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Diferir de opinión o diferir la decisión… ¿Todo después de las elecciones?

Hay un viejo adagio que reza que el mejor abogado siempre será el tiempo. Sin embargo, ni el mejor abogado puede arreglar algunas cosas, diferir lo que tenemos que enfrentar, no siempre nos dará una mejor oportunidad de realizarlo, pero además podemos estar afectando a otras personas. Cuando se trata de nosotros mismos y de asuntos estrictamente personales podremos quizás darnos ese lujo. Sin embargo, cuando el interés general y, es más, el interés nacional están de por medio, no podemos salir con ese tipo de ardides, no podemos evadir nuestras responsabilidades. Esto viene a cuento por el señalamiento y declaraciones que ha hecho en dos temas fundamentales el Presidente de la República: concretamente en el Tema del Tratado de Libre Comercio, donde la nota en esta semana fue que lo mejor sería resolverlo después de las elecciones, yo no sé si también a los muy ingenuos y bondadosos Donald Trump y Justin Trudeau les interese diferirlo hacerlo así ¿Después de cuales elecciones? Podrían preguntarse ¿de las de Canadá, de la de Los Estados Unidos o de las de algún Estado de la Unión Americana?, pues claro que no es lo que más les interesa a ellos. Por eso me parecieron bastante infantiles ese tipo de pretextos; de igual manera en el otro Tema de la elección del Fiscal General, como principal columna del sistema anticorrupción que según él también deberá ser, así lo señaló, hasta después de la selecciones de 2018. Evidentemente las elecciones de 2018 son el asunto que principalmente ocupa su cabeza y obviamente lo que él quiere es  resolverlas y que no se le vean afectados los intereses de su propio partido y eso no se vale.

Es obvio que las determinaciones que tiene previstas en ambos temas y en otros más el Jefe Máximo de las instituciones Mexicanas, no habrán de ser muy populares ni bien aceptadas, ni tampoco irán cargadas de previas y notables evaluaciones que privilegien el bien público temporal que satisfaga a la inmensa mayoría, pues si no de que otro modo se explica usted que quiera diferir esas determinaciones hasta después de las elecciones. Si lo que nos tiene destinado EPN, en esas dos cuestiones al menos, es incongruente, impositivo, inaceptable y muchas otras palabras  que empiezan con “im”, le van a generar un ruido terrible cual temblor en los comicios y le van a destruir proyectos a granel.

La popularidad del presidente y del PRI pareciera que van en tobogán y hacia un punto no acojinado:

Según Consulta Mitofsky, una de las casas encuestadoras y de estudios mercadológicos favoritas del régimen, en un interesante estudio que abarca los diecinueve trimestres que van de la administración Peña Nietista desde diciembre del 2012 hasta el 5º Informe de Gobierno y que puede ser consultada en @LaReferenciaMx, para Agosto de este año el 73% de los mexicanos están en DESACUERDO con Enrique Peña mientras que sólo el 22% están de ACUERDO con su presidente; Las gráficas muestran como su punto más favorable lo alcanzó en Mayo del 2014 en que solo obtuvo de forma momentánea el 49% de “ACUERDO” sin que se maneje específicamente el término “aprobación” de ahí pal real todo ha sido descender, aunque la consultora percibe un ligero ascenso por el que precisamente alcanza el 22% mencionado ya, después de que se encontrara en 17% en el nivel de Acuerdo. También destaca que los rubros donde mayor condena existe es en la percepción de la corrupción y la inseguridad. Así más o menos coinciden otras consultoras y aunque realizan esfuerzos eufemísticos para decirnos sus resultados, es inocultable que los índices de aceptación de esta Gobierno son deplorables. Por lo que se refiere al PRI según el propio Leo Zuckerman, quien tampoco se caracteriza en la actualidad por su gran objetividad o espíritu crítico, es el Partido que concita mas rechazo entre la población (Periódico Excélsior 7 de Junio de 2016); el 40 % de los mexicanos dijo que nunca lo votarían, frente al 12% que no lo harían por Morena y el 11% que no lo harían por el PAN. ”Este número es particularmente dramático entre el electorado independiente que valga (sic) la pena recordar es el 57% de los mexicanos: el 43% de ellos nunca votaría por el PRI”. En cuanto a identidad partidista el 17% se identifica con el PRI, 12% con el PAN, el 6% con Morena y 4% con el PRD y el 57% se auto identificó como independiente. La peor calificación del PRI desde finales de los 80s (en febrero de 2013 el 37% se identificó como priísta).

Es verdad, el presidente no quiere que le afecten sus decisiones al PRI en las urnas, pero además está consciente de que así será y por ello quiere diferirlas, lo que me recuerda aquello de “tapar el sol con un dedo”. Si lo que quiere es ayudar a su instituto, ¿por qué no piensa mejor en hacer bien las cosas? De todos modos “No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague”.

PEDRO OLVERA / Retruécano / Octubre 21 de 2017.