#NiUnaMás, El Grito Ignorado

Un par de zapatillas negras abandonadas y ropa tirada con evidentes signos de violencia, hacen suponer que otra mujer fue atacada cobardemente y con toda impunidad. Pamela Belducea escribe en redes sociales su hallazgo y plasma el terror de lo que sufrió una víctima más de la grave inseguridad que viven sobre todo las mujeres, en este caso, en el puente inferior de Salvador Nava en San Luis Potosí. Espero que no haya pasado nada, en verdad lo espero.

Integro el texto, Pamela escribe:

“Seguramente andaba de…”

El túnel que se encuentra debajo del puente que cruza la avenida Salvador Nava sobre la avenida Juárez me parece uno de los más escalofriantes de la ciudad, no conozco muchos rincones alcantarillados, pero estos accesos peatonales me resultan especialmente abrumadores, no se diga imaginarlos por la noche. Ni loca pasaría por ahí al oscurecer.

Correr para mi se ha vuelto una necesidad, no es que me encante demasiado, pero lo debo hacer por salud y para bajar de peso, mi opción por la zona donde vivo es realizar el ejercicio por estos túneles o pasos llenos de grafiti, sombríos aun con los rayos del sol iluminando, con olor fétido a desechos humanos, y con toda clase de rastros estupefacientes.

No puedo evitar tomar las llaves que guardo en la chamarra a manera de defensa personal justo al ingresar al área, todos me parecen sospechosos, ni siquiera las pocas mujeres que por ahí deciden pasar puedo tener confianza, así nos hemos acostumbrado muchas, a estar alerta todo el tiempo así sea de día.

Esta vez mi imaginación dio mas vuelo, puedo ser muy creativa cuando me lo propongo; qué hacían ahí un par de tacones, ropa rasgada y tirada en este trayecto… algo pasó, eso sin duda. De ida la gente, dos o tres personas solo se quedaron viendo la escena, al regreso ahí seguían las prendas y entonces un hombre joven de traje, al verme tomar las fotografías emitió un: “Espero que no haya pasado nada”, “yo tampoco” dije.

La única imagen que se viene a la mente por el contexto en el que hemos visto a diario es que una mujer o una persona que usaba estos tacones y la ropa a jirones pasó por alguna situación violenta, mi mente se aleja de cualquier acontecimiento cotidiano, ahí alguien uso la fuerza, la violencia para vulnerar a esta persona.

La reacción del joven no pudo ser más empática desde su entendimiento personal y tratando de deshacerse de una culpa de su género, bien pudo no haber dicho algo más y retirarse, sin embargo había que dar una explicación, nadie la pidió pero es lo que pudo decir.

Detrás de una computadora, de un teléfono, ¿qué comentarios esperamos? Que seguramente esa mujer (porque al usar tacones siempre aseguramos que es mujer) se lo buscó, y por mil razones, “qué andaba haciendo de noche, porque usó tacones, porque provocó a alguien”. Para mi no es más que un retrato terrorífico de que alguien quiso pedir ayuda y nadie se acercó, ¿Quién lo haría?

La parte que debo destacar, es que efectivamente no sé qué ocurrió, que las historias que conozco a diario me indican que no debemos acostumbrarnos a ver episodios de horror y entonces ver resultados fatales con las mujeres inevitablemente, siguen siendo las mas vulnerables, por mayor empoderamiento que presumen las instituciones.

Pero también debo reconocer algo a este joven que excusó a su especie masculina, “yo no fui”, esperando que no haya ocurrido nada; al menos el discurso de muchos hombres está cambiando, no necesitas ser feministo, feminista, feminazi ni esas cosas de mujeres para entender lo que muchas vivimos o hemos vivido, el respeto es obligatorio al cien por ciento, no es no, pero también requerimos que se entienda cómo nos sentimos, (aun sin andar en nuestros días). Nos da miedo salir a las calles pero no queremos sentirnos así, por eso seguiremos usando los espacios públicos para sentirnos libres, no debería pasarnos nada.

Ojalá pueda pensar así diariamente cada vez que salgo a intentar hacer ejercicio, no puedo, acelero el paso en un intento de huir del peligro.

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