Monedas en desuso

¿Alguna vez escuchaste esas historias de monedas antiguas que ahora valen mucho dinero? Por decir, una colección de billetes de hace 100 años que ahora valga millones.

Bueno, a veces siento que a los jóvenes nos tratan como a billetes en desuso que todavía no hemos adquirido valor de colección. Lo explico.

Metafóricamente hablando, cuando nacemos somos como monedas y billetes nuevos. La gente nos da el valor que merecemos y nos trata en ocasiones con muchísimo gusto. Somos reconocidos como seres humanos con valor a los que hay que cuidar. Algo así como esas monedas nuevas y brillantes que tratas de no gastar solo por lo lindas que se ven.

Después uno crece y lo empiezan a tratar diferente. En muchas ocasiones, los adultos fallan en reconocer el valor de las acciones y los logros de los jóvenes. Hay quienes los consideran cosas mínimas porque ellos ya pasaron por eso o porque se han enfrentado a retos más grandes; como si, por ejemplo, ser campeón mundial de karate a los 16 años no importara porque hay otro campeón mundial de 25 o 30 años.

Y esto es algo de lo que difícilmente algún joven se salva, creo yo. Algunos de nosotros hemos tenido la fortuna de recibir un premio más o menos importante o de realizar un logro de mucho peso para nuestra edad. Sin embargo, cada tanto me vuelvo a encontrar a algún adulto que hace menos lo que hago solo por ser joven.

Pero bueno, hay que tratar de entenderlo. Quizás un factor sea las diferencias entre los contextos en los que nos criamos los jóvenes de antes y los de ahora. Creo que muchos de nosotros hemos juzgado a gente más joven que nosotros con base en lo que nos tocó vivir a su edad. Sea por la música que escuchan, la manera de pensar, los privilegios que tienen, etc.

Para esto los invito a recordar que uno no escoge en qué mundo nacer. Por esto es que es un poco absurdo, si lo piensan, cuando culpamos a jóvenes por estas condiciones.

Actualmente los jóvenes crecen en un mundo donde, si bien hay cosas buenas, existe una competitividad voraz, una desigualdad económica sin precedentes, una inseguridad económica temible y problemas de ansiedad, estrés y depresión casi pandémicos.

Insisto, nada de esto lo escogieron aquellos que nacieron en esta realidad. Simplemente fue lo que les tocó. Así que tal vez valga la pena pensar dos veces el comentario de “no entiendo por qué te estresas si eres joven” la próxima vez que lo quieras hacer.

Claro que la historia no termina en tu juventud. Cuando te conviertes en adulto, como por arte de magia, lo que hiciste o has hecho siempre de repente cobra valor. Tu título se vuelve más importante, tu trabajo vale más y tu experiencia se vuelve sinónimo de capacidad, independientemente de la calidad de tu trabajo.

Justo como esas monedas en desuso que un día se vuelven tesoros solo por su antigüedad.

Gente, va especialmente para ustedes adultos, existimos muchos jóvenes en el mundo y necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. Un buen primer paso para ayudar es reconocer que, con o sin hijos, con o sin hogar que mantener, con o sin trabajo, nuestro esfuerzo vale tanto como el tuyo.
Después de todo, Roma no se construyó en un día.

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