Señor concédeme un Cumpleaños Feliz y si es posible tu Gracia, también

¿Por qué deseamos que se nos conceda un cumpleaños feliz? ¿Por qué deseamos estar en gracia de Dios? ¿Sabes lo que para mí significa la Esperanza?, pues acompáñame a conocer un poco acerca de lo que para mí significan estas preguntas tan aparentemente sencillas. Pues para comenzar, en mi cumpleaños feliz, no preciso si decir si tengo un año más o tengo un año menos. Jan Anguita, en uno de sus artículos en una ocasión nos comentó Cómo Pedir un Deseopara ese cumpleaños, y nos sugirió Tres Simples Pasos que debemos seguir para Que Se Cumpla de Verdad.

¿Por qué deseamos que se nos conceda un cumpleaños feliz? Qué Pedimos. El primer paso para pedir un deseo es, evidentemente, pedirlo. En principio debería ser un paso fácil, pero a la práctica no lo es tanto. Hay que tener muy claro qué pedimos, a quién se lo pedimos y cómo se lo pedimos. Primero de todo, tenemos que definir claramente lo que queremos pedir. El problema es que a menudo no sabemos exactamente qué queremos, ¿verdad? O pensamos que queremos una cosa y luego resulta que no, o vamos cambiando de opinión a medida que pasan los días.

Para pedir un deseo y que se cumpla es muy importante tener muy claro qué queremos y mantenernos firmes durante un tiempo. Por este motivo, vale la pena tomarse un tiempo para decidirlo bien antes de pedirlo. Fijarnos bien en lo que sentimos y en lo que queremos a un nivel profundo. ¿Qué es lo que realmente sientes? ¿Qué es lo que realmente deseas?

Una vez ya sabemos lo que queremos, el siguiente paso es dirigirnos a quien tiene la capacidad de dárnoslo, según Jan Anguita es el Universo, aunque yo pienso que es a Dios Padre el que todo lo concede, pero continuemos, Es importante ser muy consciente en todo momento de con quién estamos hablando. No le estamos pidiendo nada a ninguna persona en particular, le estamos pidiendo una cosa directamente al universo, aunque yo pienso que es a Dios Padre.

Este paso es importante, porque a menudo creemos que determinadas personas tienen que hacer determinadas cosas para que nuestro deseo se haga realidad. Y no es así. Nosotros pedimos al universo, aunque yo pienso que es a Dios Padre y es el universo o sea Dios Padre quien decidirá cómo nos hace llegar lo que hemos pedido y qué personas intervienen en el proceso.

Cómo Se Lo Pedimos En tercer lugar, al verbalizar la petición, lo mejor es hacerlo en un tono natural. No suplicar nada, ni tampoco exigir nada. Simplemente informar al universo de lo que queremos con humildad y amor. Universo, deseo tal cosa. Me gustaría mucho que me lo proporcionaras, y que el proceso para conseguirlo sea agradable e interesante para mí. Ya está. La última parte de la petición (pedir que el proceso sea agradable) no es obligatoria, pero es muy recomendable. Muchas veces, el universo tiene que reestructurar nuestra vida para darnos lo que queremos, y a veces el proceso puede ser un poco incómodo.

Si no decimos nada, el universo normalmente toma el camino más directo, sin tener demasiado en cuenta los baches que tiene. Así que si queremos un viaje más plácido, es mejor decírselo claramente. Esto no garantiza que no haya dificultades (a veces son inevitables), pero las minimiza un poco. Yo lo resumiría de la siguiente forma: todo empieza con la oración a Dios Padre, por medio de Jesús, a Jesús, por medio de María, y a María por medio del Santo Rosario, pero no lo olvides, todo empieza con la Oración.

El Segundo Paso: Escuchar en Silencio y con Confianza a Dios Padre. Una vez ya hemos pedido nuestro deseo, el siguiente paso es esperar una respuesta. Este es seguramente el paso más difícil, porque hay que escuchar atentamente, y no estamos acostumbrados a hacerlo. Estamos mucho más habituados a hablar y a exponer nuestras quejas y opiniones que a escuchar. Y en este paso hay que escuchar.

Si estamos hablando, significa que no estamos escuchando. Es muy difícil hablar y escuchar bien a la vez. Así que simplemente escucha. En silencio. Durante el tiempo que haga falta. Que pueden ser días, meses o incluso años. ¿Sabes una cosa? Aunque a veces cueste creerlo, Dios Padre desea que tengas lo que quieres. De hecho, no hay nada que desee más en el mundo. Él quiere verte feliz y darte todo lo que quieras.

Al oír esto, es posible que pienses: si esto es verdad, ¿por qué no nos lo da de forma rápida y directa? Si le pido dinero, ¿por qué no me cae de cielo al instante? Si le pido trabajo, ¿por qué no me llaman enseguida para ofrecerme un empleo? Si le pido amor, ¿por qué no encuentro pareja al día siguiente en un parque? Se supone que Dios Padre debería poder hacer estas cosas, ¿por qué no las hace?

Para entender la respuesta, hay que tener en cuenta que el Dios Padre tiene una visión mucho más amplia que nosotros. Él sabe mucho mejor que nosotros lo que realmente nos conviene, y lo sabe con un nivel de profundidad que nosotros ni siquiera somos capaces de imaginar. Este es el motivo por el que la respuesta no siempre llega de la manera que nos gustaría, ni con la velocidad que nos gustaría.
Y por esto es tan importante la fe.

Esta es una palabra bastante desprestigiada actualmente, pero en realidad es muy poderosa. Tener fe significa confiar en la vida. Significa estar abierto a todo lo bueno que nos pueda pasar. La fe es clave para poder avanzar. La petición ya está hecha, y en cualquier momento puede llegar la respuesta. Solo si estamos atentos podremos oírla.

Actuar se considera el último paso. Si pedimos un deseo al universo y esperamos atentamente una respuesta, la respuesta llega. Siempre. Tarda más o menos, pero siempre llega. Y cuando llega, hay que actuar en consecuencia. A veces, la respuesta que recibimos es el deseo tal y como lo habíamos pedido. Quizás pedimos más dinero y nos toca la lotería, por ejemplo. Pero la mayoría de las veces no es así. Lo que normalmente pasa es que recibimos una intuición: “ves a tal lugar”, “haz tal cosa”, “llama a tal persona”

Cuando esto sucede, durante unos breves segundos lo vemos todo muy claro. Sentimos que el universo ha respondido y que lo que deseamos está en camino. Solo tenemos que seguir las indicaciones. Pero entonces se mete la mente por medio, con sus habituales dudas y quejas: a lo mejor nos lo hemos imaginado, vete a saber si la intuición era correcta o no, por qué el universo no pone las cosas más fáciles, etc. Cuando esto suceda, hay que recordar nuestra reacción inicial: lo que sentimos en un primer momento cuando llegó la intuición.

El universo estaba respondiendo, y en el fondo lo sabemos. También sabemos de forma intuitiva que esta intuición no tiene porqué llevarnos directamente a nuestro deseo. Quizás es solo el primer paso. Quizás después viene un segundo paso y después un tercero. Pero esto ya lo veremos una vez hayamos empezado a caminar. Lo importante es que ya tenemos una primera indicación. A partir de aquí depende de nosotros ir a buscar nuestro regalo.

El cristianismo primitivo nos enseña una forma muy interesante de estar en Gracia de Dios, dando una respuesta por demás interesante ¿Por qué deseamos estar en gracia de Dios? ¿Qué significa Gracia de Dios?, ¿Significa acaso perdón? ¿Significa compasión? ¿Significa tal vez tolerancia?

Muchas personas demuestran, nos dice Ernesto Martin en el cristianismo primitivo, por medio de sus vidas, que creen que la Gracia de Dios es casi exclusivamente “el perdón no merecido” de Dios. Para estas personas, la Gracia de Dios supuestamente les perdona cualquier pecado que cometan. Por medio de sus vidas llenas de religiosidades, pero carecientes del poder divino, tales personas anuncian a todo el mundo: “Podemos vivir de la forma que nos dé el deseo vivir y si pecamos lo único que necesitamos hacer es pedir el perdón de Dios, y su abundante gracia siempre nos perdonará. ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!”

Esto para ellos significa “estar libres de la ley”. Tales individuos se imaginan que están libres del pecado del legalismo y se sienten convencidos que están bien con Dios por su abundante Gracia. Sin embargo, los que viven de esta forma son precisamente la clase de personas a quienes se refiere en Judas versículo 4:
Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

La Biblia, en Romanos 6.1 y 15, plantea las siguientes preguntas: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la Gracia abunde? (…) ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la Gracia?”
¿Qué cree usted, amigo lector? ¿Sí, o no?

Bueno, es evidente que si la Gracia de Dios fuera nada más el perdón de Dios, concedido de forma indiscriminada a todos los que se lo pidan, la respuesta para las preguntas planteadas en Romanos 6.1 y 15 sería un resonante: “¡Sí, cómo no! ¡Porque entre más pecamos, tanto más puede Dios demostrar su abundante Gracia en nosotros!” Pero, ¿cuál es la respuesta que la Biblia da para estas preguntas? Tanto el versículo 2 como el 15 dicen: “En ninguna manera”. O sea, en ninguna manera debemos pensar que la Gracia de Dios consiste en el perdón que él supuestamente concede de forma indiscriminada a todos los que se lo pidan y que todo se queda ahí. Entonces, ¿Qué es la Gracia de Dios? ¿Cuál es el verdadero significado bíblico de la Gracia?

Notemos primeramente el significado de la palabra original griega. La concordancia Strong dice: Gracia: “La influencia divina sobre el corazón, y su reflejo en la vida”. ¿Ve eso? ¡Qué tremendo! Qué significado más noble se le atribuye a la palabra Gracia. Con este significado concuerda toda la Biblia en todos los versículos donde expone sobre cómo es y qué es la Gracia de Dios. Por ejemplo, veamos un pasaje bíblico en el libro de Tito. Tito 2.11-13 nos enseña cómo es realmente la Gracia de Dios.

Porque la Gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. ¿Comprendió usted? Estos versículos nos demuestran claramente que la Gracia de Dios no se refiere únicamente al perdón de Dios, sino que se refiere específicamente al poder que Dios nos da para dejar de practicar el pecado en nuestra vida diaria y vivir una vida Santa, día tras día.

Ahora, a la luz de esta verdad bíblica, le ruego leer de nuevo, detenidamente, uno de los pasajes más favoritos de la comunidad evangélica:
Porque por Gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesios 2.8-10).

¿Percibe usted ahora el verdadero mensaje que el Espíritu Santo desea comunicar a nuestro corazón a través de estos versículos muchas veces malinterpretados en Efesios 2.8-10? La Gracia de Dios de ninguna manera merma la importancia de vivir una vida Santa, sino más bien la Gracia de Dios en nuestras vidas aumenta la necesidad de la santidad en la vida diaria. Dios nos advierte en términos inequívocos: “No recibáis en vano la Gracia de Dios” (2 Corintios 6.1). ¡Gracias a Dios por su abundante Gracia! Recibámosla para la salvación de nuestras almas.

¿Sabes lo que para mí significa la Esperanza?, ¿sabes porque La esperanza es lo último que se pierde? Si conocemos que la Gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobrio, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada. Pues la expresión La esperanza es lo último que se pierde es muy común pero, ¿sabes de dónde procede? Como casi todo en nuestra lengua, procede de la época clásica. Para esta cuestión en concreto tendremos que hablar del mito de la Caja de Pandora.

Todo empieza en la época en la que mortales e inmortales convivían en un mismo mundo. En los banquetes, los dioses debían escoger primero la mejor pieza de comida, dejando para los demás el resto. Harto de esto, Prometeo decidió un día revestir de los mejores pellejos la peor carne y viceversa, consiguiendo engañar a los dioses pero provocando que, una vez fuera descubierto el engaño, los mortales fueran desterrados.

Prometeo, buscando siempre el bien para los humanos, robó el fuego a los dioses para dárselo a los mortales y así lograr todas sus ventajas. Zeus, colérico por este robo, decidió enviar un “castigo” a los hombres. Creó a Pandora, una mujer modelada por dioses como Hefesto, Hermes, Afrodita o Atenea con sus mejores características. Pandora fue enviada a casa de Prometeo, donde su hermano Epimeteo, a pesar de los avisos del primero, se casó con ella.

Pandora era tremendamente curiosa, por lo que no dudó ni un instante en abrir una caja que existía en la casa de Epimeteo en la cual se encontraban encerrados todos los males que podrían perjudicar a los humanos (y que Zeus quería que fuera abierta). Al abrirla, todos empezaron a esparcirse por la Tierra, sembrando cada rincón con un mal. Pandora, asustada, intentó cerrar la caja lo más rápido que pudo, pero sólo pudo evitar la fuga de la Esperanza, que quedó encerrada en la caja. Al comunicarle lo sucedido a Prometeo y a su marido, Epimeteo, Pandora les dijo que lo único a lo que siempre podrían recurrir era a la Esperanza, pues era lo único que quedaba en la caja y por lo tanto, lo último que se podría perder.

Es por esto que se dice que la Esperanza es lo último que se pierde. Es curioso que en este mito se presente a la mujer como algo negativo para el ser humano ya que es la causante de sembrar los males sobre la Tierra (la Biblia, en claro paralelismo, también pone a una mujer, Eva, como fuente del destierro del Edén por comer la manzana prohibida). También hay que destacar el trato de la Esperanza con un mal, y si se piensa bien, si se tiene Esperanza es porque no se tiene lo que se desea y, por tanto, se puede clasificar como algo negativo.

Cuando te retiras de la iglesia habiendo recibido en la Comunión a Jesús Eucaristía, cuentas desde ese momento con la Gracia de Dios. la Gracia de Dios no se refiere únicamente al perdón de Dios, sino que se refiere específicamente al poder que Dios nos da para dejar de practicar el pecado en nuestra vida diaria y vivir una vida Santa, día tras día.

Nosotros conservamos la Gracia al hacer en nuestra vida diaria buenas obras, ayudar al necesitado, ir a misa los domingos, santificar las fiestas, portarse bien en casa, con los hijos, la esposa, los compañeros de trabajo, en fin ser una persona con el poder de la Gracia para no estar pecando en la vida diaria con La Esperanza que, si un día la muerte nos sorprende, ese día estemos con la prolongación de la Gracia recibida desde el día en que recibimos en la Comunión a Jesús Eucaristía. Recordando a Pandora cuando les dijo a Prometeo y a su marido Epimeteo que lo único a lo que siempre podrían recurrir era a la Esperanza, pues era lo único que quedaba en la caja y por lo tanto, lo último que se podría perder.

Busca siempre ese rayo de sol y de esperanza para no rendirte, ni siquiera en los días más tristes. Cuando la ignorancia nos envidia y nos critica, la inteligencia observa, escucha y se ríe. Señor concédeme un cumpleaños feliz y si es posible tu Gracia, también.

Entre Griegos y Troyanos
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
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SEÑOR CONCÉDEME UN CUMPLEAÑOS FELIZ
Y SI ES POSIBLE TU GRACIA, TAMBIÉN.

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