Política: Todos Pueden Entrar, Si una Vez Adentro se Profesionalizan

Manuel Alcantara Saez portada

Por Juan Manuel Martínez/ Fotos Francisco Martínez

Entrevista con el Dr. Manuel Alcántara Sáez.

El 13 y 14 de febrero se desarrolló en San Luis Potosí el seminario Profesionalización y rendimiento de la política, organizado por El Colegio de San Luis, A.C. y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), en colaboración con el Congreso del Estado, el ayuntamiento de San Luis Potosí, el Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (CEEPAC) y el Instituto Federal Electoral (IFE).

En ese contexto, tuvimos la oportunidad de conversar con el doctor Manuel Alcántara Sáez, especialista en Ciencia Política y catedrático en la Universidad de Salamanca, a quien le pedimos su opinión respecto a la intención que ha manifestado la iniciativa privada en San Luis Potosí para evaluar el trabajo de los legisladores locales, y respecto a la necesidad que formar ciudadanos más exigentes con sus representantes populares pero también más informados.

También charlamos sobre la postura de algunos sectores de la sociedad que se muestran a favor de establecer un nivel determinado de escolaridad como requisito para ser candidatos a los distintos cargos de elección popular.

Durante la entrevista hablamos del voto de castigo, la reelección y su importancia como mecanismo de evaluación,  de la revocación de mandato y del llamado “chapulinismo”.

Esta es la entrevista realizada el Doctor Alcántara, quien, dicho sea de paso, aprovechó la visita a San Luis Potosí para presentar el libro de su autoría El Oficio de político.

P.-En San Luis Potosí la iniciativa privada ha mencionado en algunas ocasiones su intención de evaluar el trabajo del Poder Legislativo, de los diputados locales, pero se ha encontrado con reticencia de los legisladores. ¿Qué hacer en estos casos y cuál sería la vía para obligar a que los legisladores o políticos acepten mecanismos de evaluación?

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R.- Bueno, es una vía que hay que señalar es muy lenta, porque es una vía que supone que las personas afectadas, en este caso los diputados, tomen conciencia de la relevancia que supone que su trabajo sea evaluado; relevancia para ellos mismos y evidentemente para la calidad de la democracia. Y esto cuesta trabajo porque supone romper inercias y supone romper también un estatus que es universal, en la mayoría de la clase política me atrevo a decir, de las democracias del mundo, que es, por decirlo de una manera muy coloquial española “yo me lo guiso y yo me lo como”, es decir, es el síndrome de que el diputado establece cuáles son las reglas del juego, el diputado establece cuál es su salario, etcétera. Romper esto supone realizar un trabajo de convencimiento, entonces es un trabajo forzosamente lento.

Y el convencimiento tiene que venir desde la perspectiva de que una democracia de calidad requiere mejores mecanismos de rendición de cuentas; y dentro de los mecanismos de rendición de cuentas hay distintos niveles: uno de los niveles es el nivel personal, el nivel diríamos de la ética; pero luego también hay el componente de eficacia a la hora de llevar a cabo distintas prácticas en el desarrollo de la función como diputado. El diputado no solamente es una persona que tiene una tarea legislativa, ese es uno de los principales elementos, pero también el diputado tiene otro tipo de tareas, como es por ejemplo el control del gobierno, en este caso del estado, y también otra serie de mecanismos que son más difusos, que no están muy claramente precisados, pero que tienen que ver con elementos de representación, es decir el diputado tiene que trasmitir las demandas de la población o por lo menos hacerlas explícitas. Eso supone entonces una agenda de actividades que es muy extensa, y me parece que es importante que haya elementos, probablemente desde la sociedad civil, de monitoreo de esas actividades. En distintos países se han puesto en marcha observatorios legislativos que realizan este tipo de actividades. Claro, de nada nos sirve si tenemos un buen observatorio legislativo donde todo está perfectamente observado y eso no se deduce en cambios. Por eso digo que esa es la tarea que instituciones como ésta (CEEPAC), o instituciones de la sociedad como es la universidad, o los medios te comunicación tienen que, diríamos hacer una campaña a favor de introducir estos cambios, a favor de mentalizar a todo mundo que es importante que estos cambios se pongan en marcha.

P.- Hablaba de los observatorios ciudadanos. ¿Cómo hacer para que la ciudadanía se involucre más y tenga ese arrojo por involucrarse en estos asuntos? Porque en México, sobre todo en la década pasada, se habló mucho de la ciudadanía de baja intensidad, es decir esta ciudadanía apática que no tiene interés por participar, y esto contribuye a que suceda el laissez faire, el dejar hacer. ¿Cómo luchar contra esa inercia?

R.- De nuevo, es un problema a largo plazo y un problema de solución no sencilla. ¿Por qué? Porque no se puede obligar a la gente a decir “oiga, sea usted un ciudadano activo”. Esto tiene que surgir de la ciudadanía, y los mecanismos son muy claros, o sea, digamos la teoría nos enseña que hay dos vías: una, que es la que podríamos denominar que es la vía lenta, que es a través de procesos de educación, y la educación pues es algo que lleva mucho tiempo. Primero educación a las nuevas generaciones, es decir a los niños que están en la escuela ahora mismo, que están en los primeros años, pero luego también la educación a lo largo del tiempo, una educación también de adultos, y eso tiene que ver con un claro posicionamiento de los medios de comunicación, es decir que los medios de comunicación que a la vez que entretener, divertir, también tienen una tarea que han abandonado, que es la educación de la gente.

Eso, ya digo, es una tarea de todos que lleva mucho tiempo. Pero luego también hay mecanismos institucionales, es decir hay la posibilidad de que se abran ventanas para que la gente tenga posibilidad de hacer efectivas sus inquietudes, los pasos por ejemplo que se dan en pro de la transparencia, ese es un camino evidente. Lo que estoy señalando ahora: si se crea un observatorio de seguimiento ciudadano de la clase política o de los diputados o del parlamento, este es otro paso, y esto son decisiones institucionales, la creación de estos ámbitos. Entonces, esto es más factible, y de nuevo, aquí hay dos elementos: uno es la propia iniciativa privada, es decir que la sociedad plantee la creación de estas instancias, pero luego también es la clase política que a través de procesos legislativos pues abra este tipo de instancias.

P.- Se dice que una forma de evaluar a los políticos es el llamado “voto de castigo”. La pregunta sería si en verdad es una herramienta de evaluación, si más bien primero no habría que allegarse de información para poder evaluar si el ciudadano realmente conoce las acciones de sus políticos o más bien nunca se entera y entonces el famoso voto de castigo como mecanismo de evaluación no funciona.

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R.- Evidentemente, desde luego son las dos cosas que se complementan. Por una parte el voto de castigo, lo que llamamos en Ciencia Política la responsabilidad vertical, tiene dos mecanismos: uno, que por definición no se puede dar en México, que es el voto de castigo a alguien que quiere reelegirse. En México no se da porque no existe la reelección, y esto es algo que es muy importante y que yo, que soy partidario de permitir la reelección, siempre digo: el elector tiene que tener la posibilidad de castigar al político, al mal político; pero claro, si el mal político no se puede reelegir o se va a ir para otra instancia donde no hay posibilidad de controlarle, pues no hay posibilidad de castigarle.

El otro mecanismo que se ha ido introduciendo en algunos países de América Latina, concretamente el primer país donde se introdujo fue en Colombia, luego se introdujo en Venezuela, que es el tema de la revocatoria de mandato. Es decir que los miembros de una circunscripción, de un distrito electoral, puedan revocar el mandato de la persona a la que eligieron, sea esa persona el gobernador, el presidente o sea el diputado o sea el senador. Entonces, este es un mecanismo evidentemente de rendición de cuentas también y muy directo.

Ahora bien, cualquiera de ellos tiene el problema que usted ha señalado. El problema es la mala información o desinformación, que es peor, de los ciudadanos. Ahora mismo se está produciendo en Perú, en el caso de la alcaldía de Lima, una circunstancia muy interesante y es el acoso y posible derribo de la alcaldesa, una señora que se apellida Villarán (Susana Villarán), que va a ser sometida a un voto de revocatoria de mandato, y es un voto que según la información que tengo es promovido por grupos mafiosos, o sea directamente por grupos mafiosos que están molestos con esta señora porque está haciendo una buena alcaldía. Entonces, pueden manipular a la opinión pública diciendo, por ejemplo, que es una señora que es  ineficaz, o que no está haciendo nada, y si crean ese sentido en la ciudadanía, es posible que puedan reunir un voto suficiente para desalojar a esta señora de la alcaldía de Lima; o sea que es peligroso evidentemente, porque puede ser manipulable, y hoy que la ciudadanía está más informada que nunca, eso es lo paradójico, a la vez la ciudadanía puede ser más manipulada a través de grandes cadenas de televisión o de grandes conglomerados multimedia que pueden mandar un mensaje para convencer equivocadamente, probablemente, a los ciudadanos.

P.- ¿A qué se debe esto de que la ciudadanía sea más maleable o manejable, de que alguien pueda tener una mala intención o perversa por llamarle, y a pesar de que hay más información existe la paradoja de que no sea una información de calidad quizá?

R.- Yo creo que se debe a varias cosas. Una de ellas es que también paradójicamente esta es una sociedad, digamos del siglo XXI, que está yo creo que adoptando o inclinándose hacia una manera de ser en la que predominan distintas cosas; por ejemplo, predomina la inmediatez, predomina la influencia de noticias cortas, noticias breves, noticias en titulares, la gente parece que no tiene tiempo para leer un artículo largo, no tiene tiempo para asistir o para escuchar a un ponente durante un cuarto de hora o veinte minutos y seguir su razonamiento; entonces, paradójicamente hemos llegado a una situación, y esto lo tenemos muy claramente en estos mecanismos de Twitter y de más, donde uno tiene que dar el mensaje en ciento y pico caracteres, y lo que sea fuera de esos ciento y pico caracteres, parece que ya que el ser humano es incapaz de procesar, de procesar una información más compleja, una información donde hay elementos contradictorios, donde hay elementos con tonalidades, donde hay grises y donde hay blancos. Entonces, todo esto hace que quien tenga la capacidad de lanzar el mensaje lo más claro posible, lo más nítido posible y lo más rápidamente posible, es quien tiene la capacidad de definir el frame, de definir el enmarque, y una vez que está definido el enmarque de una noticia es muy difícil, cognitivamente hablando, cambiarlo. Es decir, si uno logra introducir la idea de que alguien es corrupto en un escenario en el que la gente está preocupada por la corrupción, es muy difícil levantar esa loza, aunque luego se demuestre que ese alguien no era tan corrupto. Entonces, esto nos ocurre en cualquier ámbito de la política, y contra eso es muy difícil hoy en día luchar; porque sí, hay mucha información, pero, yo lo veo con mis estudiantes, los estudiantes tienen una información brutal en la red, pero no tienen la capacidad de discernir cuál es la buena información y cuáles son los mimbres reales, los mimbres positivos con los que construir un discurso.

P.- ¿Somos la sociedad de lo efímero?

R.- Sí, es cierto, es esta idea del sociólogo Bauman (Zygmunt Bauman), de la sociedad líquida.

Manuel Alcantara Saez 2P.- En México, sobre todo en San Luis Potosí, se ha criticado por parte de algunos medios, lo que llaman el “chapulinismo”, es decir que los políticos a parte de brincar de un partido a otro, de un cargo brincan a otro porque no hay reelección. Pero esto quizá no necesariamente tendría que ser malo; es decir si es un político que hace carrera, que se profesionaliza, tal vez no es tan malo.

R.- Vamos a ver; es malo en el sentido de que no puede haber reelección, no permite realmente una carrera parlamentaria. Desde la perspectiva de la carrera parlamentaria -y así lo dicen todos mis colegas que estudian el Poder Legislativo-, desde la perspectiva del Poder Legislativo es malo, porque el Poder Legislativo es un organismo muy técnico, un organismo que tiene una serie de instancias como son las comisiones, comisiones especializadas que requieren de personas especializadas que a la vez conocen la técnica parlamentaria, etcétera. Entonces, esa técnica parlamentaria no se adquiere en tres años, y una vez que se adquiere necesita madurarse y consolidarse. Uno lo ve muy claramente cuando estudia el Congreso en Estados Unidos o los congresos en España, cómo los que tienen una veteranía son los diputados que llevan 18 o 20 años, y que se convierten en verdaderos especialistas de cuestiones, yo qué sé, vinculadas a temas que son más difíciles, que van desde temas como la investigación con células madre o también a la política de derechos humanos o a las cuestiones medioambientales, etcétera. Entonces, en ese sentido es malo, repito, para una carrera parlamentaria.

Ahora, estoy de acuerdo con usted, que puede haber otro tipo de carreras. Es la carrera, y yo la defiendo, y creo que igual podemos tener un político aceptable que tiene experiencia en el ámbito municipal, en el ámbito local que luego pasa al ámbito del estado, y que en el ámbito del estado es diputado, y que luego probablemente salta al ámbito federal y es diputado o senador federal, y que luego vuelve y es un alto funcionario del estado, incluso gobernador del estado, y que de ahí puede volver al ámbito nacional siendo secretario; o sea, evidentemente esa persona va a tener muy buena experiencia y si se introducen los criterios que defiendo yo de profesionalización, puede ser una buena trayectoria profesional y yo no tendría nada a priori qué decir en contra de eso.

P.- Otro tema interesante también es que en México la Constitución dice que todo mexicano tiene derecho votar y ser votado. Cuando se han presentado propuestas para profesionalizar a los representantes populares, que se les empieza a exigir cierto grado de educación, la clase política siempre argumenta: “no, es que estaríamos violando la Constitución porque me estarías prohibiendo ser votado”. ¿Qué pasa ahí?

R.- Bueno, eso es así y no hay remedio, no hay ningún remedio, porque la democracia está basada en la idea del poder del pueblo, es decir todo el poder emana del pueblo pero a su vez cualquier miembro del pueblo puede ser representante. En eso no hay ninguna discusión; lo que sí que hay discusión es que eso es para la vía de entrada, es decir la vía de entrada es la vía electoral, y entonces según la vía de entrada puede entrar cualquiera, es decir, alguien que sea popular porque es un cantante, o es un futbolista, pero esa es la vía de entrada; aquí estamos hablando de profesionalización, es decir, lo que luego sigue. Yo no pongo ningún pero a que una persona entre en política siendo sus dotes haber sido un buen futbolista, si luego sabe profesionalizarse. Yo defiendo que la política tiene un componente, como cualquier profesión, de experiencia. Evidentemente eso no lo podemos hacer con un cirujano, es decir a un cirujano no le podemos dar el título de cirujano si no ha pasado unos filtros; pero también sabemos que ese cirujano se va a hacer mejor, como dicen en el argot los propios cirujanos, si  hace manos; hacer manos es operar mucho. De tal manera que un cirujano que tiene manos es aquél que lleva 10, 12, 15 años operando. Bueno pues esto nos ocurre en ese sentido en la política. Es decir, le permitimos entrar en política a cualquiera si gana una elección, pero luego para hacer la carrera política, esa persona tiene que aprender; dicho de otra manera, el primer año de entrada se admite que alguien entre como diputado por ser futbolista, pero ya la segunda vez ya no, la segunda vez ya tiene que haber hecho algo.

P.- En ese sentido, ¿cuál es la propuesta específica de Manuel Alcántara y a quién correspondería darle cauce a esa misma profesionalización?

R.- Mi propuesta que he defendido es que la profesión de política requiere de cuatro elementos. El primer elemento es lo que llamaríamos vocación; claro, que es muy difícil de medir, y eso es muy íntimo, pero yo tengo que tener vocación por ser político, y yo tengo que estar convencido de que eso me gusta, de que voy a hacer algo, de que voy a ser una persona útil para mi sociedad, para el grupo en el que me muevo, etcétera. Segundo, ambición, ambición en el sentido más amplio de la palabra, es decir, yo quiero ser una persona que quiere ser conocida, que quiero también ganarme bien la vida, que quiero tener éxito, que quiero llegar eventualmente a lo máximo, a presidente de la república. Vocación y ambición.

Tercero, dedicación de tiempo completo; es decir, no es estoy en la política pero a la vez voy a dar clases, o a la vez sigo con el negocio de la familia o a la vez me dedico a mi bufete como abogado, etcétera. No, tiempo completo.

Y cuarto, remuneración; es decir, cobro, y eso todo mundo lo sabe lo que cobro; cobraré más, menos, mucho, poco, pero cobro.

Esos cuatro elementos son los que indica la profesionalización.

Ahora, si yo quiero instrumentar elementos de calidad, estos tienen que ver con qué formación tiene esta persona, y esto es objetivable, es decir, la formación formal e informal: si esa persona sabe hablar o no sabe hablar, sabe interpretar una tabla estadística, sabe los elementos fundamentales de la historia de su país  y un poquito de los países de alrededor, puede saber idiomas o no puede saber idiomas. Y otra cuestión es la que tiene que ver con la propia experiencia, es decir, qué es lo que ha ido haciendo y qué ha ido dejando detrás, cuál es su currículum, como me puede ocurrir a mí, es decir, yo qué he publicado en los últimos años, dónde he dado clases, y que la gente pueda ir viendo “bueno, es que esta persona ha dejado esto de provecho”, o lo contrario, “ha dejado estos cadáveres en su camino”, ha dejado estos, decimos en España la expresión pufos, ha dejado este pufo, es decir ha dejado esta chapuza, ha dejado esta cosa sin terminar, etcétera. Un político tiene un curriculum, y ese curriculum es su hoja de vida, y su hoja de vida tiene que ser permanentemente pública y todo ciudadano tiene que acceder a ella y ver qué es lo que hizo cuando fue consejero municipal o qué es lo que hizo cuando fue presidente municipal o qué es lo que hizo cuando fue diputado.

P.- ¿A quién le correspondería implementar ese tipo de cosas?

R.- Yo creo que a lo que me refería antes, a la sociedad; a la sociedad a través de consejos como este, a través de la universidad, a través de institutos universitarios que realizan el seguimiento de la clase política o a través de una ONG que se dedica y que se pueda llamar limpieza en la política. Esos son los ámbitos.

P.- ¿Nos ha faltado a los ciudadanos exigir más?

R.- Por supuesto, yo creo que esta es una asignatura pendiente que tenemos. Es lo que antes decía, hay sociedades más exigentes, yo pienso en Europa, las sociedades nórdicas: las sociedades nórdicas son muy exigentes con sus políticos, entonces, el político en las sociedades nórdicas no puede hacer cosas que hacen en el sur de Europa o en México; yo qué sé, un político en Suecia sería impensable que gastara un dinero en cosas que en México o en España son muy fácilmente gastables por parte de los políticos; un político de Suecia se caracteriza por ejemplo en que va al Parlamento en autobús o en el metro. Esto en nuestro país es prácticamente impensable.

P.- Algo más que quisiera agregar.

R.- Bueno, lo que he dicho, creo que esta es una tarea de todos, o sea, no es una tarea de los politólogos, no es una tarea de organismos especializados, es una tarea de la sociedad. Los politólogos tenemos el deber de abrir cauces de investigación, cauces de conocimiento, de ver qué pasa en otros países, de aportar evidencias, de aportar causalidades, etcétera; pero eso es insuficiente si no hay un compromiso ciudadano, si no hay un compromiso de sectores de la sociedad que van desde las escuelas primarias a las asociaciones de padres, de vecinos, etcétera.

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