Trapo o pañuelo

En un país donde la sociedad tiende recurrentemente a clasificarse o etiquetarse pero batalla enormemente para identificarse, las senadoras Lilly Téllez del partido Morena y Patricia Mercado de Movimiento Ciudadano, Sonorenses ambas, la primera de Hermosillo, la segunda de Ciudad Obregón, de carreras políticas diferentes pero sobresalientes, Lilly con presencia periférica a la política desde la influencia de los medios de comunicación, periodista famosa y reconocida, Patricia como activista social, de talante feminista laboral y profesional pero con habilidades de dialogo profundo, hace apenas unos días ambas mujeres fueron disruptores de las redes y demás medios de comunicación por la presencia de un pañuelo verde colocado en cada una de las curules de los integrantes del Senado.

No es la primera vez que la discusión en torno a la despenalización del aborto se cierne a las puertas del Congreso de la Unión, lo que sí parece inminente es que en esta ocasión la discusión deberá tener un final, ya sea aprobándolo o desestimándolo, por la conformación de las cámaras legislativas no parece que en esta ocasión duerma el sueño de los justos, la tempestad social que se avecina derivada de la colisión de derechos humanos de primer y segundo nivel nos debe llevar a un análisis muy profundo, desde los testimonios históricos, los tamices morales y religiosos, la salud pública y la libertad de ejercicio en su espectro más amplio, historiadores, médicos, abogados, sociólogos, psicólogos, activistas, líderes religiosos, defensores de derechos humanos, feministas y por supuesto la sociedad civil en general deberemos estar atentos al debate público.

Dos posturas que se asumen contrarias deberán encontrar puntos de contacto, temas como la maternidad subrogada, los procesos de adopción, la salud pública, cobertura médica, los métodos anticonceptivos, educación sexual, la relación de pareja, el entorno familiar, el desarrollo psicosocial pleno de la niñez, la preparación académica, el bienestar económico y por supuesto la deontología en su expresión superlativa, ya que todos los profesionales que pretendan incidir en las conclusiones del foro público deberán entender el entorno pero también trabajar en las causas, el hecho social existe y no es nuevo, pero por tratarse de un tema de la mayor importancia deberá atenderse con muchísimo cuidado.

Desconozco a esta fecha cual será el destino de la pretendida reforma, convencido estoy que eliminar sanciones no implica precisamente el exhorto a realizar prácticas indiscriminadas, por eso apelo a que existan verdaderos profesionales dando tratamiento al tema, la postura personal y el fuero interno lo deberá llevar cada quien en conciencia, haciendo a un lado posturas diametralmente opuestas, creo que se percibe en el ambiente un grupo considerable de personas que son empáticas con una línea sin descalificar del todo a quienes lo ven de otro modo, dicho en otras palabras, la duda también cuenta y es razonada y razonable.

Probablemente no soy el único que lo advirtió, pero resulta paradójico que quien hace una defensa férrea en contra de la interrupción del embarazo lo sea una legisladora que llegó a la curul por el carril de la izquierda y quien colocó los pañuelos como símbolo de liberalidad absoluta lo hizo en una alianza electoral con un partido identificado plenamente con la derecha, más que sentir asombro o reprobar la conducta de ambas, detrás de los acontecimientos se encuentra una ligera esperanza de reconciliación social, sin pretenderlo seguramente, ambas senadoras nos han demostrado que ser diferentes nos integra aún más, ningún partido se puede asumir de postura ideológica absoluta, puesto que en sus filas hay integrantes de ala derecha y de izquierda y en esa diversidad deberá establecerse un fin común que nos permita transitar con absoluta tolerancia y respeto a todos nuestros semejantes, venga pues, que se tome la mejor decisión posible y que las descalificaciones y el odio se erradiquen por completo de nuestra cotidianidad.

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