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AMLO no será

A estas alturas puede confirmarse que, a pesar de su popularidad y sus reconocidas virtudes, no será Presidente de la República.

Andrés Manuel López Obrador ha generado gran interés en todo el país y ha hecho campaña con éxito en nuestro estado. Sin embargo, de respetuosas reflexiones, se resumen aquí diversos factores de obstrucción o impedimento.

  1. Se veía venir. Las cosas no iban a estar nada fáciles para el candidato que encabezaba las encuestas en etapas sin tantos elementos de información o de las propias campañas. Varios analistas parecíamos percibirlo y lo hemos venido revalidando.
  2. Hace meses, el 28 de febrero, decíamos que con el tiempo “tendrán mayores consecuencias las campañas negativas” y el reto de AMLO “es que no se confíe”, para “evitar que los miedos afecten de más sus tendencias positivas”, porque —añadíamos— “no la tiene tan segura” y “la mayor parte de los votantes se inclina hoy por el candidato de más impacto, pero esto es inestable (y) podrían cambiar de opinión…”.
  3. Han saltado a la vista sus defectos y sus variados enemigos. ¿A quién no habrá agredido y desafiado? ¿Qué no le habrá dicho a “riquillos” y banqueros, al presidente Fox y a miembros de su familia, a integrantes del IFE y la Suprema Corte, a líderes de senadores y diputados, a panistas y priistas de todos los niveles, a simples ciudadanos y a periodistas influyentes,…? Luego, claro, sobran los complots.
  4. Antes de la guerra sucia (¿las hay limpias?) AMLO ya generaba temores específicos por sus conocidas muestras de intolerancia, belicosidad, mesianismo y autoritarismo, con una concepción de justicia por encima de la Ley. Al pasar el tiempo era lógico que todo eso fuera aprovechado por sus enemigos (más que adversarios) para exhibirlo y debilitarlo.
  5. Puede resultar cobarde y agresiva la campaña para infundir temor a AMLO, pero difícilmente tendría efectos importantes de no haber sido por esas muestras reiteradas, junto a sus propuestas tan inocentes (¡cambio de modelo!).
  6. Con eso de que “es un peligro para México” se cae en un maniqueísmo de “buenos y malos”, si bien hay gente que está convencida de que sí representa un riesgo y el propio AMLO fue quien empezó no sólo con la polarización entre pobres y ricos, sino también con la de un “rayo de esperanza” (él) contra todo lo malo (los demás).
  7. Así como el candidato perredista horroriza a algunos, Felipe Calderón espanta a otros al ser visto como continuación del defectuoso panismo de Vicente Fox. Las encuestas nos muestran dos países: azul en el norte y amarillo hacia el sur del mapa electoral.
  8. AMLO cayó en un exceso de confianza al sentirse predestinado para ser presidente. Se negaba a dar entrevistas y a participar en foros o debates, y nada le justifica que no escuche críticas ni consejos o descalifique todas las encuestas serias que no le favorecen.
  9. Sólo reaccionó cuando le empezaron a pegar en serio y donde más le duele, aunque con cambios tardíos y superficiales que quizá no eliminen sus problemas. Un buen consejo era: en lugar de frentes, abrir más puentes.
  10. Como justificación adelantada, el PRD habla de que le están robando el triunfo en una “elección de Estado” por los desaciertos de Fox. Con ello confunde y le hace el juego al PRI en una perspectiva de inestabilidad.
  11. Aun con el triunfo, le sería muy complicado a AMLO tomar posesión y gobernar a partir de sus antecedentes de agravios e incongruencias ante la Ley. Ha dicho que, por ser “bueno”, es “indestructible”. Puede que no.

En 1963 causó impacto una célebre portada de la revista ‘Política’, que sobre un fondo negro destacaba la imagen de Gustavo Díaz Ordaz, entonces Secretario de Gobernación de Adolfo López Mateos y su favorito para sucederlo, con grandes letras sobrepuestas que proclamaban: NO SERÁ PRESIDENTE.

Se recordará que Díaz Ordaz fue elegido el año siguiente y encabezó de 1964 a 1970 el Poder Ejecutivo Federal, de tal manera que lo que se dice aquí en el primer párrafo igual podrá fallar ahora.

Lo profético en aquel tiempo fue el perfil autoritario y rencoroso que acreditó en octubre de 1968. Para este 2006 no estaría mal para el país que, con hechos y ciertos ajustes, aún hubiera tiempo de que AMLO hiciera que me equivoque en los rasgos que, como preocupación de analistas y ciudadanos, he recogido de él en estos artículos. Tiene, en todo ello, una gran responsabilidad.

Hasta aquí he reproducido —con su título y sin cambiar una coma— mi columna del 26 de mayo de 2006 (la 187 de 735 a este sábado anterior). Faltaban entonces 5 semanas para aquella elección en julio.

Bueno, la historia tiende a repetirse y estos días de 2018 se festeja ya el triunfo de AMLO. A quienes opinamos que aún queda más del 80% de la campaña electoral con sus 3 debates y el total de candidatos en la boleta, nos contestan que el desenlace es evidente y “ya ni se discute”.

Esto, oigan, no lo alegan sólo los feligreses más duros de Morena, que abominan al desgastado PRI pero a AMLO le perdonan sus graves fallas. Hoy también lo plantean muchos analistas a pesar de que el puntero ha probado que es el peor enemigo de sí mismo (no las campañitas de desprestigio) y, de hecho, el 65% de los ciudadanos lo desprecian.

Claro, igual los seguidores maliciosos anticipan el triunfo para que, si la final es muy apretada, puedan decir que la mafia está intentando robarles la presidencia que, “como todos recordarán, ya habíamos ganado desde hace varios meses”. ¡Nunca pierde y sigue participando!

Hay, en ello, ingredientes que son “una cuestión de fe, no de razones”. Detrás están los anhelos de un cambio hacia algo diferente que “ya toca” y parece más aceptable aun con riesgos adicionales; a la vez, es enorme el rechazo a la impunidad y complicidad que se asocian al priismo.

El soporte cuantitativo de una victoria “por adela” lo sitúan en las encuestas que confirman ventajas para el primer lugar de 11 puntos porcentuales sobre el segundo, y de hasta 20 puntos por arriba del tercero. No les interesa que las campañas apenas rebasan un 17% de su extensión y que, de acuerdo a experiencias, mucho de esto aún tenderá a cambiar.

Tampoco están dispuestos a percibir o aceptar la cada vez más clara incompetencia mental del candidato para ser presidente. Y este auténtico peligro podrá acrecentar los efectos negativos de su terca ignorancia económica y técnica, aun con asesores a los que nunca escucha.

Miren, hace 6 y 12 años, se registraron hechos similares. A estas alturas en 2012 Peña Nieto iba adelante 18 puntos sobre su más cercana perseguidora (Vázquez Mota) y ¡24 puntos por encima del tercero (AMLO)! En 2006 la ventaja de éste era de 4 puntos sobre Calderón y antes había sido de 8 puntos.

Recordemos los resultados de esas elecciones que en 2012 dejaron de ser eternas. El apretado triunfo de FCH en 2006 (poco más de la mitad de un punto arriba de AMLO, y a gran distancia de Madrazo), así como la victoria de EPN (apenas unos 6 puntos arriba de AMLO que rebasó a JVM). Se confirma, pues: Los virajes en las encuestas han sido significativos y el orden de los candidatos se suele alterar.

Fíjense, al medir estas preferencias, no es lo mismo castigar al gobierno un año o meses antes de la elección, que decidir quién va a tener la responsabilidad de gobernar. En el primer caso se protesta al apoyar a un adversario claro o muy crítico; en el segundo, se tiende a pensar más la decisión al votar con la realidad enfrente y el futuro del país en mente.

Sugieren que le demos la oportunidad a AMLO… Supongo que como presidente, no tanto como insurrecto que, tras la derrota, ni amarra al tigre ni cumple con su promesa de irse a “La chingada”.

Pues bien. La vía viene a ser que, con grandes esfuerzos de difusión y explicación, se genere un voto masivo en contra de las peligrosas imbecilidades económicas y personales en las campañas.

* DEL ESTADO, PREFIERO NO hablar por un tiempo, y sólo comento hoy que sobre el anterior artículo un lector me dice que JMCL nos dará la sorpresa en su segunda mitad con un gran gobierno que se inspire en uno de sus ex-jefes. Pero, ojo, en las demás opiniones insisten en palabras como “penoso” o “lamentable” para referirse a lo que va de la administración.

Alguien podría decirme que, para que yo pudiera afirmar que las cosas se van a arreglar solas, tendría que estar borracho o recibir una buena oferta en dinero con tal de no seguir dando lata. Ni siquiera he oído algo así, claro, y si esa persona llegara a pensarlo… ninguna de las dos posibilidades va a suceder.

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CARLOS PÉREZ GARCÍA / CDMX / Abril 14 de 2018.