Esperanza y Fé, Legado de Benedicto XVI a México.

El pueblo mexicano enseñó a sonreir al Papa que en su visita no regateó saludos, sonrisas y momentos muy emotivos: Rubén Pérez Ortiz.

Benedicto XVI ha llegado a México a dejar un mensaje de esperanza y de fe; una persona mayor, como él, nos habla de fidelidad, de pertenencia.

Hemos vivido a través de los medios escenas emotivas de un Papa que se acerca, que saluda, que sonríe, que lleva en su corazón la grave responsabilidad de conducir la barca del apóstol Pedro.Así lo expresó, con júbilo, desde el altar de la Catedral Metropolitana el presbítero Rubén Pérez Ortiz, secretario de la Pastoral Social y Cáritas Diocesana, ante los feligreses que acudieron a la misa del mediodía dominical.

El Evangelio tocó el tema del grano de trigo, del que Jesús dice a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo no muere en la tierra queda infecundo pero, si muere, producirá mucho fruto y, también: el que se ama a sí mismo se pierde, pero el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna”.

Pero –destacó Pérez Ortiz— ¿Cómo, el que se ama a sí mismo se pierde? No es esto lo que leemos en los modernos libros de auto-ayuda. En ellos se nos dice que hay que querernos, que hay que abrazarnos a nosotros mismos y, de ser posible, decirnos, para motivarnos, dulces palabras. ¿Si no nos amamos a nosotros mismos, quién nos va a querer?Pero no, no dice Jesús que no nos amemos.

Sus palabras van más allá y apuntan mucho más alto de lo que alguien superficialmente podría imaginar –destacó. Para comprender lo que Jesús dijo en realidad, el sacerdote compartió a la feligresía un viejo cuento judío:“Una vez el rey Salomón, el rey sabio, se quejaba en voz alta de la brevedad de la vida. Oh –gemía aterrorizado, es tan corta; en el fondo le daba miedo morirse.

Entonces Dios, que lo quería tanto y lo tenía tan mimado, envió a él un ángel en cuya mano derecha resplandeció una copa de cristal.

El Todopoderoso, bendito sea por los siglos de los siglos –dijo el ángel a Salomón, se ha apiadado de ti y te ofrece hoy en esta copa el elíxir de la vida; si lo bebes no morirás; si no lo bebes correrás la suerte de todo mortal y te irás de este mundo el día que te tiene Él señalado. Elige tú.

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