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Procrastinar

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Era la primera vez que escuchaba sus opiniones políticas y, bueno, me sorprendió que me escribiera “El gobernador… es uno de los peores de la historia del estado, superado sólo por su antecesor”. No coincido con este amigo, por supuesto.

En el artículo de la semana pasada había yo comentado en torno al deterioro de la imagen de los gobernadores a lo largo del país, y le contesté que me refería a algunos notoriamente corruptos que afectan a todos. Igual, que cada observador podrá tener su dictamen local sobre ‘el peor de la historia’… pues éste se suele escoger entre los actuales y más recientes que, para bien o para mal, aún están frescos para quienes ven y evalúan en lo personal los efectos de sus acciones e inacciones.

Y, sí, en todo esto resaltan las filias y fobias nuevas o anteriores, incluidas las simpatías y antipatías que se derivan de beneficios o aparentes perjuicios para quien opina; o sea, según le vaya en la feria. Pero, fíjense, hay muchas cosas que olvidan cuando critican a un gobernante por no actuar ni transformar la realidad: las desidias burocráticas de siempre, los inevitables compromisos políticos, los intereses lógicos y enraizados, la vieja cultura de la impunidad, la pérdida de valores a lo largo de décadas, las eternas limitaciones para integrar equipos eficaces en el sector público,…

Esto último se ve también en el poder Legislativo, al tiempo que la falta de contrapesos limita las posibilidades de frenar excesos y gobernar mejor… todo ello en un país que no ha sido propicio para el combate a la corrupción. Ni en el gobierno federal ni en la mayoría de las gubernaturas se aprecia un convencimiento de que tienen que actuar con determinación personal y con apoyo de los congresos, lo que impide convencer a la gente y demostrar voluntad de abatir la impunidad.

Nada ayudan tampoco los cuates que se dedican a elogiar y avalar en todo a los gobernantes, para ver qué les sacan. Resulta curioso que, en estos temas críticos, a quienes siguen la corriente se les oye repetir que hay que “erradicar ese flagelo”, pero para ellos sólo es lo políticamente correcto… lo que conviene decir aunque el daño continúe.

En fin, sobre los gobernadores y la corrupción, otro lector y una lectora coincidieron en preguntarme: ¿Por qué lo hacen? Mi contestación fue: Suele haber muchas razones generales o específicas, si bien creo que lo medular es que el poder genera soberbia y, a su vez, ésta produce ceguera e irresponsabilidad.

Entre las razones peculiares, se observan casos estatales que vienen de siempre y parecen ir hacia el infinito como los regalos de casas en el EdoMex y los compromisos con el narcotráfico en Tamaulipas. De este último incluso, surgen operadores y ramales de lavado de dinero en elecciones de San Luis Potosí, con el gobernador Eugenio Hernández y el candidato Fernando Toranzo.

Claro, un gobernante tiene que escuchar, Pero, ojo, sin tomar en serio tantos elogios o aplausos y, eso sí, con mayor atención a ciertas críticas o sugerencias. Digo, si quiere que no le vaya peor.

Bueno, lo que más interesa aquí es que no sólo perdemos tiempo al evadir o simular las necesarias medidas anticorrupción, sino también eludimos y posponemos lo importante para sustituirlo con actividades menos relevantes, lo cual viene a ser sumamente costoso por la presión y el agravamiento de una corrupción desatada y asfixiante. A diferencia del síndrome que afecta a individuos, en este caso procrastinar significa diferir o retrasar algo que se considera complicado y que, además, no ofrece garantías de éxito.

Las procrastinaciones suelen generar todo tipo de excusas para no tomar ahora decisiones duras y concretas, tal vez esperando que las broncas se resuelvan por sí solas ante una conducta evasiva. Dejar las cosas para mañana por miedo al fracaso, de hecho, lleva a que el propio fracaso se vuelva aún más probable.

Esto lo debe percibir ya Enrique Peña Nieto en dramas que, como la corrupción, han acabado por afectar todo. Sin embargo, oigan, con visión y liderazgo algunos estados podrán evitar esos extremos… según se empieza a ver en entidades como Sonora, Veracruz o Nuevo León.

De cara a la vorágine de corrupción e impunidad, van a ser reveladores los cercanos nombramientos de magistrados de justicia administrativa y fiscales especiales o generales. Aunque no se podrá cambiar el mundo por estas vías, hay viejas tendencias que se tienen que ir modificando.

Miren, si EPN no escuchó en su momento o prefirió no entender en función de sus circunstancias… a otros les quedará salvar lo que esté a su alcance. Dependerá de los gobernadores y legisladores, al igual que de las exigencias y los apoyos de los ciudadanos.

Creo que no tendría que hundirse el país por un presidente fallido y un partido que se atuvo a que casi todo estaba resuelto con su regreso al poder. Es un aviso para los demás.

 

  • FRANCIA, VENEZUELA O EL Estado de México vienen a ser diferentes ejemplos de cómo se complican las cosas. En el primer caso están más claras las alternativas, pero después del Brexit y Trump nadie se podrá confiar frente a la amenaza de la extrema derecha. En el segundo, el populismo inepto y autoritario se aferra al poder que le dejaron. En el tercero, el PRI “no puede perder” pero, si es a fuerza, “tampoco debe ganar”… Con ambas opciones le podrá ir pésimo.

 

  • TRUMP NOS CONFIRMA UN perfil cobarde y mentiroso al referirse a su arranque de 100 días (considerado por muchos el peor y más caótico de la historia de Estados Unidos): “Vamos muy bien… Es el mejor inicio de un gobierno”, aseguró. Pero, fuera de sus incondicionales, el consenso es que van muy mal y se trata del peor arranque allá.

Se reitera chafo, falso e ignorante, ya sea en sus necedades y cambios de opinión, o en sus evasiones y negaciones. Ahora sí, a diferencia de hace meses, creo que de una u otra forma no va a terminar su período de gobierno ante la perspectiva de un desastre mayor que sería demasiado costoso.

¿Saben qué? Al igual que Fox o Berlusconi, sin un manual de la función pública el pobre diablo se está enterando de la complejidad de gobernar… “pensaba que era más fácil”, confiesa.

CARLOS PÉREZ GARCÍA / Opinión / Ciudad de México / Mayo 6 de 2017.