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La dignificación de la labor como primer paso para una economía basada en el conocimiento

En al menos las últimas 4 décadas de la historia de la humanidad, diversos investigadores relevantes en la ciencia administrativa (Peter Drucker, Douglas McGregor, Bruce Henderson, Michael Porter, Tom Peters, Clayton Christensen, entre otros) se han pronunciado sobre la importancia de contar con un respaldo teórico al momento de realizar alguna actividad. Algunos de ellos predijeron el cambio de orientación del trabajador manual al trabajador del conocimiento ya que las tendencias del desarrollo industrial daban señales de que la competencia sería más dura y cerrada cada vez.

Los sistemas académicos y productivos han sido afectados por esta visión y han evolucionado con el tiempo sumando cada vez nuevos procesos que tienen como objetivo tener más claridad y control con lo que sucede dentro de las organizaciones. Aun así, a pesar de lo anterior, todavía una gran parte de la población mexicana no puede acceder a estudios universitarios siendo que sólo 3 de cada 10 mexicanos en edad de acudir a la universidad tiene la oportunidad de hacerlo, de acuerdo con datos publicados por la organización México Social.

Aún a pesar de lo anterior, quienes tuvimos la fortuna de terminar una licenciatura o concluir un posgrado (aproximadamente el 2% de la población, según CONACYT), aún tenemos que lidiar con el hecho de que en ocasiones la cultura mexicana tiende a menospreciar el conocimiento especializado adquirido en las aulas. Considero que esta situación tiene dos vertientes principales, la primera de ellas tiene su base en la tasa de desempleo real que actualmente atraviesa nuestro País que provoca que el exceso de oferta reduzca la calidad de los empleos disponibles y por ende, de los salarios. La segunda situación a considerar es netamente cultural, creo que algunas personas estiman que pueden realizar cualquier actividad profesional a pesar de carecer de las herramientas, conocimiento o experiencia y por ello se rehúsan a pagar los honorarios de quién ha dedicado años preparándose para ayudar o atender situaciones específicas.

En mi opinión, cualquiera de las dos opciones contempladas en el párrafo anterior son consecuencia de profesionistas permisivos que hemos aceptado que clientes o empresarios capitalistas, voraces y carentes de sentido de valoración del esfuerzo y conocimiento ajeno dictaminen la remuneración que debemos obtener por nuestro trabajo.

Sobre el tema puedo compartir que lo he vivido de manera cercana en cada momento de mi desarrollo profesional y, aunque quizá sea difícil de creer, la última ocasión fue esta semana cuando una persona dueña de una boutique se acercó para contarme que su negocio se encuentra en el proceso de cerrar las puertas debido a una mala administración sumada a la nula promoción del mismo. Tras estructurar una propuesta que integraba la atención a sus necesidades específicas (mercadotecnia y estructura de costos), le presenté la misma y tras gustarle las ideas contenidas, termino por aceptarla.

La historia se complicó cuando al día siguiente de lo recién contado, recibí una llamada del esposo de la propietaria quién me pedía dos cosas principalmente:

  1. Que redujera el precio de mi servicio porque él no consideraba que lo que yo fuera a realizar debiera cobrarse como yo lo estaba solicitando.
  2. Que le entregara una garantía total de éxito del proyecto ya que –en sus palabras- no valía la pena entregar dinero si no se iba a tener una venta increíble de sus prendas.

En respuesta a lo cuestionado argumenté que ninguna de las dos cosas solicitadas era posible y que consideraba que él y su esposa debían platicar el tema y entonces acercarse de nueva cuenta a mi oficina para saber si requerían el servicio. Como quizá usted supone estimado lector, la llamada para solicitar mis servicios nunca llegó. Un par de días después me enteró por redes sociales que estas personas ahora intentan realizar algunas partes que se incluían en mi propuesta de trabajo.

Sobre el tema reflexiono cuántas ocasiones pretendemos realizar labores sobre las que no tenemos conocimiento alguno, ¿será que es un tema que forma parte de nuestra cultura? Aun si lo anterior es cierto, es momento de cambiar nuestra visión de las cosas y dejar de permitir que clientes ventajosos determinen el precio de nuestros servicios o productos. Elevemos la cultura de la profesionalización y valuación de las actividades complejas que cada uno de nosotros desempeñamos.

Considero que solamente a través de esta manera podremos ir apuntalando un cambio social que nos lleve de ser un País manufacturero a una Nación, tal como lo realizó Chile, Nueva Zelanda o el País Vasco, de acuerdo a lo señalado por Alejandro Ruelas Gossi (investigador de la escuela de negocios de la Universidad de Miami y escritor para la Harvard Business Review). En fin estimado lector, en este tema el cambio realmente está en mis manos y las suyas.
Como siempre, le deseo que tenga éxito en las diversas actividades que realiza y reitero mi disposición para conversar de éste y otros temas con usted.

@asesorjd
contacto@asesorjuliodelgadillo.net

1 Comment on La dignificación de la labor como primer paso para una economía basada en el conocimiento

  1. Pero como puedes decir que el cambio esta en nuestras manos, yo radico en San Luis Potosí, y la idiosincrasia de aquí, es: “Y Cuanto es lo menos?, ya con ganas de hacer trato”, siempre en todo negocio te preguntan lo mismo, a mi personalmente me molesta esta frase, como si no estuviera calculado correctamente lo que se esta cobrando por un producto o un servicio y me pongo difícil o de plano soy cortante y no cedo, aunque muchos clientes se vayan, pero eso no cambiara a la cultura que aquí hay, y si quisiera ponerme de acuerdo con todos los comerciantes, no se puede porque ellos mismos hacen eso con sus proveedores, y así se va la cadenita.

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