Pez Diablo Amenaza Especies del Río Tampaón

En alerta se mantienen pescadores del río Tampaón ante la cada vez mas constante presencia del “pez diablo”, especie que fue introducida de manera irresponsable y que arrasa con las especies endémicas al no contar con el depredador natural que es el cocodrilo y sigue sin ser considerado en la dieta de los huastecos potosinos.

Los pescadores en el municipio de Tamuín, al encontrar este pez en sus redes, lo extraen solo para matarlo y tirarlo, no lo aprovechan para el consumo a pesar de su alto valor nutritivo, además éste se come a mojarras y bagres y ha generado la reducción de estas especies.

A pesar de las solicitudes de intervención a la autoridad, hasta el momento los pescadores desconoce si exista algún programa para combatir la presencia del “pez diablo” en la Huasteca potosina.

En otras partes del país, el «pez diablo» se apoderó del ecosistema de la presa El Infiernillo, en Michoacán y es uno de los primeros sitios donde se le detectó en México.

Es originario de Sudamérica, donde se le conoce como “pleco”. ¿Quién es capaz de sobrevivir en el Infierno? Pues el Diablo, de ahí el nombre particular, según la explicación que Ernesto Velázquez, director de la escuela de Biología de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), le dio a BBC Mundo.

Su nombre científico es Hypostomus Plecostomus y se ha convertido en una seria amenaza para los ecosistemas acuáticos del sureste mexicano. En ríos, lagos y presas del país, el “pez diablo” se comporta como tal: como no tiene depredadores naturales ha desplazado a especies nativas y es un serio riesgo no sólo para la ecología, sino para la sobrevivencia de miles de pescadores, advirtió BBC Mundo.

Desde el año 2011, Ernesto Velázquez informó que el “pez diablo” llegó a México con el llamado «efecto Nemo», en alusión a la película de Disney: aficionados a la cría de peces de ornato los importaron de Sudamérica para aprovechar algunas de sus habilidades. Los primeros ejemplares fueron detectados en 2003 en el norte del país, y la Comisión Nacional de la Biodiversidad (Conabio) reconoció su presencia en estados del centro, oeste y sureste.

El “pez diablo” protege celosamente su territorio e impide desovar a otras especies. Busca su alimento en el lecho de ríos y lagos, y con frecuencia consume también los huevecillos de otros peces, como bagres y tilapias. Así, en poco tiempo, sólo las crías del Plecostomus sobreviven y su depredador natural, el cocodrilo, sólo habita en algunas regiones del país.

El ser humano como su principal enemigo también está ausente: el “pez diablo” no forma parte de la dieta de los mexicanos, como sí ocurre en Sudamérica. La especie tiene un alto valor nutritivo y su carne tiene muy buen sabor.

Su aspecto le ha permitido escapar de las cocinas y los mexicanos no la consumen. Suele ser de color marrón oscuro y algunos ejemplares desarrollan manchas. Las escamas son duras y al contraerse forman un fuerte escudo protector, tiene gruesas espinas en aletas y el lomo, lo que frecuentemente daña las redes de los pescadores. Por eso le llamaron “pez diablo”.

Curiosamente, los especialistas ven a la especie como una plaga, pero también como una alternativa a los problemas económicos y alimentarios de muchas personas. / Tamuín, S.L.P. / Con información de Al Día y BBC Mundo / Fotos Internet.

 

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