No todo es violencia

Mentiría si digo que el camino de deconstrucción (respecto al feminismo) es sencillo, pues el reconocerse feminista, es por ende un trabajo de inspección e introspección en la vida de una misma.

Una vez que comienzas este camino, quedas expuesta a aún más violencia de la que ya vivías diariamente por ser mujer. Pues el reconocer las violencias y sus mecanismos te vuelven consciente de estas en todo momento.

No todo es violencia, me dice mi madre. Feminazi me llaman los hombres con los que me relaciono. Intolerante me reclaman mis amigas. Exagerada mencionan las personas. Radical me dice la gente. Intensa me dice mi compañera. Quejumbrosa me dice mi colega.

El feminismo radical, según Silvina Álvarez, en el libro de Feminismos, debates teóricos contemporáneos, se desarrollo como parte de la segunda ola del feminismo, la cual se caracterizó por el reconocimiento del patriarcado como estructura opresora hacía las mujeres. Esta segunda ola del feminismo, nace porque el feminismo liberal, a pesar de haber logrado el acceso al voto y el trabajo, no revirtió la opresión sobre las mujeres. Esta opresión permea en todas las esferas de la vida, teniendo como legalidad un contrato civil, llamado matrimonio, el cual no solamente daba permiso de controlar a las mujeres, sino que reafirmaba a un Estado heterosexual (en algunos contextos es actual).

El feminismo radical es caracterizado por la frase “lo personal es político”, esto nace porque las mujeres pioneras de esta rama del feminismo reconocieron que la violencia nos atraviesa a todas. El Estado, anteriormente, no reconocía los “problemas maritales” como algo que les concernía (situación actual en otros espacios territoriales).

Las feministas radicales, comenzaron a hacer grupos de mujeres, donde reflexionaban sobre sus historias de vida y sus cotidianidades. Gracias a estos grupos de mujeres, las feministas radicales comenzaron a darse cuenta que si bien todas provenían de distintos contextos o diferentes historias de vida, estaban siendo atravesadas por violencias similares. Es por eso que el feminismo radical busca la igualdad desde la diferencia. No todas las mujeres somos violentadas de la misma manera, no tenemos los mismos privilegios, no provenimos de las mismas familias, de las mismas colonias o de la misma raza, no tenemos la misma orientación sexual o no nos definimos de la misma forma.

He tenido la oportunidad de trabajar con grupos de mujeres de distinto contexto. Hay grupos grandes, grupos pequeños. Hay mujeres profesionistas, mujeres amas de casa, mujeres jóvenes, mujeres en edad adulta, mujeres en la tercera edad. Llegan mujeres funcionarias, mujeres que viven en comunidades y mujeres estudiantes. Estas mujeres han manifestado haber vivido violencias, de distintas formas: física, psicológica, simbólica, estructural, patrimonial y económica. La violencia que han vivido ha sido en el trabajo, en la escuela, en sus casas, en la calle o en las Instituciones. La han vivido en manos de sus padres, de sus parejas, de sus jefes, de funcionarios públicos, de desconocidos y de sus familiares.

En estos grupos de mujeres, en los que he estado trabajando, todas las mujeres piden más tiempo, más temas, más información. Las mujeres tenemos la tarea de reunirnos, de ver nuestras similitudes dentro de nuestras diferencias. Necesitamos formar más colectividad, menos individualidad. Cuando nos movemos en lo individual caemos en la soledad, en la incomprensión y en el aislamiento. Cuando somos violentadas en el aislamiento tendemos a perder nuestro autoestima, nuestra seguridad y el control sobre nosotras mismas. El empoderamiento desde la colectividad y desde el reconocimiento de las relaciones de género en un sistema patriarcal, puede ser la clave para la reconstrucción de nuestra sociedad.

Los grupos de mujeres, de cualquier índole o en cualquier contexto, resignifican nuestra historia y nuestra existencia. El dolor se cura, pues se vuelve un dolor colectivo, un dolor que sana a través de volver lo personal algo político. El reconocimiento de la desigualdad actual, hace que construyamos relaciones desde el respeto a la diferencia. La resiliencia desde la colectividad es de mayor impacto e incluso es más rápida que la individual.

Yo soy esa intensa, esa quejumbrosa, la radical. Somos esas que alzan la voz para decir lo que nos afecta, lo que nos atraviesa. Somos a las que llaman exageradas por hacer ver la violencia callejera que se manifiesta en piropos o en redes sociales. Somos las que sabemos que la desigualdad no es natural, que hay todo un sistema que se colgó de nuestra diferencia física. Somos las que sabemos que nuestra condición hoy por hoy no es suficiente y no es merecida.

Si bien “no todo es violencia” en mi vida, es porque he tenido a mis compañeras de resistencia a un lado. Agradezco a todas mis colegas feministas, que me han agarrado la mano cuando me he saturado. A mis compañeras que han escuchado mis historias y me han compartido las suyas. Agradezco los espacios de catarsis que me han dado un respiro. Agradezco a todas aquellas maestras que me han mostrado que lo que he vivido no es personal, que es algo colectivo. Agradezco a aquellas que me han compartido información y me han dado sus enseñanzas. Agradezco a todas las mujeres que me han dejado compartir con ellas lo que he aprendido de otras. Agradezco a esas mujeres que se han mantenido cerca o lejos, al tanto de mi deconstrucción. Sin ustedes no sería posible, gracias por “salir a quite”.

Twitter: @danielaolro

DANIELA OLVERA / Sociedad Volátil / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 20 de 2019.

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