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El Deber de la Ciudadanía

El deber de la comunidad en el siglo que vivimos, es la solidaridad para con los que debilitados están, para quienes se ven, por su condición particular, perseguidos, los que se desesperan por tener alimento en su hogar, quienes enfermos no encuentran alivio o, quienes abandonados en su niñez o vejes, sufren en la soledad del desamparo.

Humanizarnos y hacernos conscientes de cómo nos debemos a los demás y no a la individualidad, es el sentimiento qué debe crecer por el deseo noble hacia la comunidad, definiendo al ser humano, no en razón de su particular ser y si por quienes le permiten convivir en su círculo social.

Las libertades se conquistan y casi siempre de por medio, el hecho indeseable, de derramamiento de sangre. Dice el proverbio popular, nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. México ha perdido mucho en manos de perversos que se han quedado con lo que es del dominio público, sin importar la filial ideológica, ni el partido al que se pertenezca.

¿Será posiblemente, hasta que se pierda, eventualmente  la libertad,  nos demos cuenta que valor tan grande tiene y como irresponsablemente la descuidamos?. Quizá el enojo, perfectamente justificable, en razón de lo que, fuera de control muchas veces, se vive en nuestro País y detestamos que suceda, nos impulse, en la desesperación a tomar por hecho, sueños y promesas que no se cumplirán.

No debería importar quién tiene el poder político de un país, no debería importar en la medida que los aires de democracia y libertad responsable, se respiren en la sociedad, especialmente en América Latina. Apostar por la construcción de una sociedad fuerte, viendo lo común que nos pueda servir, es accesar a una verdadera democracia libre de caudillos, dictadores y todas esas formas impuras de gobierno.

¿Nos falta? si y mucho. Los mismos que componemos la relación cognoscitiva llamada sociedad, al defender individualidades, no nos apuramos del conjunto, amparando solo intereses particulares y no, del interés común.

No sólo lo comento por México, también, por quienes habiendo creído en proyectos que siendo nobles en la promoción del discurso, una vez que se prueba el poder y en su momento sus excesos, la fragilidad de ser humano, apegado a lo material, se resistirá , como ha sucedido en muchos casos, a dejar el enorme placer de vivir de los demás.

No entiendo bien como en nuestra América Latina, somos proclives a los caudillos , redentores, absolutistas y dictadores, con o sin partido político. La genética revolucionaria quizá no fue la que esperábamos y en la evolución de la impunidad, madre de la corrupción, se perdieron el respeto y la dignidad de las instituciones, leyes, valores pero, desde luego el respeto a las costumbres de nuestro Pueblo.

Lo hemos comentado en estos espacios, México tiene que refundarse y ello no será posible, ni con voluntad política unipersonal, de quien sea Presidente de esta Nación. El renacimiento de nuestro País tiene y debe venir de la sociedad.

¿Porque nos domina a nosotros el poder de lo absoluto, de lo unipersonal de forma adherida a nuestra piel? ¿Cómo hacer para realmente ser un país de avanzada, de progreso? Nos toca vivir la era de lo exponencial en cualquier tema de ciencia y tecnología pero, no lo entendemos así, parece que en la lucha entre el centralismo y la apertura, se desgrana la población.

Mexico, necesita y debería, volver a ser el líder que hace tinta años era en Latino América, pero, lo dejamos de ser. Nada de lo que fue, será otra vez, anclados en el pasado y hechando culpas entre nosotros, hemos dejado de ser competitivos y los demás países nos llevan ya, mucha ventaja.

La definición de nuestro País, no será, ni siquiera el próximo 1 de julio, este es un proceso que aún tiene mucho camino por recorrer y el fin del mismo no debe estar en un punto, pues la perfección no es para una sociedad que se tiene que renovar a cada momento y, ahí está nuestro problema: dejamos de hacerlo democráticamente.

@jaimechalita