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Denise Dresser escribe: “Mara”… Alejandro Hope: ¿Por qué fue asesinada Mara Castilla?

“Mara”

Por Denise Dresser – Septiembre 18 de 2017.

Mara. No te conocí pero sí te conocí. La sonrisa abierta, luminosa, franca. Parada en una pose entre divertida y desafiante, mandándole un mensaje al mundo: “aquí estoy, pertenezco”. Vi tu fotografía y pensé en que te parecías a mi hija, y en esos días en los que no sabíamos dónde estabas, te volviste mía. Te adopté y todas las mañanas revisaba la prensa y las redes sociales para saber algo de tu paradero. Incluso yo, la agnóstica, la que desprecia a la iglesia como institución, le recé a todos los dioses para que te encontraran, para que te encontráramos. Me imaginaba a tu madre, atrapada entre la angustia y la incertidumbre y un pellejo de esperanza. Lo mismo que yo sentiría si mi niña desapareciera viva y reapareciera muerta, envuelta en una sábana. Tu madre, condenada a respirar hacia adentro y hacia afuera sin desearlo ya, porque no estás. Pienso en ella y quiero gritar y gemir y ser yo la que está en ese pedazo de tela blanca ensangrentada y esconderme de la vida y de los vivos porque me da pena mi país. Porque te fallamos, Mara Castilla.

Te fallaron la sociología, la historia, la cultura de México. Te fallaron las instituciones, el sexismo, el machismo, la misoginia, las políticas de Cabify. Todo eso cayó, violentamente, sobre tu cuerpo. Te matamos, entre todos, por acción u omisión o sinrazón o indolencia. Esta sociedad -como escribe Sabina Berman- “moralmente confundida” que todavía discute si el odio contra las mujeres es permisible. Esta sociedad ignorante que te culpa por tener la falda demasiado arriba, el escote demasiado abajo. Esta sociedad aberrante que te critica por ir a un bar y divertirte y bailar y vivir, como tantas noches lo habrá hecho mi hija, educada para ser persona y no recipiente u objeto. Educada para ser Vikinga, dueña de sí misma como lo eras tú, hasta que te topaste con la realidad de ser mujer en México.

Súbete a un taxi y tu cuerpo puede ser destruido. Ve a un bar con amigos y tu cuerpo puede ser destruido. Baila con desconocidos y tu cuerpo puede ser destruido. Ser mujer en México es estar desnuda ante los elementos. Vivir con miedo permanente ante la posibilidad del puño alzado, el cuchillo punzante, la mano que estrangula, el pene que viola. La desnudez perenne porque la ley no te protege, los jueces no te creen, la sociedad no te arropa. El sistema vuelve a tu cuerpo algo que se puede romper.

Entiendo eso y porque lo entiendo, cargo con una tristeza inmóvil, inenarrable. Estoy triste por tu familia, por la familia de tantas, por México, pero sobre todo en este momento estoy triste por ti. Por las Ciencias Políticas que no estudiarás, los libros que no leerás, las ideas que no discutirás, los besos que no compartirás, la hija que no mirarás, embelesada, como tu madre te miró a ti, como yo miro aún a la mía. Estoy triste porque ante tu historia -singular y a la vez arquetípica- percibo una injusticia cósmica, una crueldad profunda, un deseo de romper cadenas y escapar corriendo, contigo, para salvarte, para salvarnos.

Pero no sé exactamente dónde se halla la salvación porque llevamos años marchando, denunciando, reclamando al gobierno para que cumpla con su obligación fundacional de protegernos. Y no pasa nada. Siguen matándote, matándome, matándonos. Mientras hombres que golpean a mujeres pasean por los pasillos del poder y se lo reparten. Y lo poco que nos queda es hacer videos con consejos para cuidarnos ya que otros no lo hacen. Buscar formas de lidiar con la mutilación casual, los huesos rotos, la sábana ensangrentada, lo que le pasa a un cuerpo cuando intenta escapar.

Pero esto sí te prometo, Mara. Mara bonita, Mara, mexicana, Mara mía y de todos. Me haré y nos haremos responsables de los hombres ignominiosos detrás de tu muerte; los hombres que siempre encontrarán una excusa detrás de tus movimientos libres para inculparte. Cada día será uno de lucha para que seamos, todas, ciudadanas completas en este terrible y maravilloso país. Y ojalá estés en algún paraíso, en alguna biblioteca. Ojalá te topes con mi padre y mi hermana y los 43 y los 30,000 que nos faltan. Hasta allá te mando estas líneas de Harriet Tubman: “Si estas cansada, sigue adelante. Si tienes miedo, sigue adelante. Si tienes hambre, sigue adelante. Si quieres probar la libertad, sigue adelante”. Seguiremos adelante, Mara. Por ti, para ti, por nosotras y por las hijas que vendrán.”

¿Por qué fue asesinada Mara Castilla?

Alejandro Hope / Especialista y Aanalista sobre Seguridad / Ciudad de México.

Mara fue asesinada porque nadie en México le teme a la ley. Un hombre la arrastró contra su voluntad a un cuarto de motel, la violó, la estranguló y la arrojó en un paraje perdido, a sabiendas de que cada uno de sus pasos podía ser seguido y monitoreado a distancia. Lo hizo a pesar de que era evidente de que sería el primer sospechoso de su desaparición. Lo hizo porque, de seguro, confió que nadie haría nada. Lo hizo porque la impunidad es casi universal y supuso que su caso no sería la excepción.

Mara fue asesinada porque una empresa decidió privilegiar el crecimiento de sus ventas sobre la integridad de sus clientes, porque no estableció filtros adecuados para evitar que se colaran psicópatas entre sus filas, porque no hizo lo suficiente para cumplir su promesa de ser una alternativa segura de transporte.

Mara fue asesinada porque a las autoridades les importan tan poco los feminicidios que ni siquiera los cuentan adecuadamente. No existe en ninguna base de datos oficial un registro del número de casos de mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres. Hay algunas estimaciones: en un artículo publicado en 2014, José Merino, Jessica Zarkin y Joel Ávila llegaron a una cifra estimada de 4,306 feminicidios durante el periodo 2006-2012. Ésa es tal vez la mejor aproximación existente sobre el tamaño del problema. Pero, como reconocen los autores, es apenas una estimación que bien puede estar muy por debajo de la realidad. No lo sabemos con precisión. Y no lo sabemos porque ninguna autoridad cuenta los casos.

Mara fue asesinada porque hemos construido un país estructuralmente inseguro para las mujeres, porque permitimos que, de acuerdo con datos de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED), no menos de 332 mil niñas y mujeres, habitantes de zonas urbanas y con edades que van de los 12 a los 29 años, sean víctimas de acoso todos los años (Nota: gracias a José Merino y Alexis Cherem por el dato).

Mara fue asesinada porque en México se toleran y hasta celebran las miles de formas de violencia que enfrentan las mujeres, porque no nos mueve a la acción saber que, de acuerdo con datos del Inegi, dos terceras partes de las mexicanas han sido víctimas de algún tipo de violencia en algún momento de su vida.

Mara fue asesinada porque la violencia contra las mujeres está invisibilizada. Nueve de cada diez casos de violencia sexual contra mujeres no se reportan a las autoridades. Y no se reportan por razones más que comprensibles: para una mujer, denunciar es ser victimizada de nueva cuenta, obligada a vivir de nuevo la pesadilla, sometida a la sugerencia, cuando no la acusación abierta, de que la agresión fue por su culpa, por lo que vestía, hacía o ingería.

Mara fue asesinada porque la violencia contra las mujeres rara vez recibe castigo. En 2015, en todo el Sistema Penitenciario Nacional, había exactamente 542 reos por el delito de feminicidio y, de ese total, sólo 201 habían recibido sentencia.

Mara fue asesinada porque no hicimos nada o no hicimos lo suficiente en los muchos casos previos, porque no nos movilizamos como debíamos tras la muerte de Valeria, la niña de 11 años violada y asesinada en Neza o el homicidio de Lesvy Osorio en la UNAM o los muchos asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez desde hace dos décadas.

Mara fue asesinada porque fallamos como sociedad, por nuestra indolencia, por no exigir que de una vez por todas cambien las cosas, cambie el aparato de justicia, cambie la policía, cambie México.

Mara fue asesinada porque este país es una desgracia y tiene ya que dejar de serlo.