Señor vengo a hacerte compañía cuando todos los demás te han abandonado

Antes de la pasión, la gente buscaba a Jesús, lo seguían multitudes por sus milagros y prodigios, pero en el momento de la prueba todos se fueron, tuvieron miedo, hasta Pedro lo negó, tres veces, sólo Juan hizo la diferencia, el discípulo amado que permaneció a un lado de Jesús crucificado con valentía y arrojo… por eso recibiría el tesoro más grande!! En Juan todos recibimos este regalo y estamos llamados a acoger a María como madre sin olvidar que esto implica tener el valor para perseverar en la fe a pesar de las dificultades.

Dios mío, Tú, has estado siempre junto a mí, en mis momentos de dificultad y sufrimiento Tú has venido a consolarme, a darme fuerzas, ahora eres Tú quien me pide a mí, pobre pecador, venir a consolarte y a hacerte compañía en este momento de tribulación, en este momento en el cual todos los demás te han abandonado. Señor con gusto vengo a consolarte y a hacerte compañía cuando todos los demás te han abandonado.

Al recibir del Señor el regalo de acoger a María como madre encontramos a la familia, como el lugar de perdón, bien sabemos que no hay familia perfecta, no tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos, tenemos quejas de los demás, decepcionamos unos a otros, por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón, el perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual, sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas.

Nos dice el Papa Francisco en una de sus tantas homilías, que sin el perdón, la familia se enferma, el perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la alforria del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios, la pena es un veneno que intoxica y mata, guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo, es autofagia. El que no perdona se enferma de manera física, emocional y espiritualmente. Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte; el territorio de cura y no de enfermedad; El escenario de perdón y no la culpa. El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza; En la que el dolor causó la enfermedad..

“Mujer, ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre” (Jn. I9, 26) Junto a la Cruz estaba también María, su Madre, un motivo de alivio para Jesús y el primer fruto de la Redención. El Papa Pablo VI ha llamado a la Virgen «Estrella de la Evangelización», porque la evangelización necesita una luz que oriente e ilumine el camino. Si evangelizar es dar a conocer a Jesús, María es la primera evangelizadora, pues ella lo mostró a los pastores de Belén, a los magos de oriente, a los Apóstoles y primeros discípulos de Jesús.

Ella recorre ahora el mundo acompañando a los misioneros del Evangelio, dándoles fuerzas y entusiasmo, concediéndoles hasta las fuerzas físicas que necesiten. Preside el trabajo de evangelización de la Iglesia, anima las comunidades cristianas, y los cristianos acuden siempre a ella y reciben su ayuda. Madre, no permitas que me olvide de ti, pero si yo llego a olvidarme de ti, aún entonces tú no te olvides de mí, ahora y en la hora de la muerte.

A veces la vida es dura y trae consigo momentos de oscuridad, incluso de hostilidad. Pero no hay que permitir que estos sufrimientos nos quiten la alegría de creer en Dios y en la santísima Virgen María. No le des poder al mal. Reprende toda emoción impura y oscura que contamina y perturba tu corazón. Llénate de su bondad infinita. Si tenemos una Actitud Mental Positiva (AMP) incluso cuando estamos rodeados de hostilidad, no carecemos de paz interior. Por otro lado, Si tenemos una Actitud Mental Negativa (AMN), influenciada por el miedo, la sospecha, la impotencia o la autoestima, incluso cuando estamos rodeados de nuestros mejores amigos, en un ambiente agradable y cómodo, no seremos felices.

Entonces, la Actitud Mental Positiva es muy importante porque nos marca una diferencia real en nuestro estado de equilibrio. Sólo Dios es capaz de llenar todo vacío y restaurar lo que creías perdido, así que, solo nos queda tener ánimo y confiar más. Y junto con Jesús en la Cruz perdonar a todos los que nos hacen daños. Y alcanzar el perdón más difícil perdonarnos a nosotros mismos. Cambiando todas nuestras equivocadas actitudes con las personas que nos aman y rodean y ante la vida. Y con nuestros cambios Internos. Dejando todo lo viejo y oxidado y corroído y ser Libres. Libertad que Cristo compró en la Cruz para todos nosotros.

A veces con cambio hacia una actitud mental positiva (AMP) es necesario hacer una correcta y renovada interpretación de la Oración a Dios. ¿Qué es una Oración? una Oración no sucede simplemente cuando nos arrodillamos o ponemos nuestras manos juntas y nos centramos a pedir y esperar cosas de Dios. Pensar positivo y desear el bien para los demás. Es una Oración. Cuando abrazas con afecto a un amigo. Es una Oración. Cuando cocinas algo rico para alimentar a la familia y amigos. Eso es una Oración. Cuando a nuestros seres cercanos y queridos les decimos: ‘maneja con cuidado’ o ‘cuídate mucho’. Esa es una Oración.

Cuando estás ayudando a alguien necesitado, dando tu tiempo dinero y energía. Estás orando. Cuando perdonas a alguien de corazón. Eso es Oración. La Oración es: Una vibración, Un sentimiento, Un pensamiento. La Oración es la voz del amor, la amistad, las relaciones genuinas, sinceras, auténticas! La Oración es una expresión de tu ser silencioso. Todas las personas de buena voluntad siempre nos sugieren que sigas Orando siempre. Honrar el ser del otro es una Oración.

Señor vengo a hacerte compaña cuando todos los demás te han abandonado, saben una cosa, el ser solitario es un poder que muy pocos pueden soportar. Esto es Lo que nuestro Salvador vio desde la Cruz estando solitario. Las palabras de Jesús en la cruz desde la hora Sexta hasta la Nona, están llenas de ternura, enseñanza y teología. Cuatro de ellas dirigidas a los hombres (inmanencia) y tres hacia Dios (trinidad, trascendencia), medita conmigo:

1. «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc. 23, 34) Jesús hace vida el sermón de la montaña, donde nos Dice, «amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen». El Dios verdadero que nos deja un Evangelio de palabras y obras intrínsecamente ligadas, un Maestro que enseña con su ejemplo que el perdón es la máxima expresión del amor. Esta palabra también está dirigida a nosotros, pues el perdón de nuestros pecados es el propósito de su sacrificio, aunque a veces cuando fallamos «sí sabemos lo que hacemos…»

2. “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23, 43) Palabras que dirige a Dimas, uno de los ladrones, por su humildad y arrepentimiento pero sobre todo por reconocer en Cristo al Salvador, robando el cielo en su último aliento de vida. Esta promesa es para nosotros una esperanza y como no tenemos certeza de cuánto durará nuestra existencia, cada día es preciso experimentar la conversión y el arrepentimiento por nuestras faltas, reconocer que Jesús es quien tiene el poder para rescatarnos e implorarle misericordia.

3. “Mujer, ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre” (Jn. I9, 26) Junto a la Cruz estaba también María, su Madre, un motivo de alivio para Jesús y el primer fruto de la Redención. Antes de la pasión, la gente buscaba a Jesús, lo seguían multitudes por sus milagros y prodigios, pero en el momento de la prueba todos se fueron, tuvieron miedo, hasta Pedro lo negó, tres veces, sólo Juan hizo la diferencia, el discípulo amado que permaneció a un lado de Jesús crucificado con valentía y arrojo… por eso recibiría el tesoro más grande!! En Juan todos recibimos este regalo y estamos llamados a acoger a María como madre sin olvidar que esto implica tener el valor para perseverar en la fe a pesar de las dificultades.

4. «Tengo sed» (Jn. 19, 28) Después de la flagelación, la coronación, los clavos en sus manos y sus pies, Jesús había ya entregado toda su sangre… esto lo hizo sentir sed y experimentar un vacío total. Jesús tenía sed de que todos recibieran la vida abundante que nos estaba regalando, sed de manifestarnos a Su Padre, de que creyéramos en Su amor. Jesús ahora nos pide a nosotros que valoremos su sacrificio, nos pide que respondamos a su llamado.

5. «Dios mío, Dios mío porque me has abandonado» (Mt. 27, 46) Son casi las tres de la tarde en el Calvario y Jesús está haciendo los últimos esfuerzos por hacer llegar un poco de aire a sus pulmones. Sus ojos están borrosos de sangre y sudor…es el momento más doloroso de la pasión cuando lanza un grito desde lo más profundo de su corazón lo que estaba escrito desde hacía más de 900 años en el salmo 22.

6. “Todo está cumplido” (Jn. 19, 30) Jesús dedicó su vida a cumplir la voluntad del Padre, a realizar el plan de salvación que estaba escrito y prometido. Él es en sí mismo, principio y fin de este plan… es quien nos muestra que el único camino es la cruz, que el dolor no es una opción sino parte importante de la santificación, que la pasión antecede a la glorificación y ésta es la verdad que viene a mostrarnos. Esta palabra es la de un hijo que siente la paz de haber cumplido la misión, una paz infinita y verdadera que anhelamos todos alcanzar.

7. “Padre, en tus manos pongo mi Espíritu (Lc. 23,46) Durante tres años se lanzó por los caminos y por las sinagogas, por las ciudades y por las montañas, para gritar y proclamar que Aquel, a quien en la historia de Israel se le llamaba “Elohim”, “El Eterno”, “El sin nombre”, era también Su Padre y Padre nuestro, acercándonos a Él de ésta manera. Y con esta palabra finalmente nos indica que la libertad plena se conquista en el abandono total… la felicidad no es ausencia de sufrimiento sino saber ponernos en manos de Dios.

Padre mío, en tus manos encomiendo mi Espíritu, dicho esto expiró. Jesús llego hasta la muerte sin haber pecado y en la cruz cargo los pecados de toda la humanidad. Nadie ha declarado haber muerto por los pecados de otros y nadie ha calificado para morir en lugar de otro… solo Jesús.

Oremos por la Virgen María, Oremos por La Virgen de Dolores y Oremos por la Dolorosa Soledad de María. Jesús muerto en brazos de su Madre. -Imagínate aquel cuadro. -Pendiente de la Cruz el cadáver de Cristo…, lleno de largos manchones de sangre cuajada cubierto de heridas…, materialmente deshecho sin belleza ni hermosura…, ni casi figura humana…; labios exangües…, ojos sin vida…; aquello no es más que eso, ¡un cadáver!… y es ¡¡el Hijo de Dios! ¡Qué misterio!

¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad cuando te veo en la cruz alzado y solo estás? A los pies de la Cruz, un grupo de almas buenas, lloran sin cesar. -Grande, muy grande es su dolor, pero ¿Cómo comparado con el de aquella Madre que llora la pérdida de su Hijo… ¡Pobre Madre!… ¿Qué va a hacer ahora sin su hijo?

Quizá, en medio del dolor, comenzó a preocuparla la sepultura de su Hijo…, pero, ¿Cómo y dónde?…, ¿Si Ella no tenía sepultura, ni medios para comprarla?; ¿Si sus amigos se habían ocultado unos y otros se habían hecho enemigos? ¿A dónde acudir?… ¿Quién bajará a su Jesús de la Cruz? ¡Qué consuelo en medio de su pena, cuando ve a aquellos santos varones que van a cumplir este piadoso oficio! ¡Qué agradecimiento no guardaría Ella en su corazón! Y, efectivamente, con gran cuidado le bajan de la Cruz y depositan el santo Cuerpo, en brazos de María.

María la Madre de Dios siempre estuvo allí. Te adoramos oh Cristo y te bendecimos Por tu Santa Cruz redimiste al mundo Es cosa de admirar una nueva clase de martirio: una madre condenada a ver morir ante sus ojos, ejecutado con bárbaros tormentos, a un hijo inocente y al que amaba con todo su corazón. “Estaba junto a la cruz su Madre” (Jn 19, 25). No se le ocurre a san Juan decir otra cosa para ponderar el martirio de María; contémplala junto a la cruz a la vista de su Hijo moribundo y después dirás si hay dolor semejante a su dolor. Detengámonos también nosotros hoy en el Calvario a considerar esta quinta espada que traspasó el corazón de María por la muerte de Jesús.

La belleza del Rey crucificado. La palabra «Cristo» proviene del griego y significa «ungido». En el Antiguo Testamento Dios envió al profeta para ungir a Saúl (1Sam 9,16; 10,1) y a David (1Sam 16,13) indicando así su elección como reyes en Israel. Los ungidos veterotestamentarios son solo figura del verdadero ungido del que habla el salmista: «Tu trono, oh Dios, permanece para siempre, cetro de rectitud es tu cetro real; has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros» (Sal 44, 7–8).

Según san Ireneo de Lyon, «esto significa que el Hijo, en cuanto Dios, recibe del Padre, es decir, de Dios, el trono de un reino eterno y el óleo de la unción más que sus compañeros. El óleo de la unción es el Espíritu Santo con el que es ungido» En la exégesis ireneana, el Verbo es Rey eterno, es decir, ungido desde la eternidad porque posee el Espíritu Santo desde antes de la encarnación. Según san Gregorio de Nisa, el Hijo ha recibido el reinado por naturaleza: «Si, entonces, el Hijo es rey por naturaleza, y la dignidad del reino es el Espíritu Santo, a través del cual el Hijo es ungido, ¿cómo es posible pensar que el reinado por naturaleza podría ser ajeno a sí mismo?».

Al Verbo encarnado le podríamos aplicar también otro versículo del salmista: «Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia». Ciertamente, no conocemos cómo eran las facciones físicas del salvador, pero podemos corroborar lo que dice el salmo «en tus labios se derrama la gracia» porque en los evangelios encontramos que su persona atraía a las multitudes: los enfermos buscaban la salud, a los que tenían hambre de escuchar la palabra de Dios les enseñaba (Mt 5, 2); algunos deseaban, al menos, tocar la punta de su manto. Aquel hermoso rey puso su morada entre nosotros pero no vivió en palacios ni vestía con elegantes ropajes. Nos entregó su cautivadora doctrina y amó a los hombres hasta el extremo.

¿Cómo respondieron los hombres ante la generosidad de Jesús? Judas, con un beso entregó a Jesús a los sumos sacerdotes, los sumos sacerdotes lo entregaron a Pilato, Pilato se lavó las manos, pero fue él quien lo entregó a los soldados. Finalmente, los soldados lo crucificaron y se repartieron sus ropas. Aquel que es el Rey eterno, después de su flagelación y crucifixión «muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre». Aquel que «el más bello de los hombres» ahora «no tenía gracia ni belleza».

La violencia extrema que le ha arrancado la belleza física al salvador no le ha quitado, ni disminuido, el infinito amor que tiene hacia los hombres. En su momento de más dolor en la cruz dice: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Decía el salvador cuando sea elevado atraería a todos hacia él. La valentía y entereza con la que afrontó su pasión hasta el último suspiro movió el corazón de aquel oficial romano, que no compartía la fe judía, pues exclamó: «en verdad este hombre era hijo de Dios».

Hoy, espiritualmente, tenemos que ver al que traspasaron para darnos cuenta de la violencia de los seres humanos y para descubrir la belleza del amor de Jesús que no se corrompió por las agresiones y humillaciones. Dios mío, Tú, has estado siempre junto a mí en mis momentos de dificultad y sufrimiento, Tú has venido a consolarme, a darme fuerzas, justo ahora que he perdido a mi hermano mayor, y que me hace sentir un sufrimiento que se parece al que sufre la Virgen María al perder a su amado hijo.

Virgen de la Soledad, Virgen Dolorosa Es el silenció una forma de expresión,
Para darle el pésame, desde el fondo de mi corazón, a María, la madre de Dios. Todo quedo en silencio, Cuando Dios murió. Ese dolor profundo para María, al ver sufrir a su hijo. Solo sería con el silencio, una forma de respeto a su dolor. Es mi forma de luto, guardar silencio, para comprender la angustia de su corazón. O Madre mía, en ese silencio se va tu alma, llena de lágrimas de tristeza y gotas de sangre de tu corazón, y es el silenció, que denota, tu pena de dolor profundo que viene de tu corazón,

Ahora eres Tú quien me pide a mí, pobre pecador, venir a consolarte y a hacerte compañía en este momento de tribulación, en este momento en el cual todos los demás te han abandonado. Señor con gusto vengo a consolarte y a hacerte compañía cuando todos los demás te han abandonado. Solo La Madre de Dios siempre estuvo allí. Te adoramos oh Cristo y te bendecimos Por tu Santa Cruz redimiste al mundo Es cosa de admirar una nueva clase de martirio: una madre.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. Que Dios nuestro Señor, sea siempre prioridad en nuestras vidas. En el Evangelio de San Juan, se menciona que el primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

La resurrección significa que el amor de Dios es más fuerte que el mal y la muerte misma, significa que el amor de Dios puede transformar nuestras vidas y hacer florecer esas zonas de desierto que hay en nuestro corazón. Y esto lo puede hacer el amor de Dios. Pidamos a Jesús resucitado, que transforme la muerte en vida, que cambie el odio en amor, la venganza en perdón y la guerra en paz.

Y simultáneamente a lo ocurrido en el sepulcro a María Magdalena, Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, en ese mismo tercer día según las escrituras Jesús se presentó ante su madre… Has resucitado hijo mío. Espera Madre, solo quería que vieras que estoy bien, no me puedes tocar todavía pues aún no he ido al Padre, pero quería verte tranquila… mírame MADRE, estoy bien.
Felices Pascuas de Resurrección. Cristo vive en cada uno de nosotros Aleluya.

Entre Griegos y Troyanos
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
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Twitter: @FerranFercho
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SEÑOR VENGO A HACERTE COMPAÑA CUANDO TODOS LOS DEMÁS TE HAN ABANDONADO

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