Minuto a Minuto

Un padre presente

El día que perdimos las elecciones de Federación del 2013, mi padre me escribió un artículo y hoy quiero devolverle lo importante y única que me hizo sentir.

Al ver situaciones diferentes a mi realidad, me he dado cuenta de lo importante que ha sido para mí tenerlo presente en las decisiones y proyectos que han marcado mi vida.

Desde chica mi padre me llevaba a eventos políticos y sociales, así que creo que mucho de esto y lo que soy se lo debo a él.

Cuando estaba en primaria una maestra de español dijo que sacaría un 10 la persona que escribiera una oratoria y participara en el concurso, él no solo me ayudó a escribirla, si no que cuando me tocó representar a mi salón frente a toda la escuela, me dio horas de preparación para ganar uno de los primeros lugares en la contienda.

Mi padre insistió en que entrara a los scouts, ya que él vivió muchas aventuras con sus hermanos y mi abuelo cuando salían de excursiones; sinceramente estar en este grupo fue una de las etapas que mas me formaron en mi adolescencia, fueron casi 8 años llenos de buenas experiencias y aprendizaje.

Mientras crecía, mi madre insistía en que me vistiera más femenina y en contra de su opinión, él me compró mi primer par de tenis negros, unos tipo vans de botín.

El cuidó de mí cuando estaba muy chica para entender las relaciones, pero cuando tuve la edad y la madurez para tener una relación seria, él estuvo ahí para aconsejarme y animarme en tiempos difíciles.

Mi padre me inculcó ver los noticieros, me acostumbró a hablar de política los domingos durante el desayuno y a discutir con paciencia temas delicados y confusos.

Cuando yo no sabía el significado de palabras, era mucho más fácil preguntarle a él, que consultar una enciclopedia, pues te daba más información que cualquiera de ellas, incluso la Encarta.

Cuando me titulé, él era mi mayor fan, grabando toda la ceremonia de principio a final. Me insistió cuando me vio derrotada, me propuso estudiar una maestría cuando me vio deprimida y aún sigue interesado en apoyarme para lo que está en puerta.

Solo he visto llorar a mi padre cuatro veces, mismas que me ha partido el corazón, pues son esas cuatro veces las que he visto su lado más humano, donde él ha pedido cariño y ha aceptado que no se encuentra bien.

Gracias padre, por que me has enseñado a ser una mujer “hecha y derecha”, a ser fuerte, a “entrarle al quite”, a no rendirme, a tener convicciones, a ser culta, a no dejarme engañar, a siempre seguir cultivándome, a superarme, a estudiar y a tener un trabajo digno.

Gracias por haberme dejado vestir como me gustaba, por no imponerme una carrera profesional, por ser porrista en mis competencias de gimnasia y en mis partidos de fútbol, por cuidarme cuando estoy enferma, por abrazarme cuando me rompieron el corazón, por entender que para irme de tu casa no lo haría necesariamente casada, por aceptar mis ideas e ideales, por siempre escuchar mi opinión y respetar las decisiones acertadas o erróneas que he tomado a lo largo de mi vida.

Gracias por pedir perdón cuando estuviste equivocado, pero sobre todo, gracias por las veces que me dijiste “estoy muy orgulloso de ti, te admiro”, pues no hay mejor sentimiento que tú y mi madre vean que valió la pena el esfuerzo y el tiempo dedicado.

Lo anterior, no solo es una carta para mi padre, es una invitación a que como él, los hombres que son padres y los que están por serlo, se involucren en la vida de sus hijas, que las dejen ser ellas mismas y que siempre les inculquen el estudio y la realización profesional.

Les invito a que no vean el sexo como un impedimento, sino que lo vean como una oportunidad para que sean parte de la vida y de los éxitos de sus hijas.