Minuto a Minuto

Las texturas y los cuerpos

Déjenme les cuento algo que me pasó. Como ustedes saben, he decidido tomarme unos meses sabáticos. Me di cuenta que para mi nuevo estilo de vida, necesitaba ropa. La que tengo está muy de oficina o bien, es ropa de campamento. No tenía ya pantalones de mezclilla. Han de saber que una de las cosas que no me gustan ni tantito, es ir de compras. Me choca. Así que hice acopio de fuerza de voluntad y me dirigí a un centro comercial. Comencé a notar que los modelos de pantalón de mezclilla eran todos entubados. Entubadísimos. No lo mío. Cambié de tienda. Me di cuenta que aparte eran para chicas flacas. Hiper flacas. Vi como de pronto las tallas usuales se encogían. Una talla 5 de antes ahora se convertía en una 8. Luego vi los cortes: prácticamente planos, sin curvas en la cadera. Yo soy chaparrita, no soy un palo y tengo curvas, que por cierto me gustan. Me empecé a poner de mal humor. Con cada tienda venía una nueva frustración: veía como mi talla de siempre se iba perdiendo, mis chamorros quedaban atrapados en pantalones que parecían más bien camisa de fuerza. Cada modelo parecía hecho para chicas altísimas, flaquísimas y planísimas. Pensé que yo era el error, que algo malo había en mí, en mi cuerpo. Claro, ahora que estoy con horario relajado seguramente me estaba dedicando a tragar como loca, ¡Esos desayunos a las once de la mañana no traen nada bueno! ¡Si tengo 41 años! ¿qué esperaba? ¡Ya me habían advertido que el metabolismo se hace lento! ¿De qué sirve comer frutas y verduras y hacer ejercicio? Me puse de un genio…hasta que vi a mi alrededor. Había varias mujeres de distintas edades. Todas más o menos con la misma complexión que yo. Todas igual de frustradas. Entonces me di cuenta que estaba portándome como una verdadera idiota. Soy una mujer saludable, voy a la mitad de la vida, me gusta mi cuerpo. ¿En qué momento me poseyó el espíritu de los cuerpos estándares? Empezó a darme risa de mí misma y me metí a otra tienda. Ya no vi tallas. Vi tamaños, calculé el volumen de mi cuerpo y me probé un montón de pantalones. Lo largo qué me importa, siempre he mandado a hacer bastillas. Recordé que me gusta mi cadera, así que me enfoqué en que cupiera y como mi cintura no es de avispa, me alegré de que por lo menos estuviera proporcional al resto de mi cuerpo. Me valió gorro lo demás. Salí con dos pantalones, que han de ser como talla chorrocientos, pero que me quedan a gusto. Los mandé cortar y los traigo puestos. Están cómodos. Le di gracias al universo de ser una mujer de mediana edad con los elementos suficientes para no dejarme arrastrar por los estándares de lo que alguien dijo debería ser el cuerpo perfecto. Y quise compartirles esto para que veamos que nadie estamos exentos de sentirnos excluidos. Seamos saludables, hagamos ejercicio, comamos balanceado, pero no nos clavemos en texturas. Pónganse lo que quieran, vístanse a gusto. Y disfrutemos nuestro cuerpo, porque es el único que tenemos.

YOLANDA CAMACHO ZAPATA / San Luis Potosí, S.L.P. / Octubre 12 de 2017.