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¿Qué Me Duras…?

Hacía tiempo que algunos esperábamos un cambio de fondo, pero no precisamente el que prometía el tenaz candidato Andrés Manuel López Obrador. A excepción de sus posicionamientos en contra de la corrupción, desde hace unos 12 años he venido insistiendo en mis diferencias con posturas de populismo o anti-economía.

También he coincidido con sus anhelos de disminuir la pobreza y la desigualdad, aunque tenga yo serias discrepancias en cuanto a las vías o formas específicas para hacerlos realidad, pues ciertos enfoques nunca han funcionado. Eso, fíjense, se confirma en el rejuego de diversos ángulos económicos y sociales.

Ante la corrupción, por más de una década él ha reiterado su voluntad y sus intenciones de combatirla, si bien parece asumir posiciones un tanto ingenuas en lo que toca a “predicar con el ejemplo” (muy importante, pero insuficiente) o al confundir austeridad y honestidad. Resaltan, en todo caso, las enormes dificultades para enfrentarla con eficacia.

Estos años he insistido en algunas claves para abatir la corrupción que se ha desbordado en nuestro país. Destaco aquí las siguientes.

i) Mostrar desde el nivel más alto el convencimiento y la voluntad de combatirla con medidas lógicas y decisivas;

ii) reconocer que se trata de un fenómeno que requiere acciones convergentes de distintas disciplinas (jurídicas, económicas, sociales, culturales,…) hacia diversos plazos;

iii) acotar la desmedida impunidad y/o recurrir a amnistías cuidadosas en casos excepcionales y bien justificados;

iv) valerse de instituciones que sean incuestionables y cuenten con todo el apoyo presidencial;

v) fortalecer el Estado de Derecho como marco del cumplimiento de la Ley en estas y otras facetas de la vida nacional;

vi) dar prioridad al aprendizaje y la difusión de los valores de honestidad, integridad y transparencia (rendición de cuentas, prevención de actos deshonestos), y

vii) promover una cultura de sobriedad o austeridad frente a las ostentaciones y comparaciones de riquezas entre individuos que compiten por un estatus social.

Esto se deriva de múltiples análisis e investigaciones de este escribano, al igual que de experiencias positivas (ISSSTE 1988-92 y Grupo Salinas 2004-2007) o negativas (SEP 2008 y Fovissste 2009-12), en los sectores público y privado. Queda una especie de legado, aunque no lo vayan a aprovechar.

Se debe cubrir la mayoría de las 7 vías esenciales, y don AMLO cumple la primera y la última… cuando EPN no satisfacía ninguna de ellas. En suma, oigan, ¡Sí se puede! Sólo es cosa de escoger batallas y pelearlas muy bien… con decisión e inteligencia.

Aunque nada resulta tan sencillo, nuestro líder —hoy triunfante— no suele ver imposibles… lo cual suena bastante bien en libros de motivación, pero en los hechos no es cuestión de voluntad ante obstáculos demasiado complejos e incluso insalvables para cualquier mortal.
¡Qué me duras, presupuesto; qué me duras, corrupción; qué me duras, inseguridad; qué me duras, Juárez o Madero; qué me duras, calenturas… que aquí está tu Mejora! Todo lo podría decir él… y, en principio, no cae mal un valiente, pero son inalcanzables algunas aspiraciones, por muy válidas que puedan ser.

Bueno, un realismo sin tantos pretextos tendría que darnos un mejor gobierno que deje atrás la demagogia de campañas políticas, para consolidar su legitimidad y convocar un gran esfuerzo nacional.

  • EL PRESIDENTE ELECTO NO acaba de entender ciertos temas importantes, y aunque le podrían ser de utilidad los dos meses que faltan hacia la toma de posesión, tampoco es tan seguro que en los delicados mercados internacionales le den tiempo para que aprenda más. Preocupa que habla mucho y reflexiona poco.

Le hemos escuchado expresiones que tranquilizan, pero luego sale con declaraciones que parecen todo lo contrario. En política económica, digamos, desde la campaña dejó claro que va a respetar la autonomía del Banco de México, lo cual implica que las políticas monetarias o anti-inflacionarias no se verían presionadas por un gasto excesivo del gobierno.

Pero, ojo, al decir que si se presenta una crisis económica será culpa del banco central, se cura en salud ante la insuficiencia de recursos para cumplir sus promesas en caso de no aumentarse la emisión monetaria a fin de satisfacer sus deseos. Y, eso sí, siempre se ha sabido de las limitaciones presupuestales para cualquier gobierno.

Esto es sumamente peligroso… AMLO deberá asumir que algunas de sus propuestas no se van a materializar (sin que tenga que echarle la culpa a los demás), o forzar las cosas mediante coacciones al Banco en un marco que, sabemos bien, no ha cambiado ni va a cambiar en un plazo cercano.

Delimita el ex-candidato Gabriel Quadri: “Ok. No al ‘neoliberalismo’. Entonces, ¿qué proponen? No a la democracia liberal, no a la economía de mercado, no a las libertades políticas individuales, no al equilibrio fiscal y monetario, no a la competencia económica, no a la inversión privada” (Twitter, 20/IX).

Al menos debe evitar tantas declaraciones y, en especial, el uso de palabras cuyos significados jurídicos o económicos no son fáciles de digerir: bancarrota, neoliberal, crisis,… Miren, en numerosos temas, lo que diga —y cómo lo diga— puede tener graves repercusiones.

  • SE HABLA DE INEPTOCRACIA y el creador del término, el escritor y filósofo francés Jean d’ Ormesson, la define así: “Un sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos capaces para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son recompensados con bienes y servicios pagados con impuestos confiscatorios sobre el trabajo y la riqueza de quienes producen en número decreciente”.

Aunque plagada de errores, los diputados morenistas festejaron la aprobación de la ley que reducirá los sueldos de los funcionarios, en lugar de eliminar abusos, despilfarros y privilegios indebidos. A los integrantes del nuevo gobierno les quitan incentivos y les fomentan su improductividad, mediocridad e incluso corrupción, en contraste con el principio de que el talento y la capacidad especializada deben ser recompensados (Francisco Garfias, Excélsior, 14/IX).

Y ¿saben qué? Hay el riesgo de tener un gobierno de los peores; de los menos talentosos que aceptan remuneraciones más bajas que las que marcan los mercados laborales; de los que arriban al poder por el hartazgo de los votantes con los ineptos anteriores… Ojalá, en serio, que no lleguemos a esos extremos en México.

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