¿Qué representa el velo que las mujeres llevan o llevaban en misa?

Las Siete Maravillas de la Vida son, el poder oír, poder oler, poder saborear, poder tocar, poder ver y poder sentir y la más hermosa poder amar. Tú decides por ti mismo en esta vida, se llama libre albedrío ese es el gran regalo de Dios nos dio para vivir para pagar tus cuentas… hasta que llegue tu muerte… o ajustar tus cuentas, para poder vivir los sueños de quienes amas, este sería un ejemplo de renunciar a ti mismo/a para seguir a Jesús.

El camino de Jesús, es el camino del amor agradecido y comprometido, es el único camino que nos hace libres y verdaderamente felices, por eso Jesús nos dice hoy, “quieres seguir el camino del amor”… haz de los sueños del otro, tus sueños,… perdona cuando te enfrentes con el pecado o la ingratitud de quien amas, esto significa “tomar tu cruz”, y cuando hayas dejado todo por amor, entonces, lo tendrás todo, y el mejor ejemplo de esto, es Jesús mismo: muerto y resucitado.

¡Qué contrastantes suenan estas palabras frente a nuestra realidad!, tanta gente preocupada por “su cuerpo”, “su desarrollo”, “su paz”… ocupada por tener mejor carro, mejor ropa, mejor tecnología y mejores distracciones… tan absorta en “sus necesidades”, que difícilmente tienen tiempo de escuchar, platicar, o jugar con quienes aman… creer en Jesús no consiste en repetir los diez mandamientos, el credo, algunas oraciones. Creer en Jesús es seguir sus pasos, los pasos del amor agradecido, que lo hicieron pasar por la Cruz, y lo condujeron hasta la vida del Padre y la Resurrección.

¿Por qué el velo en la mujer? San Ambrosio en su tratado sobre la virginidad relata el hecho histórico de una joven de la nobleza forzada por su familia al matrimonio. La joven huye hacia la iglesia, y junto al altar suplica al sacerdote que pronuncie sobre ella la oración de consagración de las vírgenes y le imponga como velo el lienzo del altar.

Él será para la joven el sigo de su desposorio con Cristo. Ese velo, al igual que cubre el altar para el santo sacrificio, cubrirá el nuevo altar del corazón de la joven, donde ofrecerá el sacrificio diario de su virginidad como ofrenda de suave olor al Padre eterno.

¿Por qué el velo en la mujer? Quiero apuntar, entre otras, tres razones, la primera, porque es hermosa. El velo le recuerda que no debe dejarse llevar por la concupiscencia de la belleza, ni arrastrar a otros. Es signo del pudor y recato, de la modestia en el ornato con que siempre ha de vivir y presentarse ante Dios.

La segunda razón, porque es madre. De una forma especial la mujer ha sido unida a la obra creadora de Dios por su propia maternidad. El velo le recuerda que su maternidad es sagrada, y por ello se cubre, para indicar que al estar cubierta el mundo no puede dañarla ni ella dejarse. Y, además, todo lo sagrada se cubre.

La tercera razón, por su maternidad espiritual. Este es un aspecto importantísimo y desconocido por la mujer. La mujer pudorosamente vestida, cubierta con su velo, en silencio orante es fiel reflejo de la imagen de la Santísima Virgen, que con su silencio y su velo oraba incesantemente por su Hijo y meditaba Su obra redentora.

El recogimiento dentro de la iglesia de la mujer con el signo distintivo de su velo tiene un fruto riquísimo para la Iglesia para la santidad sacerdotal, el sostenimiento moral y espiritual del clero y para el fomento de las vocaciones. La maternidad espiritual es una grandísima y hermosísima vocación femenina, muy desconocida desgraciadamente, pero de un valor que me atrevería a decir de “estratégico” dentro de la Iglesia.

El falso feminismo al que muchas mujeres han cedido, aparta al a mujer de su verdadera vocación a la maternidad y a la familia. ¡Cuánto daño sobrevino a la mujer y a la santidad de la Iglesia aquel día en que por primera vez entró sin su velo la mujer a la iglesia! Al quitarse el velo ya no pudo evitar quitarse otras prendas de su vestido. Y hoy vemos con rubor y tristeza la absoluta falta de pudor con que muchas mujeres entran en la iglesia. Y como consecuencia desapareció aquel apoyo espiritual, aquella maternidad espiritual.

Mujer, mira el velo como el paño del altar de tu corazón donde has de ofrecer cada día al Señor el sacrificio de tu vida entregada a tu familia, donde ofrezcas las ofrendas de tu pudor y modestia en el vestir. Donde ofrezcas las ofrendas de tu maternidad o de tu virginidad, y en ambos casos las ofrendas de tu maternidad espiritual.

Póntelo. Hace unas semanas, al salir de una Iglesia en la que me encontraba haciendo oración, percibí como un señor le decía a su esposa, “mira, así deberíais de ir todas las mujeres”, lo escuché perfectamente… ¿A qué se refería? Ni más ni menos que al velo que cubría mi cabeza. (hispanismo org) No sé qué pensaría ella, ni lo que llegó a contestar, si es que dijo algo, ya que no me quedé más tiempo allí. Lo qué si sé, es la respuesta a una pregunta que me han hecho en repetidas ocasiones, ¿Por qué debemos utilizar el velo, las mujeres del Siglo XXI?

¿Tiene sentido hoy en día, el uso de una prenda que muchas personas consideran desfasada, anticuada y sin sentido?… Cuando en nuestras Iglesias vemos a diario a la gente más desnuda que vestida, ¿Podemos plantearle a una mujer que se cubra la cabeza para entrar en el Templo? ¿Qué objetivo tiene esto? ¿Molestar al Párroco? A raíz del Concilio Vaticano II, fueron muchos los Presbíteros que aprovechando el desconocimiento de los fieles, indujeron a la mujer a quitárselo, aduciendo un cambio en los nuevos tiempos de la Iglesia y tratando de “beatas” y “ñoñas” a las que continuaron utilizándolo, que fueron marginadas hasta el final.

Todo falso y perfectamente orquestado, para paulatinamente, seguir con todos los demás destrozos: el Latín, la música, la liturgia, el traslado del Sagrarios. Sin duda, una gran obra del maligno para cepillarse, literalmente a nuestra Santa Madre Iglesia. Si la respuesta del por qué utilizar el velo en la Iglesia, fuese una obligación o una imposición a la que las mujeres debemos someternos, estoy seguro que no secundaría absolutamente ninguna dama.

Esta hermosa tradición milenaria, que oculta un dulce secreto de Amor con mayúsculas, que les voy a desvelar. Antes de nada, les diré que este artículo, no es solo para las mujeres, es para los hombres también, ¿Por qué? En breve lo descubrirán. Me estremece imaginarme a la Virgen María en oración, la supongo recogida bajo su velo, ocupando ese discreto lugar al que las mujeres están llamadas: brillar en la oscuridad, ahí, donde verdaderamente hace falta la luz.

El otro día en una Iglesia veía a una señora de unos treinta años en el altar, disfrazada de monaguilla. Esto mismo, lo hemos visto hace poco en una Misa con el Santo Padre, pero esto no quiere decir que sea un referente que debamos imitar, por desgracia, las ceremonias que deberían ser un ejemplo, a veces, son justo lo contrario, un contra ejemplo, que lo único que promueve es un deseo absurdo en las mujeres, de realizar funciones propiamente masculinas y que, desgraciadamente, sólo provocan la risa del que las observa, ya que están esperpénticas.

Después les hablarán del importante papel de la mujer en la Iglesia y creen que consiste en tocar las campanillas o preparar las vinajeras, ¡Tremendo cometido! No sé ustedes. pero yo, no me la imagino caricaturizada con esa pinta en un Presbiterio, ocupando un lugar al que no ha sido llamada. Pienso que, efectivamente, tal y como se les dice, están designadas para grandes cometidos dentro de la Iglesia, pero desde luego, el gran reto, no es ponerse una casulla y oficiar.

No seamos ridículas, decía una señora, porque esa es la palabra, hay prendas que por excelencia son femeninas y otras prendas que son masculinas, así como las funciones que asumen a las que las convoca la Iglesia y que, al tiempo, van implícitas en su naturaleza. Precisamente, el Señor nos hizo hombre y mujer, con nuestras diferencias y nuestras sensibilidades. “Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió.

Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le habla sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. El hombre dijo: ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer (Varona), porque ha salido del hombre (Varón)” (Génesis 2)

¿Por qué llevas el velo?, le preguntaba una amiga a su amiga. ¿Qué responderían ustedes si alguien les preguntara, por ejemplo, ¿Por qué puedes oír, puedes oler, puedes saborear, puedes tocar, puedes ver, puedes sentir, puedes respirar, puedes amar? Porque es una necesidad vital, ¿Verdad? Seguramente se habrán fijado alguna vez, en las perfumerías, cuantas colonias hay en los expositores. Las mujeres se pasan bastante tiempo buscando esa fragancia exclusiva y personal, que al cerrar los ojos las haga sentir especiales. Cuando encentran ese perfume, ya no se quieren volver a probar ninguna otro.

Con el velo, sucede algo similar, se siente el bonus odor christi y una vez que rompes esa primera barrera del miedo al qué dirán, se produce una concesión total al Amado de nuestra alma, ya solo nos importa agradarle a Él, después de eso, ya no hay retroceso, es una rendición total al Señor, sin reservas, como la enamorada que se viste de blanco y se entrega con su pureza, en el día de su boda.

Solo las mujeres poden entender estas delicadezas tan propiamente femeninas. No es algo estético, pero sí es cierto que el Templo, se embellece y se llena de majestuosidad al estar la mujer recogida en oración, ahí debajo, sin distracciones, entregada en cuerpo y alma a nuestro Señor. Hermosa como una novia para nuestro Dios, “bella por dentro y por fuera” ese debería ser nuestro lema.

El uso del velo, implica, sin necesidad de conocer ninguna norma de protocolo o de vestimenta, que nuestras prendas exteriores deben ir en armonía con algo tan puro y virginal. Sólo con su uso, entenderíamos que hay ropa que no procede ponerse para estar en un lugar Sagrado. El uso del velo, nos abriría definitivamente los ojos, hoy que los tenemos tan cerrados a la pureza y a su oposición, al pecado.

Sólo utilizándolo, entenderíamos qué es lo que debe albergar dentro del alma. “Que vuestro adorno no sea el de fuera, peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, sino lo más íntimo vuestro, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena. Esto es de inmenso valor a los ojos de Dios” (1 Pe.3, 3-4)

Decía una mujer, aunque son muchos los Presbíteros que se manifiestan en contra de que las mujeres lo utilicemos, mi primer acercamiento al velo, fue por los Sacerdotes, alguien me puso sobre la pista de una prenda prácticamente imposible de adquirir en mi ciudad ya que apenas los hay a la venta y posteriormente, sumergiéndome en la lectura de los artículos del Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa, me convencí y acabé no sólo por utilizarlo, sino por desear transmitir a otras mujeres, los beneficios de utilizar una prenda tan piadosa.

¡Ve, oh mujer, tu grandeza y acepta tu dignidad con humildad! No te de vergüenza del velo, pues se te llama “sagrada” y “divina”, pues en esta tierra no se vela (cubre con un velo) más que a Dios. (Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa) Aunque la sociedad actual, nos empuja a lo contrario, a llenarnos de podredumbre interior, lo que sí es cierto, es que si ustedes son capaces de oponerse al mundo y cubrir la cabeza una sola vez, inexplicablemente su vida espiritual, nuestro interior, se desborda como un río cuando llega al mar y les aseguro, que no volverán a prescindir de él, el que lo prueba, repite.

Esa corriente que desborda el alma, no sólo queda dentro de nosotras, sino que se derrama a todos los que están a nuestro alrededor y aquí es donde entra el hombre ¿No somos las mujeres, por norma general, las que enseñamos a los niños sus primeras oraciones? Pues esto continúa en todas las etapas de nuestra vida… somos maestras, ejemplo con nuestros actos y con nuestra vida y recogidas en oración, tenemos una gran misión que es llevar las almas a Dios. ¡El prototipo de la mujer del Siglo XXI!

Qué ejemplo para los hombres vernos fieles para el Señor, sin más distracción ante nuestros ojos que el Sagrario! Si utilizáramos el velo, no desearíamos más, que recibir a Dios, como verdaderamente debe hacerse, de rodillas y en la boca, seríamos incapaces de tocarlo con nuestras manos o de quedarnos de pie impasibles ante Él, caeríamos rendidas ante nuestro Amado. Supongo que como a todas las mujeres, mi referente es María, Ella es la mano que nos conduce a Dios.

Prácticamente es representada en todas las imágenes, cubierta, sin destacar, pero, fíjense que curioso, en ese plano discreto y alejada de toda mirada, fue la mujer que tuvo el papel más relevante en la historia. Ella no estaba sentada a la mesa con Jesús en la última cena, pero estaba a los pies de la Cruz, donde prácticamente todos, le habían abandonado.

Y si todo esto se repitiera en el año actual, no me la imagino con cualquier prenda, desgarbada y en una Iglesia subida al ambón, no, es seguro que Ella, estaría exactamente igual, oculta a las miradas, pero con ese papel tan importante y determinante como es dar ejemplo con la propia vida de uno. La imagino con Jesús, en el Sagrario, con sus manos juntas y su cabeza bajo el velo que cubre y oculta nuestros sentimientos más íntimos, por eso, cuando me preguntan por qué el evlo, sólo puedo responder… por Amor.

El velo, como una tradición, es una costumbre muy antigua que ahonda sus raíces en el pueblo de Israel; era un elemento que expresaba sumisión a Dios y respeto. Uno de los motivos para el pueblo de la Antigua Alianza de usar el velo era la costumbre de cubrir lo que se consideraba digno de respeto, de veneración. Un ejemplo de esto lo vemos en el Antiguo Testamento con el Arca de la Antigua Alianza que se guardaba detrás del velo del Santo de los Santos. Y se sabe además que Moisés se cubrió el rostro al “ver” a Dios.

Y la Iglesia ha retomado esta norma por los mismos motivos; de esta manera se cubren, por ejemplo, el cáliz, el sagrario, el copón, los altares, etc… El velo denota además respeto por el lugar y la conciencia de estar en una situación y en un lugar especiales; lo vemos, por ejemplo, cuando a las mujeres se les pide llevar mantilla en situaciones de solemnidad ante el Papa.

La mujer, que suele ser más espiritual y más sensible a lo religioso que el hombre, usa el velo sobre la cabeza exteriorizando de esta manera una profunda reverencia al ser ella consciente de estar en la presencia de Dios. La mujer, al cubrirse la cabeza, se recoge en oración, entre otras cosas, evitando así la distracción propia como ajena. De esta manera el velo es símbolo de modestia, de lucha contra la vanidad (cubrir la propia gloria para dársela a Dios), de recogimiento, de entrega a Dios, de imitación a María la sierva del Señor.

No es por tanto el velo algo estético o un adorno, sino un instrumento que llama al recogimiento y al silencio; es un elemento que llena majestuosamente la iglesia de piedad y de reverencia al ver a las mujeres recogidas en oración y entregadas a Dios sin dispersiones dándole a Dios el lugar central en la vida.

El velo ayuda a entender lo verdaderamente importante a los ojos de Dios:
“Que vuestro adorno no sea lo de fuera, peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, sino lo más íntimo vuestro, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena. Esto es de inmenso valor a los ojos de Dios” (1 Pe 3, 3-4).

Aunque el velo no sea una cuestión de dogma, es, al menos, una cuestión de tradición eclesial. Es por esto que, dada su importancia, el uso del velo o mantilla por parte de la mujer durante la misa fue, desde muy antiguo, una práctica obligatoria que incluso estaba consignado tanto en el Código de Derecho canónico del año 1917 (Can. 1262) como en el ritual de la misa preconciliar.

Sin embargo en el nuevo código de Derecho Canónico (del 1983) ya no aparece esa obligación, como tampoco aparece en el nuevo misal del año 1969 promulgado por el Papa Pablo VI. Al dejar de ser prescrito su uso como obligatorio durante la misa por la ley eclesiástica, el velo quedó como una venerable tradición.

Y si la Iglesia vio la necesidad de no tener en consideración el velo durante la misa, como algo obligatorio, sus motivos válidos habrá tenido; que no significa esto acabar con lo que él significa o representa. Lo que el velo representa debe ser tenido en cuenta tanto por hombres como por mujeres, usen estas o no el velo en misa.

Por consiguiente hoy en día ya no se usa, aunque esto no quiere decir que esté prohibido; la mujer que quiera llevar el velo en misa lo puede hacer. Y en ese caso debe hacerlo con libertad, y como un elemento más de devoción personal; usarlo como objeto de piedad y no para quedar bien. Eso sí, nadie debe juzgar los motivos de quien lo lleve o no lo lleve; es bueno dejar a cada mujer libertad en el asunto.

El velo es obligatorio única y exclusivamente para las religiosas (siempre y cuando el instituto religioso así lo prescriba en sus constituciones) dentro y fuera de la misa. El velo es también símbolo de consagración para las vírgenes consagradas. Tanto las religiosas como las vírgenes consagradas consideran a Jesús como su esposo y por esto llevan el velo como signo de fidelidad a Él (1 Cor 7, 34).

Bibliografía:
El velo Estudio Bíblico El velo de la mujer cristiana en la iglesia 1 Corintios 11. 2-16 www.escuelabiblica.com/estudios-biblicos-1.php?id=102
El velo, un honor para la mujer. www.hispanismo.org

Entre Griegos y Troyanos
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
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