Los treinta

Si algo me gusta de los cumpleaños, es que se celebra la vida, y el día de hoy cumplo 30 años de vivir. Pero, ¿Qué significa tener treinta años? O ¿Por qué cumplir esta edad, debe significar algo? ¿Hay alguna lista de cosas que uno esté obligado a hacer?

Estos 30 implican que no soy ni tan joven ni tan viejo. Estoy en la posición de que ya puedo “sermoniar” a un adolescente, pero aún soy joven para que otras personas lo hagan conmigo. Según los parámetros de la sociedad, es el punto donde deberías alcanzar muchas de tus metas; estabilidad económica, matrimonio, hijos (como si todas las vidas fueran iguales).

Esa edad que se veía tan lejos, llegó. Una medida de tiempo importante (y muy temida) que te hace voltear atrás y poner sobre la mesa tus avances. Pareciera que hay un consenso de que es la edad que conlleva una carga fuerte  de responsabilidad social, pues es difícil aceptar que no has cumplido con lo que la sociedad exige. A mi edad, mis padres ya tenían todo lo que marca la regla; estabilidad económica, casados, con dos hijos. Y todo esto no es que sea un drama; la vida es una lucha constante para cualquier persona en todo punto de la vida. Cada quien tiene su propias batallas diarias, sus derrotas y victorias; problemas que son difíciles para todos. Pero no deja de ser un peso innecesario.

Juzgando a manera “Hollywoodense” , no siento que esté pleno a mis 30; Según las estipulaciones morales de la sociedad, soy un “treinton” cualquiera, completamente fuera de lo que un hombre “hecho y derecho” de 30 años debería de ser.

Discúlpame sociedad, te he fallado. No tengo una estabilidad económica, ni estoy casado, ni tengo hijos.

La verdad, nunca me ha importado cumplir con esas reglas sociales (Si no, no sería músico), pienso que vivir de acuerdo a lo que “se debe de hacer” es perder la autenticidad. Mentiría si dijera que la sociedad no importa, existe una naturaleza en pertenecer, pero no tanto como para dejar lo que quiero por lo que ellos creen que DEBO hacer a mis treinta.

Así que dentro de este desalineado ser, está un “joven no tan joven” que decidió ser feliz con una profesión sumamente desvalorada. Emocionalmente adquirí una madurez y una tranquilidad gracias a todas esas experiencias que nos deja cada persona que pasa por nuestros caminos. No tengo hijos, aunque tengo dos ahijados que me llenan de alegría cada que los veo (sin responsabilidad). Aprendo tanto de ellos, su valentía ante cualquier reto, la capacidad que tienen los niños de disfrutar en plenitud.

Tengo treinta años en profunda libertad física, emocional y espiritual. Agradezco a Dios que me haya permitido vivir todos estos años con una familia que considero ejemplar. He vivido rodeado de muchos amigos que aportan tanto a mi persona; también agradezco a la vida que me haya alejado de personas que restaban; cada vivencias que me permite estar donde estoy y que serán la base de lo que seré.

Sí, es verdad que tengo más canas pero siempre hago alusión a las palabras de mi abuelo: “estas canas ya las quisieran los calvos”. Me siento contento con mi percepción de la vida, tengo a mi gente sana y unida, estoy pleno de tener todo lo que tengo y lo que no.

A mis treinta, no soy lo que debo, pero sí lo que quiero.

JUAN JOSÉ MEJÍA / Índigo / San Luis Potosí, México / Enero 17 de 2019.

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