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Las desgracias nos acechan

jaime-chalita

Nunca tendrás un impacto en la sociedad, si no cambias tu primero: Nelson Mandela.

La desgracias nos acechan, los resultados tan dolorosos son el producto del deducido y generalmente el olvido de nuestros hogares, de nuestras familias, ante el embate del vertiginoso tiempo que vivimos.

Entre mucho se va perdiendo la capacidad de asombro, pero también, el sentimiento de indignación, posiblemente como el efecto buscado en forma inconsciente, para formar una caparazón de inmunidad que proteja la individualidad del sufrimiento cuando de perder la vida, en seres queridos, se trata.

La semana pasada nos marca en el límite de la violencia con hechos difíciles de imaginar pero que, parece que van siendo los signos de los tiempos y, se materializan provocando la descomposición aguda de la sociedad y en ello vamos todos quienes habitamos en este, aún, bello país.

El pasado 5 de mayo, fiesta para muchos, una familia humilde, en silencio, sufría el dolor de dar sepultura a su hijo menor de dos años. Asaltados que fueron en la auto pista de México – Puebla, con injurias físicas, a la madre y a su menor hija, matan de un tiro a esta criatura de tan solo dos años, quitándoles su pertenecías, sí, pero también marcándolos para siempre con el dolor y el sentimiento, posible, la venganza.

Las vidas se pierden; todos algún día llegaremos a ello pero, no como a estas personas les ha sucedido en forma por demás desalmada y, al llegar a ello, todas son iguales y el valor de cada una es el mismo, para quienes la apreciamos, es invaluable.

Así, el día 3 de mayo, día de la Santa Cruz, también de festejo, el Ejército Mexicano se enfrenta a presuntos delincuentes, con posible responsabilidad, también, por el delito de extraer ilegalmente gasolina de los ductos federales. El resultado fue trágico, 4 militares y seis civiles muertos. Afortunadamente nada pasó contra las mujeres y niños que iban al frente, presidiendo al inicio de las hostilidades. Igual, vidas que dejan familias con el dolor de la ausencia física, agravado por el enfrentamiento entre mexicanos.

Una tragedia trae a otra. El pasado viernes en la madrugada un joven, mata a otro. Ellos, los dos podrían ser quienes triunfaran en sus vidas, pues todo estaba dado para ellos. La promesa de vida se mal logra y, de ello se arrastra a otra desgracia, un matrimonio y su piloto, mueren en el intento de llegar a San Luis Potosí, para asistir en esta degrada, causando se otra, estrellan su avioneta, por causas que desconozco, también, dejando más dolor a cinco familias más: las dos de los jóvenes, el del agresor y, el de la víctima; las dos familias del matrimonio y la familia del piloto, todo en cuestión de horas.

Como estas degradáis, cuando suceden nos consternamos algún tiempo y, luego nos entregamos a la vida cotidiana, llena de prisas y pendientes de nuestros quehaceres y, desde luego, nos vamos olvidando de lo que nos causa dolor. Pareciera que la ciencia y la tecnología, nos deshumanizan. Se crean charlas cibernéticas y con ello despersonalizadas. Una sociedad diferente y robótica, nos devora dejándonos en la individualidad y preocupados solo por ello.

De verdad siento no equivocarme y me disculpo por hablar en primera persona, si y solo si, la sociedad no cabía desde la familia y con el ejemplo, más sufrimiento tendremos y con ello vendrá la ley del más fuerte y, o, del armarse para tratar de no morir.

No sólo el Estado ha fallado, también la sociedad y, de ello todos somos responsables. La sociedad se pierde en el anonimato y, ahí nos escudamos o, caemos en lo cómodo de repartir responsabilidades, especialmente cuando por intereses se politizan los temas, hoy, tenemos y debemos cambiar y si, recuperar desde la familia, lo valores que tanto predicamos.

jaimechalita@yahoo.com

@jaimechalita

JAIME CHALITA / Reflexiones / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 8 de 2017.