2024, Por una nueva Constitución

En el Acta de Independencia del Imperio Mexicano promulgada por la Junta Soberana el 28 de septiembre de 1821, puede leerse que, el “Autor de la Naturaleza”, -al parecer refiriéndose a Dios-, reconoce derechos innegables y sagrados a la culta Nación Mexicana, como el de que, en libertad se constituya del modo que más convenga a su felicidad. A este reconocimiento expreso le sigue la mención de que, ese “modo más conveniente” se establezca mediante representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios. Es aquí cuando podemos ubicar cuando menos documentalmente, el inicio de un conflicto que aún subsiste luego de poco más de dos siglos, respecto a encontrar ese “modo más conveniente de constituirse”, es decir, esa forma de gobierno que nos conduzca o al menos nos aproxime a la felicidad, considerando que, desde entonces a la fecha, el “Autor de la Naturaleza”, ha sido incapaz de mostrar con total claridad a través de esos representantes, cuáles fueron sus designios. De modo que, las interpretaciones de los deseos divinos nos han llevado a  escenarios donde por ejemplo, el 22 de junio de 1822 el Soberano Congreso Mexicano Constituyente decretó la Monarquía como forma de gobierno, una monarquía moderada, constitucional y hereditaria, asumiendo el trono Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, (Agustín I), quien juró a las y los mexicanos de aquel siglo que, si no hacía la felicidad del Septentrión cesaría su Imperio, lo cual aconteció menos de un año después.   Así, luego del efímero tránsito por un fugaz Imperio que nació muerto, la discusión de una emergente clase política mexicana se centró en tomar la gran decisión entre dos alternativas presentes en la innegable influencia de nuestro siempre presente vecino del norte, ¿Federación o Confederación?, o planteado de otra manera, ¿es la soberanía única e indivisible?, o bien ¿puede una parte de ésta entregarse a Estados a su vez soberanos?; lo que al final ocurrió en 1824 fue el surgimiento de un modelo híbrido, con matices mixtos, un Federalismo muy, pero muy mexicano, el que por cierto, tampoco ha logrado alcanzar el cometido de la felicidad popular. El 4 de octubre conmemoramos que en 1824 se promulgó la primera Constitución del México independiente, se dio así el primer gran paso hacia la construcción de la Nación, la adopción del modelo republicano, representativo, popular y federal, previsto en esa emblemática Carta Magna del siglo XIX, representa hasta hoy un auténtico Pacto Federal que nos ha permitido transitar como país durante doscientos años y que, a partir de aquellos integrantes originales (19 diecinueve Estados y cuatro Territorios), se conformaron los Estados Unidos Mexicanos. Uno de los autores intelectuales que hicieron posible este trato político, lo fue Don José Miguel Rafael Nepomuceno Ramos de Arreola y Arizpe, un clérigo de pensamiento liberal que llevó sus valiosas ideas ante las Cortes de Cádiz, donde contribuyó a la promulgación en 1812 de aquella Constitución, su activismo por el ideario liberal como abogado y filósofo lo acompañaría el resto de su vida, siendo Ramos Arizpe una figura esencial en la defensa del modelo federalista adoptado en 1824, por lo que para muchos juristas y estudiosos de la política nacional se le atribuye la paternidad del Federalismo mexicano. Sin embargo, aquel modelo federal instaurado y defendido por Ramos Arizpe en la segunda década del siglo XIX, pensado para y desde aquella realidad, nos obliga a la necesaria reflexión respecto a su vigencia y eficacia, asumiendo como reales los retos de un federalismo del siglo XXI, en una nación con una población total de más de 130 millones de habitantes de los cuales aproximadamente 10.9 millones viven en pobreza extrema, lo cual nos coloca lejos, muy lejos de la noble aspiración primigenia de la felicidad. Repensar el Federalismo implica reconocer no sólo que han muerto absolutamente todas las personas beneficiarias o no de aquel primer Pacto Federal cerrado hace doscientos años, que si bien es cierto ese Pacto fue renovado en su última gran adecuación ocurrida en 1917, también lo es que, ese México ya tampoco existe, así que, podríamos ir pensando con seriedad en la coyontura que acontecerá en 2024, ¿y si nos damos una nueva Constitución?. Piénselo. Excelente lunes. Los sigo leyendo en este correo: jorgeandres7826@hotmail.com.

@JorgeAndresSL

JORGE ANDRÉS LÓPEZ ESPINOSA / Mano Izquierda / San Luis Potosí, SLP / Octubre 13 de 2022