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El drama del pejesalario

A propósito de un libro que me obsequió una amiga apreciada, es que pude entender un poco más ese fenómeno social de desigualdad que desnuda el mirreynato, un periodo que define a un grupo social, fanático de las excentricidades y gustos caros, quienes habitualmente por cierto muchas veces carecen de eso, llamado buen gusto, pero en fin, ahí andan los mirreyes, hijos de empresarios y políticos, o también cachorros de empresarios metidos en la política o bien descendientes de políticos que se hicieron empresarios, pero peor aún, ese otro grupo de juniors que escalaron socialmente en razón de negocios turbios o la delincuencia organizada como actividad de sus padres, pero el caso es que son hijos, del hedonismo y el poder, porque el mirrey no solo disfruta, además dentro de sus características debe ejercer y demostrar su poderío económico, social y político, es decir, no solo basta tener dinero, hay que hacer pose publica antipática, ser prepotente, comprar ropa de marca y viajar, esas son algunas de las características de estos personajes.

¿Qué piensa nuestra sociedad de todo esto? Es decir, hay personas en este País que tienen un nivel de vida tan fuera del contexto común que pasean a sus perros en aviones privados, como la hija del cacique Romero Deschamps o bien su otro hijo al que le compró un coche Ferrari de edición especial, que como dato curioso para poder acceder a ese vehículo había que acreditar cuando menos una compra previa de otro u otros coches de esa marca y contar con capacidad para el mantenimiento, o los relojes que han usado muchos de nuestros políticos, los ranchos enormes y fastuosos, caballos hermosos, animales exóticos, etcétera, hay quienes los odian, pero hay también quienes los admiran, solo hay que darse una vuelta en las redes para ver personajes luciendo réplicas de ropa y accesorios en coches ajenos o en borracheras consumiendo vinos caros, es extraño, los mirreyes ya existían, solo que antes se les decía fresas, pirrurris o fifís (amlo, dixit), solo que no existían las redes donde pudieran exponer su riqueza, antes solo las revistas de socialités y las secciones correspondientes de los diarios reconocidos, pero sin duda llevaban una vida más discreta, hoy han tomado la escena pública y muchas cosas se han descubierto.

Gracias a los mirreyes de la clase política es que hemos constatado el constante y descarado dispendio de los recursos públicos, la hija del Procurador de la Defensa del Consumidor armando tremendo pancho por que no consigue mesa en un restaurante exclusivo de la Ciudad de México, la hija del EPN cuando nos dijo la prole con desdén, ella con sus hermanas, hermanos y amistades viajando con el presupuesto, el hijo de uno de los altos mandos de la Secretaria de la Defensa haciendo compras en Europa, Elba Esther y sus compras en Mazaryk y San Diego, son esos excesos los que ofenden a la sociedad, los otros mirreyes, los vástagos de empresarios o criminales te pueden o no caer bien, pero el hecho de que se trate del uso de recurso público del que gozan los hijos de los políticos es lo que ofende en mayor medida a la sociedad.

Ahora bien, tanta referencia a estos personajes no lleva jiribilla de rencor social ni mucho menos, es la mención con énfasis a un fenómeno que existe desde hace muchos años, ¿y que tendría que ver estos con los salarios y las pretensiones de Andrés Manuel?, pues bien, si algo hay que reconocerle al Presidente electo y eso quedó demostrado con el nivel de votación que obtuvo, es la capacidad que tienen él en lo personal y su equipo para detectar malestares sociales y diagnosticarlos, en pocas palabras, ya tanto tiempo en campaña sabe que le cae gordo a la gente y que no, esa es una habilidad que supo aprovechar.

El diagnostico sin duda es importante, pero también lo debe ser el tratamiento, no quiero decir que estoy en desacuerdo en el hecho de que algunos muchos funcionarios se han despachado con la cuchara grande cuando de autoasignarse un sueldo se trata, además si para eso deben salpicar hacia abajo tampoco le ven mayor problema, es decir es ganar ganar para todos, según su convenenciera lógica, los altos funcionarios se suben los sueldos cada que quieren, los líderes sindicales reciben sobornos estratosféricos y la base trabajadora recibe conquistas sindicales disfrazadas en canonjías para trabajar menos y ganar más.

En conclusión reducir o estandarizar sueldos de altos funcionarios puede ser un paliativo pero no una cirugía mayor, es como dar una aspirina a un padecimiento grave, podría aligerar algunos síntomas pero el mal sigue ahí, ustedes creen que al ex gobernador de Veracruz hoy recluido alguna vez lo detuvo el salario para robar a manos llenas, pues no, el sueldo bastante digno le servía tal vez para ir a cenar, su verdadero botín estaba en los contratos y fraudes que cometió con recursos públicos, si lo que se busca es conseguir simpatías de manera fácil con acciones populares la ruta es correcta, si en verdad existe la pretensión de erradicar la corrupción, bajar salarios puede ser un paso, no precisamente el primero ni el obligado, más que una reducción en los altos funcionarios habrá que mejorar el poder adquisitivo del salario en general, la pobreza duele, pero la desigualdad lástima, hay que generar programas de mejora continua, hay que establecer indicadores de desempeño claros y precisos, y lo más importante, crear un sistema anticorrupción que permita llevar a la impunidad a su mínima expresión, después de escuchar al cuasi ex diputado Desfasiux condenar el servicio al arribo de la escoria como pretexto por la reducción de salarios, lo admito, también me dan ganas de que ese tipo de personajes regresaran hasta el último centavo que recibieron como paga, afortunadamente no los son todos y él no me representa, hagamos del ejercicio público un oficio digno y honorable y entonces la sociedad dejará de preocuparse por las percepciones, pero hay que expiar a los vividores y chupasangres que ahorita andan por ahí, así que de acuerdo en la reducción pero eso solo debe ser el comienzo de algo mucho más importante.

HUITZI ORTEGA PÉREZ / Tepantlahtoani / San Luis Potosí, S.L.P. / Agosto  de 2018.

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