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“Las catástrofes se quedan en el cuerpo, en la memoria, en los sentimientos, en las emociones, en las creencias y en el lenguaje”: Antropólogo

  • “El dolor, la angustia, el coraje, la impotencia, el conflicto interno que deja la pérdida, la muerte, el caos, la desesperanza, el concepto de resiliencia no alcanza para dar cuenta los rincones humanos, pues lo humano, no regresa a su estado original, igual que lo hace un tornillo o un clavo después de dilatarse”.

“No deja de llamar la atención que cuando vemos las noticias sobre las catástrofes se pide la participación voluntaria de mujeres y hombres médicos, ingenieros estructuristas, psicólogos, entre otros profesionistas, pero no se solicitan antropólogos sociales”, advirtió David Madrigal, investigador del Colegio de San Luis.

Las catástrofes quedan en el cuerpo, en la memoria, en los sentimientos, en las emociones, en el lenguaje, en las creencias, en los sueños o la falta de éste, dijo el antropólogo Madrigal González y explicó que obedecen a procesos que se expresan en lo que la gente dice y hace o deja de hacer. “Después del terremoto las personas dejan de hacer muchas cosas y empiezan a hacer otras”, producen -dijo- “nuevas pautas organizativas y nuevas dinámicas de vida individual y colectiva”.

Tiene que ver con el dolor, con la angustia, con el coraje, con la impotencia, con el conflicto interno que deja la pérdida, la muerte, el caos, la desesperanza, el concepto de resiliencia no alcanza para dar cuenta de estos rincones humanos, pues lo humano, no regresa a su estado original, igual que lo hace un tornillo o un clavo después de dilatarse.

En la escala social, los cambios obligados por una catástrofe también producen formas de solidaridad y de energía colectiva que no siempre son capitalizados por la sociedad civil, pero que siempre tienen un efecto acumulativo en la tarea de enseñar a las nuevas generaciones a indignarse, a actuar y a no quedarse callados, sino que tomen un papel activo en lo que concierne al interés público.

Ante la falta de servicios, las necesidades y las tareas diarias se ven modificados en sus coreografías, tiempos de duración, frecuencia, uso de objetos, etcétera; frente a la falta de techo, los cambios se convierten en estrategias de sobrevivencia; y en el cambio de residencia, las calles y lugares se parecen a los anteriores o se busca que parezcan, añadió.

Comentó que la capacidad de respuesta del aparato gubernamental organizado en instituciones se pone a prueba con las catástrofes; sin embargo, el divorcio o la comunión que puede surgir entre el gobierno y la población durante la adversidad o la turbulencia social depende de “su propia historia de matrimonio con las tensiones y conflictos que este tipo de contrato exige”, abundó.

Estimó que la observación etnográfica de todos estos aspectos que se desencadenan a partir de las adversidades, son del interés de la antropología social y pueden contribuir mucho a nuestra comprensión del  entrelazamiento entre naturaleza y sociedad en los mundos contemporáneos.

Explicó que en los mundos contemporáneos, la naturaleza y sociedad están cada vez más entrelazadas. “Tal vez los terremotos y otras catástrofes relacionadas con fuerzas superiores a la dimensión humana son el recordatorio más enérgico que tiene la especie sobre dicho entrelazamiento. Pero en la actualidad, sobre todo en las ciudades, predomina un enfoque que se ocupa más del espectáculo de la tragedia, que de nuestra cercanía con el mundo natural”.

Advirtió el antropólogo que si bien este enfoque dista mucho de ser universal, porque es un producto de las sociedades de consumo en masa, se encuentra extendido lo suficiente como para detenernos en algunas preguntas que se nos escapan ante la fascinación de las noticias y los eventos en la pantalla ¿Qué ocurre con la gente después de un terremoto? ¿Qué pasa con la sociedad civil? ¿Qué pasa con las autoridades? ¿Qué pasa con las instituciones? Y más aún ¿Cómo se respondería a estas preguntas desde la antropología social?

“No deja de llamar la atención que cuando vemos las noticias sobre las catástrofes se pide la participación voluntaria de mujeres y hombres médicos, ingenieros estructuristas, psicólogos, entre otros profesionistas, pero no se solicitan antropólogos sociales” y consideró que se trata de un tema de enfoques que en buena medida constituyen modelos mentales para pensar las cosas.

La antropología social se encarga del estudio etnográfico de las formas de organización de los humanos viviendo en comunidad (familia, vecindad, colonia, tribu, colectivo, equipo, grupo, etc). Las catástrofes rompen aparentemente con la organización social de las personas, pero también producen nuevas pautas organizativas y nuevas dinámicas de vida individual y colectiva.

Mucho de ello tiene que ver con el dolor, con la angustia, con el coraje, con la impotencia, con el conflicto interno que deja la pérdida, la muerte, el caos, la desesperanza, el concepto de resiliencia no alcanza para dar cuenta de éstos rincones humanos, pues lo humano, no regresa a su estado original igual que lo hace un tornillo o un clavo después de dilatarse.