Minuto a Minuto

Que nos cargue

Fue el otro día. Un amigo me preguntaba sobre la elección presidencial y le contesté que aún no podía pronosticar un resultado, por lo que los metiches en la mesa de al lado me reprocharon que si odiaba a López Obrador porque no hay duda de que va a ganar. Mi respuesta se limitó a que yo no odio a nadie y tengo más preocupaciones que elementos definitivos para predecir.

En fin, tal como se temía, no sólo es alta la tensión sino que la situación del país es muy delicada a partir de factores externos e internos de naturaleza política y económica, a lo que se suma la creciente presión social. Ante ello este escribano acostumbra decir, ya sea en las redes o los cafés y cantinas, que si personalizamos tanto y nos enojamos… a todos nos podrá ir peor.

Por último soltaron allí un “que nos cargue… la chingada”, y fíjense que no estoy de acuerdo. Tampoco es cosa de decir que se los cargue a ellos pero a mí no, pues vamos en el mismo barco.

Eso sí, coincido en que todo tiende a empeorar, lo que puede asociarse a cualquier resultado de un proceso electoral tan polarizado como el que estamos viviendo, y con tanto de por medio.

Gane quien gane, va a haber repercusiones. El más probable beneficiario de nuestra democracia no deja de ser AMLO, pero su festejo debe esperar, y, si perdiera por alguna razón, de ninguna manera lo aceptaría. Ahora todo está más definido y visible que en 2006 cuando alegó un fraude que nunca comprobó, aunque con su carisma y habilidad convenció a muchos.

Esas “realidades políticas” que crea son casi independientes de los hechos. Fue cambiando sus acusaciones (“irregularidades”; tres millones de votos escondidos; un truco cibernético a través de un algoritmo; a la antigüita con urnas rellenadas y actas alteradas) pero, ojo, en ninguna de ellas aportó “un solo elemento de prueba” (H. Aguilar Camín, Nexos, Junio 2018).

Se dice que en esa ocasión hizo más por perder que sus adversarios por ganarle. Y ahora ha tratado de evitar errores graves, aparte de que amaga con el tigre de la violencia si le hacen guerra sucia y finalmente no gana. Al igual que los inversionistas, los mercados se muestran intranquilos y él asegura que ya limó asperezas con los empresarios pues busca ¡amor y paz!

Sin embargo, según ha remarcado a lo largo de su larga vida pública, el sello personal es de confrontación, descalificación e intimidación. Aunque sabe que no conviene asustar a los empresarios, los efectos negativos de un regreso al viejo nacionalismo con estatismo y populismo se agravan por su intolerancia contra quienes no coinciden, como los inversionistas privados.

Ya sea por su intrepidez o su inconciencia, don AMLO no dejó de asistir al tercer debate a pesar de que los candidatos estaban obligados a participar en sólo dos de ellos. Él venía a ser el más vulnerable por su ignorancia y eso se confirmó a lo largo de la transmisión.

Bueno, hay que reconocerlo: Estuvo allí, pudiendo no estar. Tal vez no sepa que no sabe, pero tiene una fe y la defiende aunque se haya vuelto más pragmático y se proteja con artimañas y una forzada calma para no enojarse e intentar que tampoco lo exhiban o vapuleen.

A su vez, para que a partir de su mal desempeño se pudieran reducir las amplias simpatías por quien lidera las encuestas sería necesario que no tuviera tantos feligreses, que más mexicanos pobres vieran televisión, que fueran menos los que se van con él a la cargada sin ningún análisis, que los demás no se destrozaran entre sí, que no hubiera millones que votan sólo para castigar al PRI…

En el debate vi más claro y puntual a Anaya. Luego, Meade revalidó su preparación y experiencia pero se mostró débil allí al ser técnico y no político, en adición a su vulnerabilidad como funcionario del actual gobierno priista. Sin duda, AMLO fue el más limitado pero el más atractivo para la gente por burdo y simplón. Bien, nunca me refiero aquí a “ganadores” o perdedores hacia la elección.

Miren, unos y otros (partidarios o críticos de cada uno) debemos entender que las encuestas serias pueden ser útiles para ciertos fines, pero difícilmente servirían como predicciones desde lejos para el día de la votación. No es que estén amañadas o no sean creíbles, sino que suele ser incorrecta la forma en que las difunden los medios y los equipos de los candidatos.

Tampoco está claro que “este arroz ya se coció” si vemos sondeos que marcan 28% de indecisos, más de 40% de encuestados que no contestaron e incluso alrededor del 50% que reconoce que aún puede cambiar de preferencia. Habrá que confirmar el probable resultado más cerca del 1 de julio.

Remata el analista Luis Rubio: “Las encuestas nos recuerdan que la elección todavía no está definida y por tanto cada quien debe votar por quien prefiera, porque de eso se trata el derecho y obligación de votar” (UNOTV, 11/VI). ¿Así o más claras las dudas?
Y ¿saben qué? Aunque AMLO también sea corrupto, que ni se les vaya a ocurrir algo ilegal en su contra.

Es lo que nos da hoy la democracia en el marco de los errores que, en diversos grados, hemos cometido los mexicanos. Y ganará el que decida una mayoría con la información de que disponga. Los demás, oigan, no habrán convencido más… y uno de ellos nunca dejó de pasarse de vivo, ni otro de ser leal a EPN en lugar de serlo a su país y a sí mismo.

Estamos ante un fenómeno social que rebasa a cualquier partido y al próximo presidente hacia la vital transformación del viejo sistema corrompido. El cambio es imparable, sí, pero no deberá ser tan disparatado como lo plantea un líder iluminado y autoritario (para atrás y con tonterías que resultarían contraproducentes). Lo que México requiere, no está para desviarse ni retardarse.

  • EN LOS ESTADOS LAS contiendas cobran un mayor atractivo, ya que lo que siente más cerca le genera más interés a la gente. Pero aquí estoy más fuera de onda y no me aventuro; aun menos, con predicciones.
    Si acaso anoto que a nivel local tiende a haber mayores grados de ingenuidad y de esperanzas no respaldadas, ya sea entre los candidatos o entre sus partidarios y simpatizantes. Ni modo.
  • DEL MUNDIAL DESEEMOS LO mejor para México, pero estemos listos para lo peor. Después de los últimos partidos de la selección, queda que Alemania no nos vaya a masacrar. Esto ya sería ganancia.

Nuestras posibilidades son muy reducidas a menos de que el entrenador hubiera armado a escondidas un equipo más definido para engañar al enemigo; o sea, que se confíen los adversarios.

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