Minuto a Minuto

Pajas y vigas

En el evangelio de Lucas hay una metáfora que muchos conocemos. Mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. La lección es simple, uno tiene que analizarse primero antes que a los demás, encontrar los errores propios antes de los ajenos.

Sin embargo, quizás haya una lección más profunda escondida. Pero primero lo primero:

La nueva administración presidencial ha sido objeto de fuertes críticas, escrutinio y alabanzas. Nada sorprendente. En política es muy común que existan choques de ideas y de opiniones.

No obstante, la manera en la que criticamos se puede volver más sólida.

Hay quienes critican sin conocer, los que lo hacen por conveniencia, los que lo hacen con mucha seriedad, entre otros. Lo que es seguro es que todos, necesariamente, estamos influenciados por prejuicios.

La lección ya mencionada nos habla de ver y corregir los errores propios, lo cual es muy razonable. Si defiendes un partido o alguna ideología y quieres participar en una política que nos beneficie a todos, es fundamental que reconozcas las manchas de aquello que defiendes. El problema es que difícilmente lo lograrás si no eres consciente de tus propios prejuicios.

La otra lección que se esconde en la metáfora es esa. Una cosa es reconocer lo que identificas como un error o un defecto en ti mismo y tratar de repararlo, pero lo que interpretas como acierto o cualidad se tiene que reconocer también. Quizás lo que dejas, en lugar de lo que quitas, dice más de ti.

La importancia de realizar un proceso de introspección para descubrir por qué juzgamos como lo hacemos radica en muchas cosas. La más importante de todas: libertad. Por ponerlo en una metáfora, descubrir qué cadenas nos atrapan nos ayuda a liberarnos. Puede parecer al revés, pero a menudo son nuestras decisiones las que son dueñas de nosotros.

Por ejemplo, si te criaste en una familia y en un ambiente conservador, y además tu ideología y opiniones suelen ser conservadoras, quizás valga la pena que empieces a cuestionar la racionalidad de tu forma de pensar. No porque esté mal ser conservador, sino porque probablemente estés tomando una postura primero y después pensando.

Un ejemplo muy debatido recientemente: el combate al huachicoleo. En casos como este, solemos pensar que estamos formando una opinión con base en lo que nos parece razonable. La realidad es que en muchos casos solo estamos reproduciendo prejuicios.

Si vienes apoyando al presidente desde hace años, crees en su partido, apoyas la mayoría de sus decisiones y coincidentemente estás de acuerdo con la forma de actuar de la administración, seguramente tengas un prejuicio que valga la pena analizar. Igual al revés.

Si apoyas a un partido diferente a Morena, has estado en contra del presidente por un tiempo y siempre concuerdas con las decisiones de tu partido, probablemente termines estando en desacuerdo con todo lo que haga el presidente sin siquiera tomar en cuenta sus razones.

En la medida que logremos reconocer nuestros prejuicios vamos a aumentar nuestra capacidad de juzgar objetivamente. Conseguir esto es indispensable para crear una política mejor, más limpia, más honesta, más inteligente.

Espero por el bien del país y del futuro de todos los mexicanos que podamos entender lecciones tan importantes como esta. No hacerlo solo polarizará a la política y a la población. Se tiene que entender que las cosas no están mal porque las haga el presidente, o porque no las hace mi partido.

Tengamos bien presente pues, que el voltear a vernos hoy, es asomarnos a un mejor mañana.

Contacto vía twitter: @rubengerardon

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