre cómo el grafitti territorial los transformaron en arte.

“Sean todos bienvenidos a la 13. ¿Por qué juzgan y critican antes de conocer? Primero hay que ver, sean todos bienvenidos a la 13”, manifiesta Jorge Mario sobre este paraíso urbano, un pulmón de cultura, el único barrio del mundo con unas escaleras eléctricas a las que se suman el metro-cable y el metro para poder recorrerla.

“Lanzamos balas de danza, balas de música, balas de alegría, balas para que la gente se vaya con un pensamiento diferente de la comuna”, rapea Jorge Mario Alzate, otro de los jóvenes de la zona. Muchos de ellos decidieron alejarse de los violentos y han visto en el arte y la educación la estrategia para el progreso.

Finalmente, a pesar de los altos niveles de pobreza que hoy en día enfrenta el viejo San Javier, el gobierno intenta recuperar poco a poco la dignidad de la zona, pero mientras tanto, los miembros del lugar viven del turismo y de mostrar su arte por todo el mundo.

En el video te cuento lo que hoy es la Comuna 13:

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