Maestro internet

El internet. Esa cosa intangible que tanto nos da; que tanto nos divierte y nos informa (o desinforma), que tanto nos enseña. Hoy, todo tiene una respuesta. Por absurda que sea la pregunta, gracias al Internet, hay una respuesta.

Una conversación recurrente entre jóvenes y personas mayores, es comparar lo difícil que resultaba obtener información, conseguir un disco o un libro; a diferencia con el presente que contamos con el internet y todo está a nuestro alcance. La accesibilidad que se tiene desde hace 30 años, más o menos, resultaría inimaginable hace 50 años.

Parece infinito el alcance que tiene el Internet. Pero como dice el dicho: “Todo en exceso es malo”.

Esta nueva época tecnológica implica que cualquier persona con un celular promedio, te puede dar respuesta a casi todo. Pero eso no genera humanos más sabios. Albert Einstein decía qué: “Aprender es experiencia. Todo lo demás es sólo información. La información no es conocimiento”.

Ya sea en YouTube o Google (Incluso Facebook), puedes buscar cualquier cosa y tendrás millones de alternativas. Y es aquí donde comienza el conflicto. Ante tantísima información, ¿Qué es verdad y qué es mentira?; ¿Estas plataformas te pueden enseñar a hacer cualquier cosa?.

Creo que es muy simple. Hay cosas que “la red” no te puede dar, por ejemplo, la experiencia. Es decir, nadie nos enseña a caminar. Caminar es producto de una serie de experiencias que cumplimos instintivamente. Significa desarrollar un equilibrio por medio de experimentación. Generar fuerza ante la necesidad de trasladar nuestro cuerpo. Desarrollar movimientos adecuados a nuestra proporción anatómica. Sentir texturas que nos pueden generar dolor o placer. Es parte de nuestra supervivencia y se aprende haciéndolo.

Si nos ponemos poéticos: Puedes ver millones de videos de conciertos, pero no se puede comparar con la experiencia de sentir las vibraciones en tu cuerpo; de vivir la música presencial. Puedes ver el video más impresionante de algún supuesto “jardín más bello del mundo”, pero no percibes sus olores, no sientes el aire fresco que provoca la naturaleza.

Esta maravilla como lo es el Internet, supone una generación saturada de información y por ende nuevas problemáticas sociales. ¿Cuánta confusión puede existir en cualquier estudiante de toda índole ante toda esta sobreinformación? Todo está tan a la mano que estamos desarrollando la impaciencia, la intolerancia y el esfuerzo mínimo. El anonimato que genera las redes sociales estimula la crítica infundada ante la menor provocación.

Somos la primer generación que se desarrolla con base en la tecnología, y para evolucionar positivamente tenemos que aprender a usarla. Decidir qué es valioso y qué no (incluir y excluir). Definitivamente no es fácil. De entrada hay que reconocer que una vida no basta para aprenderlo todo. En el aprender verdadero no hay atajos y definitivamente la voracidad y la impaciencia no producen buenos resultados. Una persona que entra en contacto con la tradición o la naturaleza recibe su energía y es capaz de mostrarlo en sus acciones. No necesita andar por ahí tratando de convencer a la gente de su manera de pensar, sentir o hacer.

Es una increíble herramienta, pero no es la única. De nada nos servirá tanta accesibilidad si no sabemos absorberla, si no lo convertimos en acción. A fin de cuentas el propósito del conocimiento es que sepamos usarlo.

JUAN JOSÉ MEJÍA / Índigo / San Juan, Puerto Rico / Abril 11 de 2019.

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