Colosio, la violencia y la propiedad privada

En el 25 aniversario, recordamos el asesinato de Luis Donaldo Colosio una muerte violenta con dimensión de crimen social, una muerte producto de la violencia política, de la barbarie.

A pesar del tiempo no se olvida y que bueno, porque lamentablemente la violencia política sigue presente en cada momento y no se puede entender de forma sencilla; está siempre presente cuando menos en la dimensión de latencia. Investigando, di con un artículo académico que se llama precisamente “La violencia política”, de un autor denominado “La Peña del Bronx” en el País Vasco. De ahí tomé algunas notas directamente para no alterarlas:

No se puede entender el problema de la violencia política sin conceptuar a la política como la organización y aplicación sistemática de determinadas relaciones de poder, la articulación de un conjunto de medios para la consecución y la preservación de éste. La política organiza el poder, le otorga forma estatal y viabiliza un proyecto social-económico de clase. En este marco, la violencia es parte activa de la estructura social, no sólo un instrumento o medio de lucha, sino sobre todo un modo de conflicto.

El surgimiento de la violencia política está estrechamente vinculado al desarrollo de un concepto muy especial la propiedad privada, y es solo en el transcurso de la consolidación histórica de ésta, que la violencia se transforma en manifestación específica de poder social, en otras palabras posee una base material concreta y no es una constante histórica, por lo tanto es factible su desaparición en una fase superior del desarrollo humano (ojalá que lo alcancemos) cuando sea eliminado todo tipo de explotación pues -como señalara Engels- el poder, la violencia, no es más que el medio, mientras que la ventaja económica es el fin.

Cuando la ventaja económica, la ganancia, deje de ser la principal motivación de la producción material, cuando el fin de la actividad económica sea la satisfacción de las necesidades del hombre, y no el mero lucro, se crearán las condiciones básicas para la extinción definitiva de la violencia política.

No obstante esta posibilidad histórica se vislumbra lejana y la violencia continúa siendo componente central de todo el sistema de dominación. De ahí¬ que la clase en el poder requiera a todo nivel de estructuras que le permitan organizar el control social, minimizar los riesgos de un cuestionamiento revolucionario de la sociedad y garantizar las condiciones para la reproducción ampliada del poder y del sistema en su conjunto. En esto del Estado desempeña un rol crucial. La naturaleza humana es esencialmente egoísta y utilitaria, cada ser lucha por su propia subsistencia, por la satisfacción de sus propios intereses, lo que inevitablemente le lleva a la confrontación permanente con otros seres humanos, estas situación es la que Hobbes describiera como “La Guerra de todos contra todos”.

Situación superable solo con apego a un ente no utilitario, a un órgano que no buscase la satisfacción de intereses particulares, sino comunes. De ahí surge la noción básica del concepto del Estado actual como el único capaz de imponer el orden en medio del caos natural. Es decir el Estado como administrador neutro del conflicto social natural.

Dicha tesis contempla en primer lugar que la naturaleza humana no es egoísta, ni altruista ni agresiva, ni pacífica, ni buena ni mala en sí misma, sino que sintetiza el sistema de relaciones sociales prevaleciente en un momento histórico determinado. La esencia humana en abstracto no existe, esta es concreta y tiene dinámica cambiante, de modo que la hipótesis de una situación natural de guerra permanente sólo sirve para justificar la creación y consolidación de un complejo aparato dominación de clase como es el Estado (recuérdese la guerra contra la delincuencia de Calderón) además de proyectar la idea de la imposibilidad de transformar el sistema o luchar por una sociedad igualitaria, puesto que el ser humano sería individualista y egoísta en esencia y jamás podría cambiar.

La sociedad virtual no existe ni ha existido, solo existe la sociedad históricamente concreta de manera que el orden y estabilidad que se defiende hoy es el orden y la estabilidad del neoliberalismo o sea una tesis basada en el concepto de propiedad privada del Estado, que no es ningún sintetizador del bien común sino de la violencia política y por consiguiente del poder de un sector de la sociedad sobre otro.

Pensemos ahora en Colosio: la violencia política mexicana llegó ahí a un momento crítico, porque se les escapó el control a quienes pretendían manejar el Estado al filo de la navaja. Se les fue la violencia de las manos por que no podían renunciar a intereses económicos que protegían.

Es la propiedad privada la que convertida en violencia victimó a Colosio, como tantas otras personas que han sido víctimas de concepciones patrimonialistas de la política y de las instituciones políticas.

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