¿Tenemos profesores felices?

Es 15 de mayo y en los medios de comunicación las felicitaciones a los profesores no se hicieron esperar. Algunos solo mencionan el reconocimiento a esta labor de manera breve, pero en cambio otros citaron más detalles de la importancia de la labor educativa como base para que existan otras profesiones universitarias.

Por ejemplo, hubo quien referenció que todo ingeniero, médico, abogado o psicólogo, invariablemente tuvo que recibir instrucción por parte de un mentor que le facilitó conocimientos, habilidades y actitudes, en favor de lograr una formación académica que permitió el ingreso a la Universidad.

Del trabajo del profesor surge el cuestionamiento de si realmente es feliz o no al ganarse la vida en las aulas, al compartir conocimientos y experiencias con las nuevas generaciones.

En primer término, puede tomarse en cuenta que la felicidad es algo relativo y subjetivo. Decía Abraham Lincoln que “la mayoría de la gente es tan feliz como desea serlo”; ante tal cita surgen los cuestionamientos de ¿Qué tan feliz es el docente al realizar la tarea educativa? y surge entonces también la pregunta ¿Qué es la felicidad? De acuerdo una simple definición de diccionario esta es definida esta como estado de ánimo de quien está contento y satisfecho con las circunstancias de la vida, luego entonces surge la interrogante al profesor: ¿Eres feliz?

Lograr la felicidad en las aulas no es una tarea solo del maestro, porque padres de familia, autoridades, personal administrativo y alumnos pueden contribuir para que los procesos de aprendizaje sean llevados a cabo de manera armónica. Cada elemento de la educación al asumir un rol puede aportar mucho en favor de las metas que las instituciones formadoras pretenden alcanzar, porque en el ambiente de enseñanza-aprendizaje siempre habrá hechos que requieren atención.

En cuanto al papel del maestro y con relación al tema de si es feliz o no con base en la labor que realiza y en un probable contexto de sueldo limitado que percibe, suele haber casos de personas que están frente a grupo, pero no poseen verdadera vocación, y ello obedece a un conjunto de situaciones de carácter multifactorial, como puede ser el hecho de no tener éxito en otra carrera y optar por el desempeño un centro educativo, al vislumbrar ver este empleo como algo estable, en una época donde las políticas neoliberales cada vez están más presentes.

En contraparte, también hay muchos profesores que sí tienen verdadera vocación de trabajo y aunque dicha vocación podría lograr mejores resultados la realidad es que no siempre el clima organizacional de la escuela donde labora es el que se desea. A veces en la institución formativa los mismos encargados de la educación reproducen vicios, que devalúan la profesión de los facilitadores del aprendizaje al reproducir ejemplos de lo que no se debe hacer.

No se duda que en muchas aulas haya profesores que si hacen lo propio y buscan elementos para propiciar un verdadero aprendizaje, y que este a su vez genere bienestar en las aulas, por ello resulta interesante estar atento a conocer e implementar experiencias de éxito entre alumnos, profesores, directivos, padres de familia y otros actores de la educación.

Al hablar sobre la labor que realizan los docentes existen muchos aspectos que deben dirimirse, porque puede ocurrir que el catedrático sea quien no acude feliz a realizar su trabajo, ello derivado de las políticas pedagógicas y administrativas que norman la institución en la que labora. Es común que el mismo profesor no tenga cubiertas algunas de las necesidades de autorrealización, reconocimiento, sociales, seguridad y fisiológicas que desglosa el humanista Abraham Maslow, situación que no resulta favorecedora porque ante tales carencias es probable que no haya una responsabilidad al estar frente a grupo.

En las instituciones educativas, con frecuencia puede observarse que en el personal directivo o quienes administran recursos en la escuela, su mayor tarea radica en mantener el empleo, aún a costa de que por razones de esta índole se deje de lado la atención para lograr felicidad en las aulas. Es común saber que demasiadas instituciones educativas son administradas por tecnócratas que en no pocos casos, les interesa simular el cumplimiento de las metas institucionales que dicta el gobierno en turno, ante el completo olvido de la verdadera esencia de la educación.

En el tema de por qué los alumnos no siempre son felices puede citarse toda una serie de hechos multifactoriales. En un primer planteamiento, a los centros educativos puede ser que acudan alumnos que enfrentan situaciones disruptivas y que no siempre tienen la capacidad o madurez para sobrellevarlas. Tal vez haya alumnos que lo mejor que tienen para enfrentar las adversidades de la vida cotidiana es la escuela y su profesor, que les brinda una palabra de aliento o un consejo que ayude a paliar la situación.

Acorde a lo expuesto, los actores de la educación deben en todo momento demostrar una capacidad de apoyo en pro de la superación del alumno, ya que si bien existen educandos capaces de generar motivación intrínseca, habrá quienes si requieran que el entorno y los demás agentes lleven a cabo acciones encaminadas a que quien estudia sienta que está en el contexto adecuado, donde los que ahí habitan le demuestren conocimientos, destrezas y valores.

Pero no solo los docentes, personal administrativo y alumnos son los que deben asumir la misión de hacer lo propio ´para lograr aulas felices; los padres de familia deben entender que su labor tutorial debe contribuir en gran medida a que el educando alcance de manera pronta y expedita la felicidad en el aula. Un buen tutor en su sano juicio y con empatía, asume la responsabilidad que le corresponde, y puede constituir una ayudar para logros de carácter académico.

Otro factor que también es determinante es el hecho de diagnosticar hasta dónde las autoridades llevan a cabo la aplicación de políticas públicas en favor de quienes participan en la labor de aprendizaje. No en todas las escuelas se cuenta con los recursos que pueden facilitar el trabajo entre pizarrones y pupitres, por ello corresponde a todos los involucrados en el proceso educativo llevar a cabo gestiones que generen bienestar en las aulas; en días recientes algunos legisladores federales anunciaron con bombo y platillo que la nueva reforma educativa plantea la eliminación de las cuotas escolares, sin embargo habría que valorar hasta qué punto esto resulta benéfico ¿no sería más prudente hacer una diagnóstico puntual de todas la carencias que imperan en los centros educativos? Eso queda de tarea.

JOSÉ MANUEL MELCHOR / Fisuras / Villa de Reyes, S.L.P. / Mayo 21 de 2019.

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